Cuando Papá decide no estar

*Por Ana Parlapiano

Me llamo Ana, tengo 31 años, vivo en la provincia de Buenos Aires, soy maestra jardinera y mamá soltera. Desde entonces mi vida es caóticamente hermosa. Mi pequeño tiene 4 años y se llama Falu.
En mis tiempos libres amo bailar salsa, tocar la guitarra, escribir, leer y trabajar con mi blog de viajes.

Les quiero contar un poco mi historia. Les puede servir a muchas mamás que, como yo, se pusieron la responsabilidad al hombro y enfrentan solas cada día el desafío de la maternidad. A ellas quiero transmitirles este mensaje que ojalá pueda motivarlas a seguir adelante en medio del caos y la complejidad de la crianza, incluso cuando el papá no las acompañe. Esta es mi historia…

UN AMOR A TODO COLOR

En uno de mis viajes a la ciudad de Mar del Plata, mientras visitaba a una amiga, conocí al papá de mi hijo, un senegalés que llevaba alrededor de un año viviendo en el país. En los primeros meses se dedicó a la venta ambulante, caminando con sus relojes y cadenitas desde la Popular hasta Playa Grande mientras hacia un enorme esfuerzo por aprender a hablar español. Tiempo después consiguió atender el puesto de un amigo suyo hasta que finalmente logró tener su espacio propio en uno de los shoppings más reconocidos de la ciudad.

En Dakar había dejado un hijo, seis hermanos, padre, madre y al resto de su familia con quienes mantenía un contacto muy estrecho, a la distancia. Amaba las historias que me contaba, sus vivencias, su forma de vida, sus sueños, la nostalgia y el amor que sentía por su tierra cuando la recordaba.

Nuestras charlas eran muy profundas a pesar de los problemas que enfrentábamos con el idioma. El habla francés, que es el idioma oficial de su país, Wolof su lengua materna y también español, aunque muchas veces entendernos fue todo una hazaña.

Tuvimos que aprender a respetar nuestras diferencias culturales y religiosas más allá de los prejuicios; él musulmán y yo cristiana, por lo que había un abismo entre nosotros pero esas son cosas que los corazones enamorados no pueden ver.

A su lado, me sentía feliz y segura. Admiraba su fortaleza, tal vez eso fue lo que me atrajo de él y sin jamás haberlo imaginado, nos sumergimos en una historia de amor que aunque haya sido breve fue muy intensa.

LA NOTICIA QUE NOS CAMBIÓ LA VIDA

Al poco tiempo quedé embarazada y ya teníamos pensado el nombre del bebé pero no teníamos decidido dónde íbamos a vivir. Tras varias idas y vueltas, acordamos que esperaríamos el nacimiento para luego casarnos y convivir en familia.

Uno de los momentos más especiales que recuerdo fue un día que caminamos juntos por las playas del torreón y allí decidimos contarles la noticia a nuestros amigos con un corazón que él dibujó en la arena.

Soñé mucho con ese momento tan especial, con mis casi 28 años iba a ser mamá por primera vez y tenía muchas ilusiones con lo que estaba viviendo.

EL CHOQUE CULTURAL

La frase “Todo puede cambiar de la noche a la mañana” nunca fue literal. De pronto me sentí como en el cuento de la Cenicienta, cuando sonaron las campanadas de las doce y toda la magia acabó; la carroza de cristal se estaba convirtiendo en una calabaza.

Así me sentí una noche, con casi cinco meses de embarazo cuando me enteré que el hombre con el que esperaba un hijo era casado. En el islam está permitida la poligamia y es una práctica muy común, el primer matrimonio suele estar arreglado por los padres y es utilizado como alianza entre dos familias por cuestiones culturales.

Su primera esposa era la madre de su otro hijo y, aunque estaba en Senegal, no tenían planes de divorciarse. Para él todo eso era muy normal. Traté de entenderlo, hablamos mucho y lloré porque me di cuenta que ese era el final de nuestra relación: yo no podía aceptar ser la segunda esposa de un musulmán, aunque ella estuviera en otro país.

De pronto fui consciente de que no tenemos asegurado el futuro y que nadie tiene comprada la felicidad al lado de nadie. Que a veces ni siquiera la llegada de un hijo puede cambiar el destino.

Acariciaba mi panza y le pedía perdón a mi bebé porque todavía no había nacido y ya no le podía garantizar una familia como él se merecía. Me sentía decepcionada y allí se desmoronaban mis sueños.

“Ser mamá soltera jamás fue mi elección”. Admiro mucho a quienes lo eligen y se sienten capaces para enfrentarlo, pero ese no era mi caso. Me sentía fatal. El me prometió hasta el cansancio que jamás abandonaría a nuestro hijo, independientemente de los caminos que tomara nuestra relación. Si bien nuestra relación aún agonizaba, luchaba contra el viento para cambiar mi realidad y tenía ilusiones de que algo pasara.

MOMENTOS DIFÍCILES

Una mañana estaba en un control de rutina cuando algo salió mal en la eco. Al parecer había un problema en el cerebro del bebé. Recibí un posible diagnóstico que solo podrían confirmar cuando naciera. Mi corazón se paralizó en ese momento, no me lo esperaba.

Estaba llena de miedo y de angustia pero no podía rendirme. Yo no sé en esos momentos de donde saqué valor pero no niego que en mi desesperación busque a Dios, le pedí su ayuda, su calma, su paz. Imploré como nunca esperando un milagro. Y transité ese último mes con ilusiones y esperanzas y me dispuse a disfrutar como nunca del tiempo que nos quedaba siendo uno con mi bebé.

Desde el principio sentía que iba a ser un varón, nunca lo dudé. Pero moría de ganas por saber cómo sería su carita, su color de piel, sus ojos… Sentía sus pataditas, escuchaba su corazón latir, lo acariciaba, le hablaba y le decía cuanto lo amaba y lo esperaba, esa fue la experiencia más sublime.

Le compré mucha ropita, preparé el cuarto, hice el curso de preparto, armé el bolso, me aseguré de que no le faltara nada y me dispuse a darle la bienvenida como él se merecía. Mi mamá había sido mi compañía y mi apoyo en todo ese proceso.

CONOCER AL PRÍNCIPE DE MIS SUEÑOS

Después de cuarenta semanas y un día, el sábado 13 de febrero de 2016 el sol salió para mi, llegó a mi vida mi leoncito Falu. Vino a llenarme de amor y rebalsó mi corazón de felicidad. Esa tarde sonreí como nunca.

No importaron las diez horas de trabajo de parto ni los dolores de la cesárea. Cuando lo tuve en mis brazos desaparecieron todos mis miedos, mi soledad y las ganas de llorar. Solo sentí paz.
Y ocurrió el milagro, gracias a Dios todos los estudios salieron perfectos y mi gordito estaba totalmente sano. Ya nada podía opacar esa felicidad, aunque sabía que empezaba a transitar un camino difícil y desconocido.

Su papá vino a conocerlo días después, él estaba feliz porque era un varoncito y se notaba el orgullo que sentía en su mirada; lo alzó y le dio el nombre como acostumbran en su cultura.
Luego de muchos encuentros y desencuentros decidió irse y cortar el vínculo con su hijo. Desde entonces no supimos más de él.

Yo no lo juzgo por su decisión, la respeté desde el primer momento y entendí que hay personas que no están destinadas a permanecer en nuestras vidas. Reconozco que esa fue la prueba más difícil pero que me embarcó en el mejor viaje de mi vida…

“Enfrentar la maternidad sola fue un desafío para el que no estaba preparada”. Criar sola no es tarea fácil pero gracias a Dios y al apoyo de mi familia logré recuperarme, pude volver a mi trabajo, cumplir el sueño de tener mí casa propia y superar los altibajos y las dificultades de cada día. A medida que mi pequeño fue dando sus primeros pasos me di cuenta de que todo esto valió la pena.

UNA FAMILIA DE DOS

Hay días que cuesta levantarse, hay días que los recuerdos vuelven, hay días en que me pregunto si lo estaré haciendo bien. Pero basta mirarlo mientras juega o verlo dormir y aparecen las respuestas a todas mis preguntas.

Falu es un nene increíble, es muy inteligente, espontáneo, tiene una gran imaginación y es súper amoroso. Es un ser especial, el me observa, me escucha, se da cuenta cuando me pasa algo y siempre intenta hacerme reír. Estoy orgullosa de lo que es.

Ezequiel es su segundo nombre, heredó los rulos afro, tiene la piel morena, los ojos color café y no niego que muchas veces lo veo a su padre en su mirada. Le encanta hablar y se ríe a las carcajadas cuando algo le causa gracia. Es increíble la fortaleza que tiene, tal vez eso lo heredó de los dos.

Con sus cuatro añitos tiene un carácter bastante fuerte y un temperamento dominante por eso lo llamo cariñosamente “mi leoncito”. Concurre al jardín donde yo trabajo y tengo la dicha de poder acompañar su proceso desde adentro y disfrutarlo.

CONSTRUYENDO SU IDENTIDAD

Desde chiquito vio fotos, sabe que su papá es negro y que vive lejos. Hasta el momento no lo recuerda ni pregunta mucho más, pero a medida que aparezcan las dudas estoy dispuesta a ayudarlo y acompañarlo en el armado de su propio árbol genealógico.

Quisiera que viva sin complejos y que lleve con mucho orgullo su identidad, sus raíces, su historia. Deseo que siga así de soñador, cariñoso y compañero, con esa fuerza, esa inocencia y esa actitud con la que se enfrenta al mundo.

¿Qué pasará en el futuro? No lo sé. Si volverá a ver a su papá, no lo sé. Si recuperaran el vínculo, tampoco lo sé. Dios se encargará de poner cada cosa en su lugar, por ahora disfrutamos de esta pequeña pero sólida familia de dos.

MAMÁS SOLTERAS:

A todas las mujeres que, de diferentes maneras están atravesando solas un embarazo, la maternidad y la crianza les quiero pedir que no bajen los brazos, que no se queden en el dolor. Que no esperen más de un hombre que no quiso o no pudo ser padre.

Es cierto que al principio se ve muy oscuro pero les aseguro que hay luz al final del camino, confíen y aférrense a sus familias, pidan toda la ayuda que necesiten. Dejen que las cosas fluyan y se acomoden.

Hay personas a las que hay que aprender a soltar y dejar ir y entender que no existen las familias incompletas o demasiadas pequeñas, simplemente son diferentes. “El rol del padre es irremplazable, pero no imprescindible” A veces la culpa que sentimos hace que vivamos la maternidad como si fuera un castigo por haber elegido mal o por haber confiado en el hombre equivocado.

Tener un hijo es una bendición sin importar las circunstancias en las que haya llegado. Necesitamos aprender a perdonarnos por ser tan exigentes con nosotras mismas y disfrutar de la maternidad que es un don de Dios.

Propongámonos ser un ejemplo para que nuestros hijos encuentren en nosotras un modelo a seguir, para que el día de mañana, cuando sean padres y madres entiendan todo lo que hoy con palabras no les podemos explicar. Nuestros hijos merecen tener madres enteras, fuertes y felices y nosotras también nos lo merecemos. ¡¡Muchas fuerzas y ánimo a todas!!

Facebook: Ani Parla
Correo electrónico: aniparla21@gmail.com
Sitio web: www.turismoyhospitalidad.com

¿Somos mamá y papá a la vez?

img_6516Cuando Vale me invitó a esta colaboración enseguida lo tomé como un desafío. ¿Qué tengo para decir sobre la maternidad «soltera»? ¿Qué podemos decir o pensar desde la Psicología, desde el Psicoanálisis, sobre las mujeres que -a favor o en contra de su voluntad- se encuentran con un hijo al que se ven en la necesidad de criar sin una pareja al lado?
Sin dudas es un tema que despierta una sensibilidad particular: quizás porque desafía estereotipos (mamá + papá + hijo + hija); quizás porque roza un tabú que -aunque miremos para otro lado, fingiendo que no- aún tiene mucho que ver con nosotros.

Ser mamá sin pareja: ser mamá «soltera»

«Las reglas están para romperse» decían por ahí y repetíamos de adolescentes. Y quizás de algo de esto se trata. La cuestión es cuando una parte nuestra está muy decidida a romper esas reglas, mientras que otra parte no está tan de acuerdo – y prefiere quedarse en lo aprendido, en lo que sabe que «está bien», en lo tradicional y «seguro». Pero romper con lo establecido, en este caso el ideal tradicional de familia moderna, tiene sus pros y sus contras.

El ideal y la culpa

«El ideal», desde la Psicología, no es algo que vamos a decidir. Es algo que vamos heredando, escribiendo, inventando… pero que está más allá de nuestra voluntad. Así es como muchas veces las circunstancias de la vida nos enfrentan a una realidad que no es como nos habíamos imaginado. Y, ahí, la culpa.
La culpa («sentimiento de culpa», decía Freud) es lo que se siente en el yo cuando no alcanzamos el ideal. Y ese sentimiento puede ser devastador, cruel y hasta injusto. Es el resultado de no acatar órdenes de nuestro superyó -instancia psíquica kanteana, que nos dice qué debemos y qué no debemos, que nos exige comportarnos «bien»- imponiendo las reglas de qué está bien y qué está mal.

Ser mamá y ser papá al mismo tiempo

Culpógenas y malqueridas, vamos intentando soluciones a nuestro error. ¡Ojo!: muchas veces no somos conscientes de que estos estereotipos viven en nosotras sino que permanecen adentro nuestro de manera inconsciente. Y desde ahí los ideales nos castigan con una angustia que sólo se percibe en los efectos: insomnio, estrés, mal humor, cansancio extremo… Efectos de querer «remediar» la situación como si fuera algo enfermo. Efectos de intentar ser todopoderosa, mamá y papá al mismo tiempo, como si eso fuera posible… Y no lo es.

Un imposible: Ser Mamá y Ser Papá al mismo tiempo

Ser mamá es ser el lugar al que el cachorro pertenece. Es ser momento eterno, es ser alojamiento desde el Amor más infinito del mundo. Esa es la función materna. Cualquier mamá sabe de lo que hablo.
Pero ser papá es algo diferente. Si la función materna es amar tan infinitamente, la función paterna es función de corte. Ser papá no es jugar al fútbol o tomar cerveza. Ser papá es poder decir no. Es un No al amor eterno que nos dejaría pegoteados. La función del padre es poner un límite ahí, al amor infinito.
Y es por eso que no es posible ser mamá y ser papá al mismo tiempo. No se puede ser Amor Eterno y ser límite a ese mismo amor. No se puede ser lugar de pertenencia y puerta de salida.
La función del padre permite que el hijo -algún día- pueda elegir una (otra) mujer, e irse del hogar familiar.

La «función paterna» es una función

Que la función del padre sea una función, tiene que ver con que no es necesario que sea un «Padre» (hombre, pareja de mamá) el que ocupe este lugar. Puede ser un abuelo, una mujer, un trabajo… cualquier cosa que corte esa relación umbilical. Por esto mismo: si bien es imposible que cumplamos ambas funciones, no es que todo está perdido por ser mamás solteras, viudas, divorciadas, homosexuales… Ser mamá es suficiente. Muchas veces nos cargamos este imposible «doble rol» por culpa, por tristeza, por necesidad. Lo cierto es que si insistimos en lo imposible sólo vamos a terminar perdiendo el tiempo y ganando angustia.

La maternidad sin una pareja al lado puede resultarnos compleja, sobretodo si viene a desafiar nuestros ideales o deseos. Es entonces motor de mucha angustia, culpa, y sentimientos que no colaboran en esta nueva tarea que debemos emprender: redefinirnos en una vida como no la habíamos planeado.
Porque de eso se trata: volver a imaginar nuestro futuro, pero diferente a lo que debía ser. Es reescribirnos, reencontrarnos, es un nuevo comienzo en el que debemos improvisar.
Y aunque para la mujer sean otras las nuevas inquietudes, para la mamá todo lo que ha de venir va a ser nuevo y vertiginoso. Ahí está el desafío. Y es inútil e innecesario que cargarse con la presión de un imposible. Ya tenés suficiente con lo que te toca vivir. Ser Mamá es suficiente. Amar a tu hijo con todo el corazón, al infinito, eternizarte con él en cada beso, en cada abrazo. Con eso alcanza. Lo demás… lo demás tiene solución.

* Florencia del Río López es mamá, psicóloga y psicoanalista. Escribe el blog Ser Mamá.

Gracias Flor!

Monólogos de Papá

Estamos las mamás que cuidamos solas a nuestros hijos pero también hay papás en la misma situación. Ezequiel Tozzi cuenta su experiencia con humor en su blog Monólogos de Papá. En esta publicación relata el origen de su historia.

**************************************************************************
Monólogos de Papá

Nunca estás sola

Madre soltera, el desafío de un embarazo sin compañero (por Babysitio)

Algunas mujeres enfrentan el desafío de un embarazo y una maternidad sin la compañía de una pareja, en algunos casos por decisión propia, en otras por circunstancias ajenas a la propia voluntad. Hay muchas razones que hacen que una mujer pueda encontrarse sola en este momento. Quizás un embarazo no planeado, inesperado hace que el padre desaparezca. También una relación puede terminar durante el embarazo, o el padre por alguna enfermedad o accidente no puede participar en el mismo. Con menos frecuencia, puede ser una decisión tomada en forma individual.

¿Qué persona puede apoyarme en esta etapa?
El hecho de no tener una pareja no significa estar sola para sobrellevar el embarazo. La contención necesaria puede provenir de otras personas. Un buen amigo o familiar cercano puede apoyar emocionalmente y dar una mano en el momento adecuado. Esta persona puede colaborar durante todo el embarazo y en el momento del parto. Incluso a veces estas personas pueden realizar los cursos preparatorios y como también presenciar el momento del nacimiento.

¿Es necesario una terapia psicológica?
La responsabilidad de tener un hijo, con todos los altibajos emocionales que trae aparejados y sin el amor ni el soporte de una pareja (emocional y financiero), muchas veces no es tan fácil. Por esta razón es imperativo el mantener durante todo el embarazo y el post-parto una terapia psicológica, ya sea en un grupo (de ser posible en tu misma condición) o bien individual. Cualquiera fuese la situación, tú como madre sola necesitarás de todo el apoyo que puedas encontrar.

¿Qué debo tener en cuenta antes del parto?
Será muy útil adelantar tu preparación psicofísica para el parto, en lo posible en grupos de mujeres solas. Comunica al equipo que te asiste tu condición de madre sola. Piensa con anticipación acerca del momento del parto y las primeras semanas que siguen al parto, y organízate de antemano para estar relajada y confortable. Considera también la posibilidad de que alguien te acompañe en el momento del parto para que te brinde el apoyo emocional necesario. A veces los propios padres de la embarazada no comprenden la situación, incluso algunos amigos tal vez tampoco la entienden. En estos casos te aconsejamos tratar de evitar situaciones de conflicto con estas personas.

¿Cómo hago para atender a mi hijo?
Quizás el mayor problema que tengas que enfrentar sea la responsabilidad que representa asistir a un hijo en soledad. Acepta toda la ayuda que te brinden y piensa de antemano como organizarás tu vida después del parto, quien se hará cargo de tu bebé cuando vuelvas a tu trabajo habitual; aprovecha el embarazo para recorrer guarderías o jardines maternales para poder elegir uno con bastante anticipación.

¿Y si el padre rechaza la paternidad de mi hijo?
Si el padre del bebé rechaza la paternidad tienes la opción legal de confirmarla mediante estudios específicos de ADN. Tal vez pases por momentos de rabia y resentimiento que son normales en esta situación, pero debes encontrar el equilibrio que te mantenga emocionalmente estable ante tu hijo. También debes prepararte en los aspectos financieros de la situación. Averigua cómo será tu cobertura social, si se hará cargo de los gastos de los cuidados de tu bebé o debes hacerte cargo tu misma.

A pesar de todo recuerda que lo más importante es brindarle todo tu amor a tu bebé, que no fue consultado ni pudo decidir estar en este mundo, ello redundará en un niño saludable y feliz a pesar de las dificultades que pueda encontrar en el camino.

El mejor consejo: «Todo va a ir bien»

Laura Mascaró Roger es abogada, escritora y mamá soltera de un nene de diez años. Vive en España. Promueve la educación en casa. Escribió un libro para Mamás Solteras. Pueden leer más sobre ella en www.lauramascaro.com

********************************************************************************
10 consejos para las madres solteras
por Laura Mascaró

Mi hijo nació en febrero de 2005. En estos casi diez años sólo he escrito sobre las madres solteras en dos ocasiones. La primera, en septiembre de 2010, para un carnaval de blogs sobre homeschooling (educación sin escuela), que podéis leer aquí. La segunda, en junio de 2013, para mi blog de homeschooling.

Ahora sé muchas cosas que me habría gustado saber cuando nació mi hijo. Sé que hay cosas que son más fáciles de lo que parecen, sé que criar sola tiene muchas ventajas, pero también sé que nos han engañado con esa imagen de super-mujer que puede con todo, esas Bree Van De Kamp que son excelentes amas de casa, cocineras, reposteras, madres, esposas, vecinas y trabajadoras. Si además eres madre soltera, te toca hacer de padre y madre añadido a todo lo anterior y todos esperan que lo consigas (tú la primera). Con ello es fácil terminar el día con la sensación de no haber hecho nada bien, con la sensación de ser un fracaso y con la ilusión de que todo sería más fácil si… si tuvieras pareja, o si tuvieras un trabajo mejor, o si te tocara la lotería, o si no tuvieras hijos, o si vivieras en otro sitio, o si hubieras estudiado, o cualquier otra circunstancia que no se da. Sea cuál sea tu circunstancia siempre podría ser mejor pero también podría ser peor.

Después de estos diez años, y ahora que ya no soy madre soltera, me atrevo a dar diez consejos a las madres solteras (aunque algunos de ellos son válidos para cualquier madre e incluso para los padres).

*Está bien pedir ayuda.
Como no me importa ser políticamente incorrecta voy a decir que el feminismo ha hecho mucho daño. Nos han hecho creer que tenemos que hacerlo todo nosotras, que tenemos que demostrar que somos capaces, que somos autónomas, que somos independientes y que no necesitamos ayuda. Necesitar ayuda sería reconocerse débil ¿verdad? Pues no. La verdad es que la ayuda no sólo es deseable, es también necesaria. Puedes pedírsela a tus amigos y familiares o puedes contratarla. No pasa nada por contratar a una canguro (baby-sitter) de vez en cuando o a una persona que limpie tu casa o que se ocupe de tus impuestos. A lo mejor sólo necesitas a alguien con quien hablar, sea en persona o por internet. Los foros y blogs de crianza nos han hecho mucho bien a muchas madres que nos hemos visto solas. Delega todo cuanto puedas, no es imprescindible que lo hagas todo personalmente. Olvídate de la imagen de super-mujer y pide ayuda cuantas veces sea necesario.

*Organízate pero no te obsesiones.
El perfeccionismo es nuestro peor enemigo. Un poco de organización es necesaria para no volvemos locas y no convertir nuestra vida en un caos (aunque la mayor parte del tiempo te va a parecer que sí es un caos). Conviene establecer prioridades y aprender a gestionar el tiempo pero quedando siempre abiertas a nuevas circunstancias o necesidades que puedan surgir. Mi prioridad, por ejemplo, nunca fue que la casa estuviera perfectamente limpia y ordenada. Sin embargo, como nos sentimos mejor cuando la casa está arreglada, en varias épocas he contratado a una persona para que se ocupara de ello. Cuando lo hacía yo seguía el clásico sistema (y que ahora ha popularizado Marla Cilley en su web flylady.net) de asignar un día de la semana a cada tarea. Por ejemplo, lavar la ropa los lunes, cambiar las sábanas los miércoles o hacer la compra los jueves. Hay muchos sistemas de organizar el hogar y ninguno es mejor que otro. Simplemente tienes que encontrar el que funcione bien para ti y, en cuanto sea posible, implicar a tus hijos para que colaboren.

*Las mujeres casadas no lo tienen más fácil.
Es relativamente fácil caer en la inercia de creer que la vida de las mujeres casadas es mucho más cómoda que la nuestra, pero eso no siempre es así. Yo siempre he preferido centrarme en las ventajas de ser madre soltera, porque las hay. Por ejemplo, tener la responsabilidad de tomar todas las decisiones no fue nunca una carga para mi. Al contrario, pude tomarlas después de analizar todas mis opciones sin tener que convencer a otra persona de que esa decisión era la mejor. Pude elegir el tipo de crianza que quise para mi hijo (sin castigos y con autorregulación, por ejemplo) y también su educación (sin escuela). Tengo demasiadas amigas que no encuentran en sus maridos a un compañero de vida sino más bien a alguien con quien siempre deben estar negociando, si no peleando; así como otras tienen maridos prácticamente ausentes, que no toman parte activa en la vida de sus hijos pero después sí están ahí para cuestionar, criticar y juzgar.
También hay cosas que son mucho más fáciles de gestionar cuando sólo se trata de dos personas (las madres solteras que tienen más de 1 o 2 hijos son la excepción). Nosotros el año pasado decidimos hacer un viaje recorriendo América, desde Nueva York hasta Buenos Aires. La logística fue mucho más simple que si hubiéramos sido 3, 4 o más personas. Pudimos alojarnos en casas de otras familias y cabíamos sin problema en sus coches, por ejemplo.

*Busca un referente masculino.
Es bueno para los niños tener siempre un modelo masculino y uno femenino de los que aprender. No importa que tus hijos no sean varones, igualmente lo necesitan. A veces es difícil de encontrar y hay que saber encontrar el equilibrio entre ese rol de modelo a seguir y el rol de padre, que es otro muy distinto. Puede ser un familiar, un amigo de la familia, el padre de un amigo del niño, un profesor, etc. Hay muchos hombres en el mundo como para permitir que nuestros hijos se vean reducidos a un mundo exclusivamente femenino.

*No hables mal de los hombres ni de la vida en pareja.
No importa cuál sea la circunstancia concreta que te haya llevado a ser madre soltera. Nunca está justificado que hablemos mal de los hombres (así, en general) a los niños, ni que critiquemos a todas las parejas sólo porque no nos gustan o porque nos gustaría tener una. Hablar mal de los hombres a veces conlleva que el niño detecta nuestro resentimiento por el hecho de estar solas y, al creer que eso no debería ser así, decide asumir un papel que no le corresponde. Muchos hijos -sobre todo varones- de madres solteras asumen el papel de “hombre de la casa” o cabeza de familia, con lo que asumen responsabilidades que no les corresponden, como preocuparse por las finanzas familiares o por el bienestar emocional de la madre.

*Cuidate y tómate un descanso de niños.
De nuevo, voy a ser políticamente incorrecta, porque hoy en día parece que para ser una buena madre una tiene que dedicar el 100% de su tiempo y el 100% de su energía a los hijos. Nada más lejos de la verdad. Para podernos dedicar adecuadamente a nuestros hijos debemos primero asegurarnos de que nosotras estemos en condiciones de hacerlo. A menudo me preguntan cómo consigo hacer tantas cosas (trabajar, educar en casa, viajar, dar conferencias, tener vida social, seguir estudiando, etc). Lo que más me dicen es “seguro que duermes poco”. Pero es justamente al contrario. Duermo 8 horas diarias y eso es innegociable. Si duermo menos no tengo la energía ni la claridad mental necesarias para hacer todas esas cosas que debo y quiero hacer.
Muchas madres se sienten culpables ante la idea de dejar a los niños al cargo de otra persona si no es por obligación (porque tengan que trabajar o ir al médico, por ejemplo). Pero si piensan en dejarlos para ir al cine, o a cenar con amigas, o a hacerse la manicura, entonces se ven como “malas madres”. Sin embargo, yo lo recomiendo encarecidamente. Mi hijo no va al colegio y yo trabajo desde casa. Si no lo dejara de vez en cuando para hacer cosas que no sean del trabajo creo que mi equilibro y mi salud mental se resentirían.

*No todo depende de ti.
En serio, aunque nos toque hacernos responsables de muchos asuntos a la vez, siempre habrá cuestiones que no dependan de nosotras y que no merecen nuestra atención porque supondrían un gasto innecesario de energía. El tema estrella entre las madres separadas (porque las solteras y las viudas no tienen ese problema; tienen otros) es el de las visitas paternas. A lo mejor tienes suerte y su padre, aunque no conviva con vosotros, aporta dinero y se ocupa de los niños varias horas a la semana o varios días al mes. Pero a menudo los padres dicen que van a ir y no van, no llaman y, en general, no hacen más que decepcionar al niño. Puedes hablar con él, obviamente, pero no está en tu mano cambiar su carácter ni su comportamiento.

*No te compares (ni con solteras ni con casadas).
Compararse con otras personas nunca es una buena idea. Asume que tus circunstancias son las que son, para bien y para mal, y no intentes cambiar lo que no se puede cambiar. Saca el mejor provecho posible de tu situación. Tengo amigas que son madres solteras porque son viudas; ellas están en peor situación que yo. Otras son divorciadas y reciben un dinero cada mes por parte de su ex marido; en esto, ellas están mejor que yo. Otras están casadas y se pasan el día discutiendo con sus maridos o bien ignorándose mutuamente; éstas también están peor que yo. Y algunas son madres solteras y en vez de tener un hijo tienen tres o cuatro, considero que para ellas las cosas también son más difíciles que para mi, que sólo tengo uno. Pongo estos ejemplos para mostrar que no existen las circunstancias ideales y que compararnos con otros sólo nos producirá frustración porque, como dicen los anglosajones, la hierba siempre parece más verde en el jardín del vecino. Pero sólo lo parece, ésa es la buena noticia.

*Aprende a optimizar tus finanzas.
Una madre soltera debe estar preparada para cualquier eventualidad. Si sólo pudiera dar un consejo sería éste: aprende a crear un sistema de ingresos pasivos. Son esos ingresos que sigues recibiendo sin necesidad de trabajar, como las rentas por alquiler, los derechos de autor, o los ingresos generados por negocios automatizados.
Si pudiera dar dos consejos, el otro sería: crea un fondo para emergencias. No tienes a otra persona que pueda cubrirte en caso de emergencia, así que es mejor estar preparada de antemano.
Y, por supuesto, aprende a reducir tus gastos tanto como te sea posible. Gastar menos de lo que ingresas te permite ahorrar, ahorrar te permite invertir e invertir hace que tu dinero genere más dinero.

*Todo va a ir bien.
Lo más importante es saber que todo va a ir bien. Que todo va a ser más fácil a medida que pase el tiempo. En primer lugar, porque tendrás más experiencia y más confianza en ti misma. Y en segundo lugar, porque los niños van a ser cada vez más autónomos y van a depender menos de ti. Recuerdo con gran alivio el día que mi hijo aprendió a vestirse sólo, el día que aprendió a lavarse los dientes sólo, el día que aprendió a ducharse sólo y el día que empezó a sacar la basura a la calle, por poner sólo algunos ejemplos. Ya no es un bebé que requiere mi atención constante. Ni un niño de un año que precisa vigilancia mientras da sus primeros pasos y que le den la comida a la boca. Tu maternidad no va a ser perfecta, pero ninguna lo es, digan lo que digan algunos blogs y algunas revistas o programas de televisión.