Carta al papá ausente de mi hija

Hola Amadou! ¿Cómo va todo? Cuando llamaste hoy a la una de la madrugada se cortó la comunicación. ¿Seguís en el campo por el supuesto gualicho o ya volviste a Dakar?

Apenas escuché que eras vos así que te cuento algo por acá. Pasan muchas cosas de este lado del mundo y es imposible resumírtelo por teléfono o skype. También con palabras. Pero bueno, lo voy a intentar. Arranco por lo de siempre: estamos muy bien. Te lo dije mil veces e insisto: nuestra hija es increíble. Avanza todos los días. Tendrías que verla…

Ahora voy por lo que no sabés. Eva ya llega a la bacha para lavarse las manos y los dientes (¡está altísima!) y no tiene que subirse a ningún banquito. Además, cocina seguido y en distintos horarios (¿te acordás cuando cocinabas en Atenas? Bueno, algo parecido). También ya aprendió a cambiarse y elige cómo vestirse. Quiere hacer todo sola y de a poco lo va logrando.

Hace meses que va a circo y le está yendo de maravillas. La casa es un show permanente de música y acrobacia. Se levanta y acuesta haciendo piruetas (te adjunto una foto para que veas de lo que te hablo).

Ah! Te cuento algo importante también para su vida: se está llenando de amigos. El jueves fue al cine con Sofía y Clarita y el viernes la invitó Dante a jugar al parque de su casa. Es gracioso pero siendo tan chiquita le llueven invitaciones. Es bastante parecida a vos en ese sentido: atrae con su carisma. Los hace reir.

Mientras tanto, sigue forjando una personalidad fuerte. Así como no quiere atenderte por teléfono, hace poco me dijo que no le diera tantossss besos. Que con uno estaba bien. ¿Podés creerlo?

No sé cómo será en Senegal pero no llegué a decirte que acá hoy es el Día del Padre. Las calles están llenas de ofertas de regalos y los diarios de fotos y de historias de papás que abrazan a sus hijos y dan todo por ellos.

Te confieso que cada vez que se acerca la fecha me agarra algo en el corazón pensando en cómo le afecta a ella que no estés. Ya pasaron cuatro días del padre desde que nació… Hasta ahora no manifestó nada y lo que menos veo en ella es tristeza pero sigue siendo mi estilo hacerme preguntas.

A veces se acuerda de vos, recuerda que estás en Africa y ahí queda la cosa. Fluye su crecimiento y no hay sombras en la relación con otros chicos con papá. Es íntegra y en eso sí agradezco tus genes y esa fortaleza que tienen los negros frente a la adversidad. Yo soy bastante fuerte, pero ella es distinta… Seguramente entenderás.

Festejo lo bueno que nos dejaste para siempre y tengo que decirte otra verdad que quizás pueda dolerte: otros están ocupando tu lugar. Eva está rodeada de hombres que no son vos pero que cuando están con ella la hacen sentir queridísima y protegida. Unica. Como un papá con su hija.

Hace poco le dijo a mi hermano Gastón que lo amaba mucho más que mucho y entendí que ella ya sabe reconocer a aquellos que la aman y la cuidan. Gastón es un padrazo, tiene cuatro hijos pero siempre tiene amor para dar. No sé cómo hace, es admirable. Fue él quien hace tiempo me dijo que, en tu lugar, hubiera cruzado el océano a nado para conocer a su hija.

Pasa algo parecido con los padrinos de Evangelina. Cada vez que veo a Ezequiel y a Salvador con ella me aplaudo por haberlos elegido. Y ni hablar del abuelo. Se detiene el mundo cuando ella llega a su casa. Mi amiga Andrea dice que Eva tiene suerte de estar rodeada por «muchas figuras masculinas» y es cierto.

Que ellos sean así con ella era y es previsible. En mi familia siempre circuló el amor. Pero no son los únicos. Hay un amigo que la duerme cuando la acaricia, otro que eligió la foto que se sacó con ella entre sus preferidas para presentarse en las redes, otro que le toca toda clase de instrumentos para alimentar su fascinación por la música… También otro que no ve la hora de que crezca para ser su custodio… Y uno que la tiene enamorada!!! Cambia de actitud cuando viene a casa. ¡¡No sabés cómo lo mira!!!

Por si fuera poco, están los que me escriben preguntándome por ella o le mandan saludos sin acordarse de mí. Algunos incluso no la conocen personalmente. Te juro que a veces siento que varios de ellos querrían, si pudieran, adoptarla como hija.

Hace rato que no escribía una carta. Creo que las últimas quedaron en mi adolescencia. Esta vez te tocó a vos en un día que no es cualquier día.

Me voy despidiendo. Espero que estés bien siempre. No hay rencor en mí. Aunque seas desde hace años una voz en el teléfono, creamos juntos una hija maravillosa que en este momento está preparando todo para salir. Nos esperan todos sus muchachos para almorzar en Lomas. No les llevamos muchos regalos porque no lo necesitan. El regalo es ella.

Valeria

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¿Querés hablar con tu papá?… No

Habíamos acordado que el contacto por skype iba a ser todos los sábados al mediodía. Pero hace tres semanas Amadou me contó que viajaba a las afueras de Dakar a probar nuevas pócimas contra su supuesto gualicho y chau skype con su hija. Parece que, como acá, si te alejás de la ciudad las conexiones son malas o no existen.

Recuerdo a mis hermanos (todos somos muy irónicos) oscilando entre putearlo por «abandonarnos» y reirse con su puesta en escena cada vez que nos llamaba en los primeros tiempos. Eva tenía apenas meses y Amadou se comunicaba a veces desde el campo (otro campo) al que también decía que había ido a curarse. En esa etapa se escuchaba una especie de berreo y mis hermanos decían que él ponía un CD de ovejas para hablar conmigo.

En el mundo gualicho todo es probable. En el mundo real no hubo skype estas semanas pero sí llamadas por celular. En cualquier horario… Eva en el jardín y yo trabajando. Eva durmiendo y yo amaneciendo… Y así. Amadou nos encontró juntas y despiertas el sábado pasado. No se escuchaban berreos esta vez. «Ya te paso con Eva…»… «Antes decime ¿cómo está todo…?» «Todo bien»… Con sorpresa, cuando lo atendí, no le reconocí la voz. Un tema para otro análisis. Entonces, al grano…

– «Eva, es tu papá. ¿Querés hablar con él?
– «No»
– «Te llama desde lejos, hija»
– «No»
– «Aunque sea mandale un beso…»
– «No»

Se cortó la comunicación. Hubo un nuevo intento de parte de él con el mismo resultado. Evangelina no quiso hablar. Prefirió seguir en su mundo de dibujitos y casitas y juguetes. Después, mientras nos preparábamos para ir al zoológico, sí quiso mandarle un mensaje a su amigo Lucca y preguntarle si llevábamos rocklets para los animales. También quiso bromear con su prima «Matulina» con chistes cruzados e invitaciones a jugar.

Le cansa hablar por teléfono como a mí pero dice sí a muchos diálogos. En el último skype con su papá, le había asegurado que ella tenía la llave y que le abría. Que él tenía que atravesar «la ventanita» del skype y entrar.

Es cierto que el amor se construye y los chicos no andan con vueltas. Lo que a mí me costó varios años, a Eva no le está costando tanto. Su papá no entra por la ventanita y ella le dijo por primera vez que No.

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Pase de factura 1

– «Mamá, estoy contenta»
– «¡Qué alegría Eva! ¿Y por qué estás contenta?»
– «Porque estoy contenta y vos estás contenta y yo estoy contenta con mi vida»

Toda una declaración para un sábado al mediodía. Dormimos plácidas, me desperté tarde pero llegué a organizar todo en la casa hasta que se despertó Eva.

En los últimos días le gusta levantarse sola y sorprenderme en lo que esté haciendo. Mi radar de mamá obsesiva la escucha moverse en la cama, saltar y caminar hacia mí. Así y sin embargo, siempre me sorprendo al verla.

Abrazadas durante un largo rato, no tardó mucho en develar los motivos de su alegría. Y clavarme un puñal.

– «¿Hoy te quedás conmigo, no? ¿Vamos a ver Princesas?»
– «Si, hija. Vamos al teatro y hoy y mañana me quedo con vos! Es fin de semana y no trabajo».
– «¿Te acordás cuando me llamaste del trabajo y yo te canté una canción del jardín?» «¿Te la canto?»

Mi hija ya empezó a registrar los malditos lunes y los liberadores fines de semana. Y actúa en consecuencia.

Los sábados y domingos son una fiesta para las dos. Una amiga me preguntó hace unos días cuál había sido la etapa más difícil hasta ahora y le respondí que el principio. Con Eva hoy compartimos mil cosas y es maravilloso. Tenía razón mi mamá cuando en ese «principio difícil» me decía que ella iba a ser mi gran compañera.

«¿Merendamos mamá?», «¿Traemos el colchón y vemos una película?», «¿Tomamos mate con azúcar?», «¿Hacemos una torta?», «¿Preparo la mesa?» propone en nuestro mundo… Lo que en la semana se diluye en un segundo, se detiene el fin de semana. Varias veces Eva me habla de «compartir». Suena increíble en su voz. Compartimos nosotras y compartimos con los que nos quieren.

Cuando arranca la semana el compartir se extiende pero es un compartir incompleto. Contradiciendo su espíritu libre, los últimos lunes fueron complicados. Eva osciló entre llorar e inventar distintas «estrategias» para retenerme cuando llega la hora de irme.

El lunes me pidió que almuerce con ella (me parece escucharla mientras escribo: «Mamá, sentate conmigo! ¿No vas a comer?») Después improvisó un show sobre un banquito y dos segundos más tarde agarró mi celular y se puso a jugar… Finalmente, se resignó. Nos resignamos. Contó literalmente hasta diez, me dio un beso y me dejó partir.

A la noche cuando volví Lili –la señora que la cuida– me dijo que Eva había tenido «un lunes más lunes que nunca». Que se había calmado solo cuando tomaron el té con su amiga Sofía (la buena amistad es siempre reparadora). Conmigo, la cosa no mejoró. Después de retarla mil veces, la abracé fuerte antes de irnos a dormir y le pregunté qué le pasaba por enésima vez hasta que por fin me respondió. «Es que no quiero que te vayas».

De nuevo el puñal… Por suerte la historia siempre continúa y hoy vuelve a ser viernes.

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¿Y ahora qué hago?

La de arriba soy yo recibiendo un mensaje sobre mi hija en mi trabajo… Uno de mis momentos preferidos del día es cuando vuelvo a casa a la noche. Mientras subo en el ascensor hasta el sexto piso voy escuchando la voz de Eva cada vez más cerca y sonrío. Me pasa seguido: le quiero ganar a la puerta y a veces me atolondro para abrirla y tardo más. Quiero verla lo antes posible. Del otro lado siempre está ella: escondida debajo de una manta, en su casita, jugando con sus masas, haciendo piruetas en el monopatín… Esperándome con su energía habitual.

Anoche se rompió el hechizo. Abrí la puerta como siempre. Holaaaa chicas!!! Silencio total. «Perdón, Vale, no pude mantenerla despierta. Se durmió hace dos minutos. Me decía que estaba cansada y lloraba…», soltó apesadumbrada, Lili, la mujer que cuida a Eva ya como una abuela… Estaca en el corazón… y preguntas encadenadas para calmar mi tristeza instantánea… ¿A qué hora exacta se durmió, Lili? ¿La bañaste? ¿Comió? ¿Jugó? ¿Se portó bien? ¿Te hizo caso? ¿Estaba contenta? Mi hija había tenido un día perfecto pero yo no llegué a verla despierta.

imageLa casa sin Eva o con Eva dormida no es la casa. La llevé a su cama. Hacía frío afuera pero todo estaba calentito adentro. Abrí su mochila del jardín y el cuaderno de comunicaciones no tenía notas. Preparé su vianda para el día siguiente: las galletitas rellenas la vuelven loca. Organicé su cena bien potente por las dudas. A Eva le gusta comer. Dejé un chocolate en su mesita de Minnie como postre. Ordené su uniforme. Todo quedó en su lugar.

Me ocupé de mí. Mi vianda para el trabajo de mañana, la comida de hoy. Apagué la tele, me serví una copa de buen vino, la casa estaba en absoluto silencio. ¿Intento despertar a Eva? ¿Se despertará de madrugada? ¿Qué debería hacer? ¿Me voy a domir también por las dudas?

Desde hace unos diez días volví a leer todas las noches, uno de mis grandes placeres. Evangelina ya está más grande, tiene sus propios libros y juegos, y podemos estar en el mismo lugar –abrazadas incluso– y haciendo cosas diferentes. Por eso mismo y porque sé que es lo mejor para las dos, disfruto de retomar aquello que dejé por un tiempo para dedicarme a full a ella. Tal vez vuelva los sábados al gimnasio. Una hora no es nada y pasaron cuatro años desde la última vez.

Anoche abrí también ese espacio aunque con esfuerzo. El silencio se completó con música y libros y chats y palabras. Me consolé pensando que mi hija se había despertado temprano, me acordé de la espuma con jabón mientras se lavaba los dientes con un panda con luz y de cuando armamos Minnies y Mickeys con rocklets. También, que jugamos con un globo violeta del último cumpleaños del jardín y que a la tarde me habló divertida cinco minutos sin parar por teléfono.

Escribir sobre Eva fue como despertarla un poco.

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«Sueño que adopto dos bebés»

Daniela vino a casa una noche fría a contarme su historia. Se había enterado por una amiga que estaba armando un blog para Mamás Solteras y no dudó en abrirse. No nos conocíamos. Se fue y ya no había distancias. Confió. Me contó de su pasado nada sencillo. Y de un sueño que aparece mientras duerme y que es su guía cuando despierta. Aquí va su historia:

El sueño es recurrente. Se ve adoptando dos bebés. Se le ilumina la cara cuando lo cuenta. Y su mirada tan triste y tan dura deja de serlo un poco. Daniela se ve feliz con dos chicos. Se proyecta cuidándolos. Sola o con un hombre. Depende del destino. Llegó a los 44 años rompiéndose la cabeza contra infinitas paredes. Los quiebres y crisis fueron muchos y no le quedó otra que endurecerse para seguir. Y es dura y sensible a la vez. Y pudo.

30AGT1972-Chile-DanielaDe chiquita le contaron que era adoptada, igual que su hermano. Después de muchos intentos y tratamientos frustrados, su mamá adoptiva rondaba los 27 cuando enfrentó a su papá adoptivo y le pidió que hicieran algo para tener un hijo. Que sino la relación se terminaba. Como tenían contactos en la justicia de La Plata, no aparecieron uno, aparecieron dos hijos de meses y de la noche a la mañana armaron una familia.

El principio fue soñado. «Mi infancia no pudo ser más feliz», recuerda Daniela sus pasos por Santiago de Chile y el D.F. Lo relata con alegría aunque no les fue fácil. Sus papás adoptivos se escaparon de la cordillera con el Golpe de Allende en el ’73 y anclaron en México.

1972-Chile-DanielaySanti2A los 14, Daniela vivía en las nubes de la adolescencia y tenía un sueño diferente al de ahora pero que ya la acercaba a la maternidad. «Soñaba que tenía hijos y se los regalaba a parejas que no podía tenerlos», cuenta y sonríe. Tal vez como su mamá biológica, la nena de 16 años del Norte del país que la entregó porque no podía cuidarla. Eso es todo lo que Dani sabe de ella y de su pasado. De su papá, nada. Hay un expediente en La Plata que se abrió en su nombre. Ella se llamaba María Alejandra, estuvo primero con otra familia y a los asistentes sociales no les cerró la historia. Entonces llegaron sus papás adoptivos y arrancó otra página. Dani llegó hasta ese expediente pero no avanzó. Tiene miedo de lo que se puede llegar a encontrar. Por ahora.

1977-Mexico-DanielaySantiLo que vino después de los 14 fue largamente horroroso en el tiempo y pensado desde hoy. Son heridas con las que Dani pelea todos los días. A sus 17 años se tuvo que ir de su casa. Empezó a andar su propio camino y empezó a rearmarse. Su mamá terminó dejando a su papá y se conectó con un hombre luminoso que hoy es su amigo. Ella murió después de varios a ACV y de pedirle disculpas por dejarla sola sin esos abrazos que solo dan las mamás.

A los 40 Dani dio el salto, su salto. Se subió a una moto chopera, otro de sus sueños, y empezó a andar. Los nuevos caminos que imagina hoy la llevan a veces al expediente de sus orígenes en La Plata. Está buscando a un abogado para que le averigue qué pasó. También se imagina volviendo al D.F., a recuperar la felicidad de la amistad y de la adolescencia. Quizás también para perdonar a sus papás adoptivos y sanar parte del daño. El último camino va por dentro. Sueña con adoptar dos bebés.

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Como tocada por una varita mágica

Corría el séptimo mes de embarazo. Yo tenía una panza enorme y mucha angustia. Que el papá de Evangelina no llegaba y estaba claro que no iba a llegar, que todo había sido una ilusión, que Eva sí estaba llegando y la plata no alcanzaba para el parto, que me sentía sola con muchas cosas… que…

2013-02-03 18.54.44 (1)Las palabras justas llegaron en el momento justo. Fue durante una sesión de reiki. «Vos quedate tranquila. Tratá de resolver tus dolores que Eva está bien. La veo feliz en la panza, viene rodeada de duendes y de hadas», me dijeron. Lo sentí tan verdadero como las ecografías que aseguraban que mi hija venía a este mundo con la fuerza de una tromba, con una enorme vitalidad.

Desde el principio fue así. Todo lo que es y la rodea tiene como un halo especial que no puedo explicar. Quizá haya alguna razón en su origen, en el lugar de su origen, en el deseo que me llevó a buscar a su papá y a buscarla… no sé.

Cuando vuelvo a los ocho meses y medio que Eva estuvo en mi panza e incluso al tiempo anterior, recuerdo momentos que siento mágicos.

El origen

100_9081Con Amadou –el papá de Eva– nos reencontramos por tercera vez después de casi un año a fines de junio de 2012. Nos despedimos el 10 de julio entre lágrimas, besos y proyectos.

Fueron 11 días en las nubes. A mitad de la estadía, me sentía distinta. Presentía que estaba embarazada. Habíamos hablado del tema ni bien llegué a Atenas. “Quiero tener un hijo con vos”, me dijo él en inglés, el idioma con el que nos comunicamos. «Yo también», le respondí absolutamente convencida. Minutos antes habíamos intercambiado alianzas con nuestros nombres. Fue como un casamiento simbólico. Nunca había pensado en casarme.

Quizá fue la noche del reencuentro, la del 30 de junio, la de los anillos y el deseo compartido de un hijo, que el corazón de Eva empezó a latir. En un mundo sin tiempo en medio de la convulsionada Atenas.

Las primeras señales

Amadou es musulmán y días después de mi llegada se enteró que estaba en la ciudad un especie de pastor de su religión. La ceremonia era en un hotel y, curiosa como siempre, no me la quise perder. Eramos dos mujeres blancas (una griega y yo) entre miles de negras y negros.

100_1859Con la cabeza semi tapada y un vestido largo, me dejaron entrar sin problemas. El pastor o «marable», como le dicen ellos, estaba en el centro. Las mujeres fuimos las primeras en acercarnos a él. Me habían dicho que estaba prohibido tocarlo. Que era una deidad. Pero que le pidiera lo que deseaba porque se cumplía.

Durante la ceremonia había llorado mucho viendo a los bebés en brazos de sus mamás. Tenía claro que yo quería uno así. Me acerqué al «marable» y con las manos hacia arriba, como me habían enseñado, le dije que quería tener un hijo con Amadou. El estaba en primera fila, viendo todo, con los demás hombres.

Imprevistamente el hombre de la túnica me tocó los dedos. Como una bendición. No tomé consciencia de lo importante que era ese contacto hasta que me fui a mi lugar y los amigos de Amadou me dijeron que eso no pasaba nunca, que era «una elegida».

100_7285El segundo momento increíble fue también en Atenas unos días después: una prima de Amadou me lo anticipó. «Estás embarazada», aseguró un mediodía que nos quedamos solas en la cocina (la foto es de ese momento). No había podido terminar un pescado exquisito que nos había preparado. Cuando le conté, él sonrió y bromeó: ¿Tan rápido?. Los dos nos reímos.

imageEn esos días y sin haberme hecho el test, empecé a hablarle a mi hija. Sí!! , en femenino. Fuimos al Partenón un día de mucho calor y hablé con ella. Al Egeo y hablé con ella. Ya en el avión de vuelta empecé a escribir nombres posibles y apareció Evangelina, un nombre que nunca había pensado para un hijo. Las opciones eran: estoy embarazada o llego a Buenos Aires y cambio urgente de psicóloga.

El embarazo

Volví a Buenos Aires y no estaba loca. Fueron seis test de embarazo. No podía creer las dos rayitas.

El primero en enterarse fue lógicamente Amadou que no entendía bien de lo que le estaba hablando. En su cultura prefieren esperar a que todo avance. Recién hicieron una fiesta cuando Eva nació.

La segunda en saberlo fue mi abuela Carmen. Cuando cumplí 40, ella se me había acercado con sus 90 a cuestas y me había dicho: «Valita, le pedí a Dios que me deje vivir un poco más hasta saber que un hijo tuyo viene en camino”. En ese momento pensé que iba a defraudarla. Pero cuando el 18 de agosto de 2012 fui al geriátrico donde estaba internada y le di la noticia, todo tomó sentido. Se le iluminaron los ojos. Unos ojos grises y profundos. ¿Por qué no lo querés contar?, me susurró. Porque todavía no llegué a los tres meses, Abu, le respondí. Sonrió y nos abrazamos. Sentí que se estaba yendo. La foto es también de ese momento. Al otro día cayó en coma y nunca más volvió a despertar. Me esperanzo con pensar en que esperó a que Dios cumpliera su deseo y soltó esta vida.

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La tercera en enterarse fue mi hermana Soledad. Tengo por ella un amor y una confianza infinitos. Salvo mi mamá que ya lo intuía, el resto de la familia se enteró después cuando les conté lo de mi abuela.

Eva nació el 13 de marzo de 2013 horas antes de que el mundo supiera que Francisco era el nuevo Papa. Desde entonces y desde antes, todo lo que rodea a mi hija tiene algo especial. Capaz nos pasa a todas las mamás que vemos luminosos a nuestros hijos. Puede ser.

En mi caso, Eva parece entender todo desde el principio. Todo fluye, incluso desde lo material (soy su principal sostén). Es el día de hoy que si le falta algo aparece alguien con eso que le falta. Guardo como un trofeo un enterito violeta que conserva su primer olor que me regaló un compañero de trabajo que nos ayudó y ayuda con la generosidad de un amigo con lo que fue de sus hijas. También están, como siempre, amigas entrañables que también armaron bolsos enormes con ropa, libros y juguetes. Tenemos reservas hasta los 6 años. No exagero.

Por eso, cuando asoman los huecos, vuelven las palabras que me dijeron alguna vez. «Vos resolvé tus dolores que ella está bien…» Es verdad. Gracias Andrea estés donde estés. Cada vez que me detengo a mirarla descubro que Eva sigue rodeada de duendes y de hadas.

Eva acróbata

Mi hija es mía

Las frases que son situaciones se repiten una y mil veces. Salimos de casa con Evangelina y arranca el rosario de comentarios y preguntas, muchas de ellas relacionadas entre sí. Las voces llegan desde afuera y también desde adentro, de nuestro entorno.

Frase 1: «Es muyyy linda!!!!!!»»
Eva llama la atención. Vamos por la calle y muchos se dan vuelta para mirarla, se sonríen cuando nos ven pasar o se le acercan y le tocan los rulos. Sacándome el filtro de mamá –la veo la más hermosa del planeta–, sí descubro que tiene una combinación armónica de belleza y carisma (onda) ¿Qué le pasa a ella cuando le dicen que es muy linda, etc…?. Mira para otro lado. No le gusta que le estén encima.

Frase 2: «¿Es tuya?»
Viene de la mano de la frase 1. Eva es morena y yo muy blanca. Los que no conocen nuestra historia me suelen preguntar si es mía. Cuando estoy con «ganas de explicar» respondo: «Sí, es mía, la tuve en mi panza, su papá es africano» y ahí queda. Si no estoy en un día «con ganas de explicar», digo «Sí, es mía, soy su mamá» y chau. Siempre me escucho responder con alegría y orgullo. Estoy muy orgullosa de ella, de nuestra historia y de nuestra vida juntas. En el medio, hubo momentos que ya son anécdotas. Cuba, 2014, Eva tenía un año y ocho meses. Volvíamos a Buenos Aires después de dos semanas en la isla. En Migraciones, se me acercó un militar con un perro. Me husmeaban como si fuera una delincuente. «¿Viniste a ver al papá?», me habían preguntado minutos antes. «No, el papá está en Senegal», respondí. Papeles en regla, silencio forzado y a otra cosa.

Frase 3: «Se está pareciendo mucho a vos»
La frase surge de mi propia familia y de mis amigos, los que nos quieren de verdad. Lo tomo como una palmada en el hombro, como un gesto de amor. Eva lleva con ella parte de lo que soy y de lo que es su papá pero es ella más allá de nosotros. Me reconozco y también reconozco en ella a su papá pero nos trascendió.

Evarulos

Frase 4: ¿Cómo hacés con el pelo?
Volvamos a los rulos. El tema del pelo afro es una incógnita para muchos. Yo empecé a entenderlo con las rastas de Amadou y avancé varios casilleros con ella. Lo digo una vez más (siempre me prometo que va a ser la última). El operativo «Motas suaves» empieza después de enjuagar el champú. Crema de enjuague primero, dedos después que desenredan. Eva se queja. Sigo cuando está concentrada en bañar a su bebé. Ahora más crema de enjuague y peine. Agua y casi estamos. El pelo afro se seca rapidísimo. Crema para peinar y final del operativo.

«Cuando sea grande, se lo va a querer planchar», es un plus de la frase 4. «Sí o capaz que cuando sea grande se usa el afro», es mi respuesta. Los grandes tenemos una mirada que retrasa. No pasa lo mismo con los chicos. No fueron pocas veces las que escuché a nenes y nenas conocidos y desconocidos diciéndole que estaba buenísimo su pelo. Por lo pronto, yo cada vez me plancho menos el mío. Resolví que es una manera de enseñarle a mi hija que uno tiene que aceptarse como es. Y me dejo el pelo aleonado al viento, con rulos también.

Frase 5: «¿Tiene tu apellido?»
Sí, mi hija tiene mi apellido. Es Evangelina López sin segundo nombre. Conscientemente decidí que así fuera y fue una decisión sabia. Con su papá en Africa como un satélite perdido en el universo, puedo moverme con ella sin pedirle permiso a nadie. Y ahí vamos, caminando libres por la vida. Recuerdo el día en el que la inscribí. Tenía menos de un mes. Estaba mi mamá con nosotras, como siempre. Festejamos que se sumara otra López a la numerosa familia que todos, con mis papás y mis hermanos, fuimos formando. El árbol López tiene varias ramas. Eva es uno de sus frutos.

Frase 6: «¿No tenés miedo del papá?» «¿Qué vas a hacer si viene?»
Que el papá venga es una posibilidad remota hoy. Lo viene prometiendo desde que Eva estaba en la panza así que todo está dentro del plano de lo que no pasó y tal vez no pasará. «¿Y si algún día ella te pide ir a verlo?», preguntan algunos. «Iré con ella. No la voy a dejar sola nunca», es mi convicción. ¿Miedo?, no ya. Como un chiste y no tanto, muchos se ofrecieron como guardaespaldas para defendernos si algún día fuese necesario. ¿Incertidumbre?, tal vez. No sé qué pasaría si algún día el papá de Eva vence al supuesto gualicho, abandona el skype y aparece en Buenos Aires queriendo cumplir con su rol.

Frase 7: «¿Cómo hacés con todo sola?»
Se puede. La plenitud doblega al cansancio. Siento que estoy transitando mi época dorada. El otro día, volviendo con ella a upa bajo la llovizna y con los brazos semiacalambrados me salió –como siempre– llenarla de besos mientras tomaba aire para llegar a casa. El amor tiene una fuerza arrasadora. Hace años que no me quejo porque no tengo motivos. Si Eva está bien, tirame una bomba nuclear encima que no pasa nada. Sigo. Me siento iluminada por sus ojos y su mirada. Ella está ahí.

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Situación 1: Eva se levantó a las 5

¿Qué harías vos si tu hija o tu hijo te dice a las 5 de la mañana que quiere levantarse para ver cómo sale el sol? ¿Qué hacés si insiste, da vueltas en su cama, se quiere pasar a la tuya y no podés recurrir a un ´andá con papá o preguntale a papá´ para que la cosa sea compartida y tal vez puedas seguir durmiendo unas horitas más?

imageLa madrugada del video volví a rezar (si mi Dios hablara diría que está estresadísimo). Lo hago desde que Eva tenía solo meses con cada «insomnio infantil» (no son muchos, no me puedo quejar) y en momentos de incertidumbre y debilidad. También para agradecer. Desde que quedé embarazada volví a creer. «Padre nuestro que estás en los cielos…» y después un pensamiento más terrenal: «esto no me puede estar pasando… que siga durmiendo por favorrrr».

La noche te baja la guardia, te vuelve vulnerable. Esa madrugada no tuve las fuerzas ni la autoridad para retarla ni para retenerla en ninguna cama. Los rezos y los pensamientos positivos no alcanzaron. Respiré y me levanté. Me reí de la situación. Muchos cuestionan mi optimismo con todo. El optimismo me salvó de muchos pozos. Esta vez ayudó también sumado a la magia del Verano que lo colorea todo.

Nos fuimos al living frente al ventanal. Aclaraba. Vimos juntas la salida del sol. Ella fue con su almohada fetiche, viejita y con funda azul. Yo mantuve los ojos entreabiertos con la esperanza de que se produjera el milagro y se volviera a dormir. Me fui a las 9 y bailaba. Se durmió a las 10 en su cama. Es regla a toda hora. En eso no cedo.

imageCuesta ser la buena y la mala de la película en la misma casa. Cada decisión mínima o máxima te ubica frente a espejos culturales y familiares y frente a tu propio espejo. Te pueden dar muchos consejos –¿quién no consultó alguna vez las páginas que te dicen qué hacer frente a un berrinche?– pero la que está frente a una u otra situación sos vos.

«No podés dejarla que se levante a las 5. Si la dejás ahora después se te va a complicar», me pusieron contra las cuerdas hace poco cuando conté el episodio. Es cierto lo de los límites. Es cierto también que, seas mamá soltera o no, a las mujeres nos sale en general más el beso, la contención y el Sí que el gesto duro, la mirada drástica y el No. Muchas veces no tenés claros tus propios sí y no.

Este fin de semana se repitió la escena y me agarró con más energía. Siempre hay una nueva oportunidad:

-«Mamá, viste que es de noche» (ella con voz tierna)
-«Sí mi amor, hay que seguir durmiendo» (yo)
-«Vamos para allá (living) hasta que salga el sol?» (ella con la misma voz tierna)
-«No hija, hay que seguir durmiendo» (yo)
-«Dale mamá!» (ella, no tan tierna, llanto incluído)
– No (me hice la dormida, ella lloró un poco más)

Siempre duelen las lágrimas de un hijo. Finalmente Eva se resignó, se durmió, nos dormimos.

Hay blancos, grises y negros en las decisiones cotidianas. Sigo con dudas pero tengo certezas: si pudiera contar los besos que le di a mi hija desde que nació me quedaría sin días. Le puede faltar un papá cerca, tengo que pulir mi autoridad! pero no le falta mi amor. Compartí y comparto con ella más besos que palabras. Además, claro, como ¿estúpida? optimista creo que siempre vuelve a salir el sol.

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