“Quiero viajar a darle un beso a mi hija”

– Te quería hacer una pregunta, escribe Amadou por chat.
– Sí, decime.
– Yo lo único que quiero es que estemos juntos. Ustedes son mi familia.
– Linda película. La realidad es otra cosa.
– Por eso. Ahora estoy bien de salud. Mi hermano me puede sacar el pasaje para ir a la Argentina. Necesito que me mandes una carta de invitación para poder viajar. Quiero estar cerca. Necesito darle un beso a mi hija.
– Dejame ver…
– Dale. Espero tu respuesta.

¿Y ahora?

Promesas y palabras

No es la primera vez que Amadou dice que quiere viajar a Buenos Aires. Si algo hizo en estos años fue sostener que, ni bien se sintiera bien, iba a hacerlo. Todo quedó siempre en el plano de las promesas y de las palabras. Gualicho va, gualicho viene, ninguna definición. Esta vez también son palabras pero siento que habla de ´algo posible´.

Recuerdo la última vez. Fue hace más de un año creo. Me dijo que estaba averiguando viajar vía Brasil. Que todos los senegaleses hacían ese camino. Y ahí quedó la cosa. Hasta ahora.

El reflejo es inmediato. Cada supuesta intención de venir repercute en mi cabeza como la turbulencia en un vuelo. Por dentro decís que no va a pasar nada pero igual querés que el avión se estabilice lo antes posible. La turbulencia de Brasil me impactó más que esta última ¿Será que estoy mejor sentada en mi asiento?

Preguntas
De cualquier manera, se enciende la alarma y las preguntas:
¿Qué puede pasar si viene?
¿Cómo reaccionará Evangelina? ¿Le hará bien?
¿Siempre es mejor que un papá esté cerca?
¿Podré tener la libertad mental y real para manejarme con mi hija por la vida como ahora? ¿Me cargaré de nuevos temores?

Mientras pienso qué hacer y frente a sus nuevos mensajes, le pregunté concretamente cuál es su plan. Me dijo que no me preocupe por él, ni por el vuelo, ni por nada. Que él se ocupaba. Que le mande una carta de invitación y ya. Que él organizaba todo en Marruecos donde está la embajada argentina más cercana (y más amable) a Senegal. Hay otra en Nigeria pero Nigeria se volvió una ´peligrosa zona de guerra´ en distintos sentidos.

Nada es ni va a ser lo que fue hace cinco años. Ya no somos los mismos.

Pasará. Sé que en algún momento él va a conocer a Evangelina. Acá o en algún lugar del mundo. En meses, años o décadas. Con carta de invitación o no. Lo sé desde que Eva estaba en mi panza. Amadou no se tiró al océano en una balsa ni se subió de polizón a un barco para venir a Buenos Aires pero no creo que se resigne a no darle un beso a su sangre a lo largo de su vida. Y ahí, claro, como siempre, estaré yo. La nueva yo que nació con mi hija.

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