Situación 3: Eva empezó sala de 3

Viernes pasado, mañana de sol..

– Eva!
– Sí, mamá…
– Te quería contar algo lindo. Mamá se tomó una semana de vacaciones para acompañarte en la vuelta al jardín. ¿Viste que arrancás la sala de 3?!!! ¿Estás contenta?

Esperé una sonrisa. Una palabra. Un gritito de emoción. Algo.

– No, mamá. Va Lili (la mujer que empezó a cuidarla desde el 1 febrero!!!). Vos vas a trabajar.

Fin de la cita. O principio de la catarsis.

El operativo “retorno al colegio” empezó exitoso. Mi hija ya entendió cómo se mueven las piezas en nuestro tablero. Se acostumbró a que la acompañe al jardín la persona que la cuida mientras yo no estoy. Lili sonrió ancha cuando le conté el diálogo con Evangelina.

Cada inicio de ciclo es un volver empezar para ella y también para mí. Ella lo toma con alegría y libertad. A mí se me remueven un montón de cosas aunque también me libera de viejas y nuevas preocupaciones. Pasa desde que nació: Eva da cada paso con felicidad y sin un problema. Es como que entendiera todo.

Ayer fue el gran día. Caminamos hasta el jardín. La zona del Congreso estaba vallada por la apertura de sesiones y no había otra chance que llegar a pié. Con Eva a upa en varios tramos, fui procesando la emoción de los nuevos principios.

A una cuadra de la entrada, la bajé y fuimos coreando “Olé, olé, olé, olé, Eva! Eva! hasta llegar (Sí, se dieron vuelta varios, pero no importa). Subimos varias escaleras hasta llegar a la sala “Canguros”. Ya había varios de sus amigos sentados en las mesitas o a upa de sus papás y mamás, los mismos de las reuniones y de los grupos de chat.

imageElla, como siempre, observó el panorama y después avanzo. La perdí entre juegos y diálogos con sus amigos Clarita y Franco y las seños. Pude verla en su mundo sin ningún peso sobre mi espalda. La vi armar torres altas, intercambiar preguntas y respuestas con Eva (una de las maestras se llama como ella) y calmar a su amiga Clarita cuando lagrimeaba.

Lili se quedó de guardia por las dudas aunque creo que no hacía falta. Me fui a la esquina con otra mamá a tomar un café. Como el año pasado, me preguntó por el papá de Eva. Como un disco repetido, le conté que sigue en Africa, que llama seguido, que nada cambió aunque acá todo esté cambiando todo el tiempo. Hay ausencias que se sienten pero que ya no duelen. Estoy mucho más liviana.

Eva salió radiante y enérgica. Se sacó fotos con sus amigos, conmigo, saludó a todos, volvimos a casa.

Es maravilloso acompañar a tu hijo en sus nuevos principios y ver cómo crece y empieza a caminar solo sin vos como un bastón.

Hoy entró feliz como ayer y me hizo un berrinche a la vuelta así que creo que estoy sobrando. Siguiendo su sútil consejo, la semana que viene vuelvo a trabajar.

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