“Virgencita, te pido un novio para mi mamá y un hermano para mí”

¿Leyeron?

Sentí el impacto como un baldazo de agua helada -de los polos y todos los territorios fríos del mundo- directamente en mi cara y en pleno Palermo.

Esas fueron las palabras de mi hija Evangelina después de la charla que compartimos el sábado con familias de “Somos Familia” -una sección de TN de la que participamos- en la Feria del Libro.

Veníamos felices después de escuchar historias conmovedoras, de esas profundas que no te olvidás más. Enfilamos para tomar algo y ahí estaba, tras las rejas, la ermita de la Virgen de Luján. Eva se detuvo frente a ella para lanzar su plegaria: “Virgencita, te pido….” Lo hizo con la misma naturalidad con la que improvisa canciones, baila o hace piruetas. Lo que siguió fue una especie de reverencia a la virgen y sus clásicas medialunas y verticales en continuado como despedida.

Con mis amigas nos quedamos petrificadas ¿Habíamos escuchado bien o había sido una alucinación masiva?

Pasado el semi-congelamiento, nos reímos. Yo menos que el resto. ¿Qué me está queriendo decir mi hija?, pensé.

Atando cabos, recordé a Eva sentada a mi lado durante nuestra charla. Estuvo callada y quieta (algo excepcional), observándome y observando todo.

Yo volví a hablar por enésima vez del momento en que deseé ser mamá, de nuestra historia con su papá en Atenas, de mi embarazo a los 40 años. Volví a hablar por enésima vez del después, de su ausencia física y de su construcción como papá virtual. De sus llamados efímeros, de su contacto insuficiente con su hija para mí. Volví a hablar por enésima vez de nosotras hoy, de que avanzamos felices juntas.

Siempre que Eva se calla y hace un alto en su movimiento, se viene alguna reflexión que te noquea. Y me noqueó.

Por eso, retomando los puntos principales de mi charla, llegué a una especie de conclusión interpretando sus gestos y sus palabras. Me imaginé a Eva hablando como en el Diario de Greg, el chico que escribe un diario personal con una mirada irónica de, entre otros, sus padres. Pero en nuestra versión:

* Concepto 1:
Yo: “Eva tiene un padre ausente que hace casi seis años se comunica con ella por skype y/o whatsapp desde Africa. Un papá virtual. Me enamoré de él en Atenas y supe que iba a ser el padre de mis hijos”
Ella: “Mi mamá se la pasa hablando de mi papá, del amor que vivieron en Grecia, de lo que vino después. Tiene que cambiar de tema. Aburre”

* Concepto 2:
Yo: “Es difícil pero se puede criar sola a los 46”
Ella: “Otra etapa superada. Habla como si fuese una anciana y yo una bebé. Es hora de que piense en la etapa que sigue”

* Concepto 3:
Yo: “Somos una familia de a dos que va por la vida feliz”
Ella: “Cortémosla con la familia de a dos. La pasamos muy bien pero estaría bueno que se busque un novio y que tal vez yo tenga la suerte de tener un hermano”

Es difícil saber si ella pensó de esta manera pero algo me dice que no estoy muy lejos de su verdad.

Tenés razón, Eva. Adiós al pasado y a lo que falta, hija. Hablemos de amor y de mover las fichas.

De patear el tablero otra vez.

2 comentarios en ““Virgencita, te pido un novio para mi mamá y un hermano para mí””

  1. grosa total. te leo siempre genia. segui asi. aunque te canses y te agotes, disfurta. cuando ella sea grande, ahi ya vas a descansar. la mejor para vos!

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