Un día, mil paradas

– “¡Vení a la parecita, Mamá!”
– “Ahí voy, hija”

Parada 1
Es domingo. Estamos esperando el 168 en la primera escala hacia el conurbano. Hace un calor tropical en la ciudad. El bolso celeste pesa (como siempre). Desde que Evangelina nació cargo con bolsos y mochilas de distintos colores y tamaños con varias mudas y para todos los climas… Mi problema crónico de cervicales vive hoy más que nunca.

Parada 2
Eva sube y corre hasta el final del colectivo. La frena mi aullido. Le gusta correr y sentarse en los asientos del fondo. Sí, los que saltan. Nos sentamos. El aire acondicionado (¿y el aullido?) aplacan a `la fiera´.

Parada 3
Llegamos a Constitución. Los carteles dicen que el próximo tren se va en tres minutos. Es de los nuevos, con aire también. Eva disfruta de correr de mi mano hacia el primer vagón. Yo, de ver la estación levemente más limpia que en mi época de viajes sin Eva.

Parada 4
Nos dejan el asiento. Siempre nos sentamos. No sé si por Eva o por la piedad de los que me ven venir en la versión “Mamá Ekeko”. Arrancamos. Eva me pide el celular y empieza a sacar fotos a los personajes del vagón. Quedan retratados un pibe pelilargo con sus auriculares y un señor panzón de remera verde. Y nosotras, claro.

Parada 5
Mientras llegamos a Lomas, leo, sonrío y aprovecho para darle a Eva los besos y las caricias que quedaron perdidos en la semana. Ella se concentra en los videos y tararea las canciones de Moana en un inglés propio. Disfruto de esa postal repetida. Cada una es profundamente lo que es por un instante.

Parada 6
Reconozco el aire de mi ciudad. Las pasarelas que van hacia Fonrouge son las mismas que hace décadas, igual que los colectivos, siempre rústicos y demorados… Podríamos tomar un remis pero ahí viene el 266… Me da cierta nostalgia también transitar con mi hija los caminos laberínticos y arbolados hacia la ahora “Casa de los Abuelitos”.

Parada 7
El raid se detiene en el preciso instante en que cruzamos la puerta de entrada y Eva pasa a ser una especie de heroína amada por primos, tíos y abuelos. Yo relajo. A veces demasiado. Las siestas en la que fue mi cama de la niñez/adolescencia promedian las dos horas.

Parada 8
En un momento emprendemos el camino a casa con las paradas a la inversa. De nuevo en el tren, Eva escucha a un nenito de su edad cantar una de amor en el pasillo.`Estoy enamorado y tu amor me hace grandeeee…´ Llegan los aplausos y el chico recibe unas monedas.
– “Mamá, yo también quiero cantar”
– “No, Evangelina. A los chicos los mandan los papás como si fuera un trabajo. Y los chicos no tienen que trabajar, tienen que jugar”.
– “Pero yo quiero cantar…”
Se para. Lanza unos tímidos acordes. Algunos pasajeros se ríen. Llegamos a Constitución.

Parada 9
En el 12, mientras cargo energía dándole más besos, pienso en todas las opciones a las que podría recurrir para hacer el camino más corto y rápido. Combi y taxi, sí. Auto, puede ser… De hecho muchas veces nos llevan y nos traen cuando mi versión de “Mamá Ekeko” se transforma en “Mamá símil Mudanza” o “Mamá agotada”. Pero hay un pensamiento superador que me ilumina como un rayo de luz.

Es la parada 10
La que habla del día en que Eva viaje sola, cerca o lejos, adónde quiera ir. Cuando llegue ese día, reconocerá cómo hacerlo porque va a tener una memoria de viaje añeja y variada. Sé que sabrá llegar al castillo en la montaña. Siempre me alienta estar preparándola para la vida.

Por ahora, No

Averigué cómo es el tema de la carta de invitación para que Amadou pueda venir en algún momento a ver a su hija. Mi gen ansioso muchas veces me lleva a querer tener respuestas antes de procesar mis propios procesos.

Como si fuese un desafío periodístico pero que me involucra personalmente, avancé en las tinieblas con las averiguaciones. Me escuché transmitirle a un contacto en Migraciones nuestra historia o parte de ella. Me escuché con mucha menos convicción que hace dos años, por poner un plazo.

“Diste con la persona indicada. Soy de esas personas que resuelven estos casos”, me dijo con calidez el hombre al teléfono. También me explicó lo que en parte supe siempre por sentido común.

La carta debería ser escrita en español y en francés, idioma matriz en una parte de Africa. Tendría que remontarme a Atenas y contar todo desde el origen. Decir cómo conocí a Amadou, cómo fue nuestra relación y confirmar que es el papá de Evangelina. Explicar que quiere venir a verla. Que nunca pudo hacerlo por distintas razones. Que yo valido que viaje. “Aunque hoy él existe, no existe para la ley”, avanzó.

Me comentó que el trámite podía demorar un tiempo pero en definitiva sería sencillo que pise la Argentina. Que si no era por la vía de la carta, se podían apelar a las infinitas convenciones que promueven que el niño esté con su mamá y su papá.

“¡Qué historia la tuya!”, deslizó el hombre de Migraciones. “Soy papá y entiendo todo. Sea el papá que sea, siempre es bueno que esté cerca de su hija”.

Me quedé metida como en una nube oscura después del avance. Formularlo es sencillo pero… Detuve el impulso inercial de hacer lo que me había pedido el papá de mi hija y de a poco, por dentro, fui poniendo mis reglas. Empecé a decirle que “Por ahora, No”.

Por ahora, No. Porque no puedo sentarme a escribir la carta. Porque no tengo ganas de hacerlo.

Por ahora, No. Porque no quiero hacer ningún esfuerzo más.

Por ahora, No. Porque Eva es muy chiquita, porque no sé cuánto puede impactar en su vida y en su cabeza el desembarco de su hasta ahora papá por skype y de su cultura, tan distinta a la nuestra.

Por ahora, No. Porque no quiero abrir una nueva puerta sin saber bien qué hay del otro lado.

Por ahora, No a mi carta. Quizá más adelante. O tal vez Amadou encuentre otra manera de cruzar el océano que hasta ahora no se animó a cruzar. Pasará, lo sé. Pero por ahora, No.

Es una manera de enarbolar otra vez una de mis banderas profundas: ser fiel a lo que siento. Hace cinco años crucé yo varias veces el océano para verlo. Sin dudas y por amor. Evangelina era un proyecto. Hace cuatro o tres años, con Eva bebé, sentía que todavía era un Si. Que podía mover las fichas adecuadas para tenerlo cerca nuestro. Y ahora siento que No.

Iba a comunicárselo a Amadou en estos términos. Todavía no pude. Hace un mes que no aparece. A veces la vida se encarga de darte también respuestas.

Elba, la Mamá chef de Agustina

“Ser madre soltera es un desafío que me costó mucho afrontar”

¿Cómo sos como mamá?
En esta nueva etapa de mi vida, ser mamá me demostró que no existe felicidad tan grande como la que estoy viviendo al lado de Agustina. Si antes estaba muy contenta, no se compara con el momento que vivo hoy. Vivo cada día como si fuera único, tratando de dar lo mejor de mí para mi bebota, mimándola de múltiples maneras pero sobre todo aprendiendo juntas a vivir felices. Siempre me imaginaba que cuando llegara el momento de ser mamá, iba a ser súper protectora y amorosa. Dicho y hecho, fue así: es mi tesorito.

¿Cuál fue el momento más difícil desde que ella nació?
Desde que nació Agustina un momento difícil fue cuando dejé de darle pecho. Era una conexión especial con Agus y por cuestiones de salud tuve que dejar de hacerlo. La separación fue más impactante para mí que para ella. Todavía siento tristeza.

¿Quiénes te ayudan a cuidarla? ¿A quiénes les tenés confianza?
Las únicas personas que la cuidan son mi familia y el padre, que le tengo confianza. Ellos son las personas que darían todo por mi bebota. Hasta el día de hoy demuestran que es así.

¿Te sentiste alguna vez sola durante este tiempo?
Durante todo el proceso de embarazo, nunca me sentí sola. Siempre estuve acompañada por mi familia, amigas y mis seguidores que me daban ese plus de amor.

¿Cuáles son tus miedos y cuáles son tus fortalezas como mamá?
Mis miedos pasan por el hecho de saber que Agus tarde o temprano tendrá que irse de casa a estar con su papá.

¿Cómo te organizás para seguir con tu trabajo como chef?
Pensé que ser madre iba a repercutir sobre mi trabajo de cocinera que demanda mucho tiempo y dedicación. A la semana que llegó mi bebota a mis brazos decidí que juntas a la par podíamos trabajar. Así lo hacemos día a día.

¿Cómo es tu hija? ¿Se parece en algo a vos?
Físicamente se parece a su papá. Y tiene un carácter muy simpático y amoroso como su mamá. Al ser tan glotona a la hora de las comidas su abuelito dice que son los genes de los Rodríguez. Le gusta estar en brazos, caminar con ayuda, jugar muchísimo, es muy activa. Su manera inquieta es lo que más me gusta. Nunca se va a quedar quieta.

¿Qué deseás para ella?
Le deseo que tenga un corazón noble, solidario, luchador y que nunca se olvide que lo más importante en la vida es ser feliz.

¿Qué deseás para vos?
Es raro desearme algo para mí pero sí me gustaría verla crecer lo suficiente, que pueda estar con ella y protegerla. Acompañarla hasta que ella misma pueda enfrentar sola la vida.

¿Qué deseás para las dos?
Todavía no terminamos nuestra casa, es algo que deseamos realizar lo antes posible, que tengamos nuestro propio lugar.

¿Volverías a ser mamá soltera?
Ser madre soltera es un desafío que me costó mucho afrontar, no se lo deseo a nadie. En mi caso, no fue una elección compartida solo me quedó aceptar. Estando embarazada tuve que tomar riendas y seguir junto a mi bella. La cuidé en todo momento para evitar cualquier complicación cuando estaba en la pancita. Ya no era solo lo que sentía sino que tenía otro corazoncito dentro mío. Esa fortaleza fue la que me ayudó muchísimo siempre.

¿Te arrepentís de algo?
Muchas veces me planteé si me arrepiento de algo y la respuesta la encontré en Agus. Todo lo que pasé valió la pena, por que gracias a ello tengo a mi reina en brazos.

Cómo conocí a Elba
Supe de Elba y su historia cuando mi hija era apenas una bebita. Ella se había consagrado en Masterchef, quedó embarazada tiempo después y decidió hacerse cargo de todo sola. Un día de no hace mucho me propuse encontrarla. Descubrí que era de Lomas de Zamora como yo. Que a sus 26 años había podido, que seguía cocinando ahora con una asistente de lujo: su hijita y que era muy feliz. Es cierto que las respuestas a muchas preguntas las encontramos en nuestros hijos. ¡¡¡Gracias Elba!!! ¡Nos encontramos en alguna comilona!

“Quiero viajar a darle un beso a mi hija”

– Te quería hacer una pregunta, escribe Amadou por chat.
– Sí, decime.
– Yo lo único que quiero es que estemos juntos. Ustedes son mi familia.
– Linda película. La realidad es otra cosa.
– Por eso. Ahora estoy bien de salud. Mi hermano me puede sacar el pasaje para ir a la Argentina. Necesito que me mandes una carta de invitación para poder viajar. Quiero estar cerca. Necesito darle un beso a mi hija.
– Dejame ver…
– Dale. Espero tu respuesta.

¿Y ahora?

Promesas y palabras

No es la primera vez que Amadou dice que quiere viajar a Buenos Aires. Si algo hizo en estos años fue sostener que, ni bien se sintiera bien, iba a hacerlo. Todo quedó siempre en el plano de las promesas y de las palabras. Gualicho va, gualicho viene, ninguna definición. Esta vez también son palabras pero siento que habla de ´algo posible´.

Recuerdo la última vez. Fue hace más de un año creo. Me dijo que estaba averiguando viajar vía Brasil. Que todos los senegaleses hacían ese camino. Y ahí quedó la cosa. Hasta ahora.

El reflejo es inmediato. Cada supuesta intención de venir repercute en mi cabeza como la turbulencia en un vuelo. Por dentro decís que no va a pasar nada pero igual querés que el avión se estabilice lo antes posible. La turbulencia de Brasil me impactó más que esta última ¿Será que estoy mejor sentada en mi asiento?

Preguntas
De cualquier manera, se enciende la alarma y las preguntas:
¿Qué puede pasar si viene?
¿Cómo reaccionará Evangelina? ¿Le hará bien?
¿Siempre es mejor que un papá esté cerca?
¿Podré tener la libertad mental y real para manejarme con mi hija por la vida como ahora? ¿Me cargaré de nuevos temores?

Mientras pienso qué hacer y frente a sus nuevos mensajes, le pregunté concretamente cuál es su plan. Me dijo que no me preocupe por él, ni por el vuelo, ni por nada. Que él se ocupaba. Que le mande una carta de invitación y ya. Que él organizaba todo en Marruecos donde está la embajada argentina más cercana (y más amable) a Senegal. Hay otra en Nigeria pero Nigeria se volvió una ´peligrosa zona de guerra´ en distintos sentidos.

Nada es ni va a ser lo que fue hace cinco años. Ya no somos los mismos.

Pasará. Sé que en algún momento él va a conocer a Evangelina. Acá o en algún lugar del mundo. En meses, años o décadas. Con carta de invitación o no. Lo sé desde que Eva estaba en mi panza. Amadou no se tiró al océano en una balsa ni se subió de polizón a un barco para venir a Buenos Aires pero no creo que se resigne a no darle un beso a su sangre a lo largo de su vida. Y ahí, claro, como siempre, estaré yo. La nueva yo que nació con mi hija.

De Reyes y Deseos

Miércoles 4 de enero a la noche

– ¡Mamá! ¡Nos olvidamos de escribirle la carta a los Reyes!!!
– Uh… ¡Tenés razón! ¡Vamos a escribirles!

Hojas de cuaderno a mano, lapicera, garabatos y definiciones:

Eva:
– “Queridos Reyes Magos: me llamo Evangelina. Quiero que me traigan una muñeca que tome agua y haga pis, una troll Poppy y una bici y unos patines para Mamá!”
– Eva, tranqui… ya tenés vos patines y bici… yo ya soy grande…
– ¡Pero Mamá! ¡Papá Noel no te trajo los patines! ¡Pedilos!
– Bueno, vemos más adelante…

Yo:
“Queridos Reyes Magos: les pido que le traigan a Eva todo lo que ella pidió…”

Se pudrió.
– ¡Mamá! ¡No pidas para mí! ¡Pedí para vos sino no te van a traer nada! Yo tengo mi carta y vos la tuya.

Silencio realista.

– Dale… “Y además, quiero un chocolate y un sombrero. Un beso y gracias! Valeria.”

En las siguientes 24 horas, además de comprar los nuevos regalos, lo hablé con mi psicóloga. Primero charlamos de mi tendencia de “madre de hija única” que cree que su pequeña hace todo bien. Aunque hay cosas que son ciertas, por momentos me siento entre soberbia y exagerada. De broche de sesión, hablamos del ´episodio Reyes´.

– El mensaje es claro, sentenció. Empezá a pensar en lo que vos deseás. Es aburrido que desees todo para ella.

Vapuleada de un lado y del otro pero ¡equilibrada! llegamos anoche a la Noche de Reyes.

Armamos el kit mágico adaptado y nos fuimos a dar una vuelta nocturna en bici. Mientras tanto, los camellos se adelantaron unas horas (hoy me tenía que ir temprano, Eva duerme hasta tarde y no quería perderme su carita).

Cuando volvimos pasada la medianoche, ohh sorpresa!! los señores de corona y capa se habían comido todo y llevado hasta los tuppers y vasitos de plástico. Mis vecinas Patricia y Claudia hicieron un trabajo perfecto. Sobre nuestros zapatos dejaron el combo anunciado en las cartas!!!

Cuando a Eva le tocó abrir el paquete más grande pensó que, quizá, ahí estaban mis patines. Después, se olvidó de todo al encontrarse con su esperada muñeca.

Hay instantes que se detienen para siempre en algún lugar. Estoy segura. Y otros que no se pueden frenar. Tal vez tenga que comprarme simbólicamente los patines.

El juego de las semejanzas y las diferencias

Maldita costumbre la de encontrarle parecidos a los hijos. Son ellos, son únicos y sin embargo, es inevitable: te buscás en ellos y te encontrás o encontrás a su papá (aunque no lo hayas visto personalmente nunca más).

¿Evangelina tiene mi boca o la de su papá?
Desde la panza sabíamos que iba a tener una boca importante. Era fácil acertar. Madre y padre con labios prominentes, hija bocona. Igual creo que ella combinó a ambos en su propia explosión. Eso sí, ahora le gusta pintarse la boca como a mí.

El pelo y el ser canchero
Hace poco me dijeron que Eva tiene pelo 3A… En criollo: afro suave. No hay mucho que agregar. Solo que hace poco Amadou me mandó una foto renovada para la colección que guardo en el cajón de Eva y está otra vez con el pelo largo, rastas modernas y siempre con gorros. Imagino a Eva dentro de unos años probando estilos… A fin de año me pidió una trenza, respiré hondo y algo logré. Poco. Es como si la estuviera viendo… Es canchera, le gustan los peinados y le quedan bien los gorros. Ahí está su papá.

Tiene también su mirada
Muchas veces me mira pícaramente de reojo y es como si lo estuviera viendo. Habla con los ojos. También tiene su gesto de sorpresa y una sonrisa amplia que aparecen de repente. El parecido me hace reir. Más allá de su inexistente rol como padre, me queda un buen recuerdo del Amadou antes de Eva. El sabe que tiene su mirada y sostiene que me ve a través de ella.

¿Mi elasticidad?
Hace poco mi amiga Alejandra me recordó que de chica yo era muy elástica. Lo había olvidado y es verdad: me salían bien los puentes y las verticales, me abría de piernas sin dificultad… pero la base siempre fue mi voluntad. En Eva todo es natural. El sábado hizo un puente sobre el colchón y casi me infarto. Su juego preferido hoy es abrirse de piernas en el piso y en el aire. En eso y otra vez nos mixturamos con su papá. Para él el deporte era (no sé ahora) la extensión de su cuerpo. Ella despliega destreza todoterreno y al extremo. Se mueve como un pez en el agua aunque no sabe nadar. Al verla, recuerdo a Amadou en los mares griegos nadando en lo profundo. ¿Yo? tirada en la arena tomando algo y admirándolo. Como ahora con Eva.

Es perseverante pero intolerante
Se los digo a mis hermanos y ellos se ríen pero lo siento sinceramente. De los cuatro hermanos siempre fui la menos inteligente pero sí la más insistente. Eva heredó de mí la perseverancia. Hace días que intenta con un saltarín que quiso que le comprara. Se cae y se levanta. Llora y se vuelve a caer y se vuelve a levantar. Eso sí: no tolera que algo no le salga como ella quiere. Suele ser intolerante. Muy. Como su papá cuando llama fuera del “pautado sábado al mediodía” y no lo atiendo. O como yo, con cada frustración.

Sigue sin tenerle miedo a casi nada
Y ahí es ella. Su papá le tenía miedo a los perros (imaginateee!) y está claro que le tuvo terror a su paternidad. Yo también tengo mis miedos profundos. Sigo funcionando física y mentalmente como red para no dejarla caer y ahí está mi gran miedo. Me propuse corregirlo en este 2017. Soltarla en lo que no me necesite. Ella, salvo el temor a algunos bichos, ama a los animales, se ríe de los zombies y de los monstruos… Se trepa a patines y bicicletas sin titubeos. Avanza.

Le gusta el reggaetón
Y ahí tampoco hay rastro directo de nosotros. También el pop en inglés. Desde hace tiempo encontró en youtube un pibito que se llama MattyB y tararea sistemáticamente sus canciones como si supiera inglés. Ahora se le sumaron las Haschak Sisters. Ayer me pidió que las invitara a casa. Es lógico: todas las noches en Congreso se apagan las luces y hay show.

Ya casi nadie me pregunta por Amadou. Sí me preguntan por qué todavía no lo desaparecí si Eva es feliz sin él. Es una pregunta que antes me respondí a mí misma. Aunque quisiera y aunque se lo merece al infinito, no puedo ningunearlo u odiarlo. El sigue estando y va a estar siempre en nuestra hija.

Bloqueo y desbloqueo

Primero fue Badou desde Alemania. Después, Mustafá desde Senegal. Ambos amigos de Amadou, ambos con el mismo discurso: “El está muy mal porque no sabe nada de la nena ni de vos”. Y yo: “Díganle que no se preocupe, que estamos bien. Tiene mi teléfono. Ya está grande para tener voceros”.

Puede sonar temerario bloquear a alguien en el celular y más si se trata del papá de tu hija. También es cierto que además del gratuito whatsapp hay miles de maneras no gratuitas de comunicarse. Y Amadou no quiso verlas durante más de dos meses.

Desde el principio, mi psicóloga le puso palabras a mi bloqueo: “cortaste la historia después de un largo proceso de escuchar cosas que no querías escuchar. No cortaste la comunicación con su hija. Ya pagaste muchos costos, económicos y no económicos (los más difíciles para mí). Tal vez de eso se trate. De sus costos”.

Después de “no” pensarlo mucho, decidí abrir la última chance de mantener una comunicación adulta por el bien de nuestra hija. Sin avisar nada, una noche cercana lo desbloqueé. Horas después, como si hubiera estado mucho tiempo mirando el celular, llamó cuando -me dijo después- me vio en línea.

– ¡Hola! ¿Cómo estás? ¿Cómo están? Pasó mucho tiempo…
– Claro ¡Bien!
– No me podía comunicar…
– Ahh… Ahí te paso con Eva.
– Ok!
– ¡Hola amor mío! ¿Cómo estás? ¿Todo bien? ¡Te amo mucho!
– Hola! Bien, comiendo chocolate!
– Ahh!!! Chocolate!!!
– Sí ¿Por qué no venís mañana?
– (no entendió) ¡Te amo mucho amor! Te extraño.
– Yo también te amo.
– ¡Sos mi amor, sabés!? ¡Te amo!
– ¿Otra vez? Bueno… Bye!

– Mamá!!!
– ¿Qué Eva?
– Le corté.

Amadou insistió. Evangelina ya no quiso hablar. Cuando yo también iba camino a cortarle empezó a tirar sus frases tan repetidas en estos cuatro años como ciertas: “Nuestra hija es la hija que todos quisieran tener”, “Es un regalo de Dios”, “Hay miles de parejas que quieren tener un hijo y no pueden…” Para cerrar, reflotamos algunas reglas: la primera, hablamos por teléfono los sábados al mediodía. La segunda, no se habla de nosotros. Aceptó.

Corté y él empezó a escribir, algo que nunca había hecho antes. Filtró por whatsapp una carta de amor que me había escrito en el ´tiempo de bloqueo´, me mandó un tema nuevo también de amor de Youssou Ndour (uno de los ídolos en Senegal) para ponerle a Eva cuando no pueda dormir… Me pidió que le mandara videos y fotos del acto de cierre en el jardín… Raro y tragicómico.

La última comunicación fue el jueves en medio del acto de Evangelina y cuando ella acababa de bailar. También por whatsapp…

– Hola, ¿Cómo están?
– Estamos así…

(Si estuvieras acá hubieras visto a nuestra hija al frente de una fila de cabezas bajitas… La hubieras escuchado preguntar cuando terminó el festival: “¿Y? ¿Cómo bailé?”, canchera como siempre… Hubieras sentido la emoción y el orgullo infinito que un padre siente cuando ve crecer a un hijo íntegro y feliz…) Preferí el silencio. Fin del chat. Cierre de otra etapa en la vida de nuestra hija.

– Hola! ¿Vos sos la mamá de Eva? (se me acercó -mientras pensaba en todo esto- una abuela preciosa, tan dulce como las mías)
– ¡¡¡¡Sí, claro!!!!
– Te felicito por la hija que tenés.

Juana, la Mamá de Toro

“Deseo poder sostener esta familia y agrandarla”

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¿Cómo sos como Mamá?
Como mamá dirá Torito cómo soy… Te puedo decir que intento ser lo mejor para él, darle todo lo que siento que necesita y estar para él, entregada, con mi cuerpo y mi todo.

¿Encontraste una versión tuya diferente a la que eras antes de que naciera Toribio?
¡¡¡SOY OTRAAAA 100%!!! Si bien siempre fui súper maternal y muy mamá de mi hermano, de mis amigos, de todo el mundo y eso, por supuesto, sabía que me saldría aún más con mi propio hijo, cambié mucho. Un poco desde el embarazo, pero aún más con su nacimiento.

¿Cuál fue el momento más difícil desde que él nació?
El momento más difícil creo que fue el primer mes, pero no con mis “deberes” como mamá. Con el gordo me arreglé siempre muy bien, fluímos bárbaro de entrada. Pero la revolución hormonal y emocional es muy fuerte. En mi caso al menos lo fue, me desestabilicé. Pensé que iba a poder con todo y repito que con el gordo pude y puedo todo. Pero necesité que me sostengan a mí.

¿Quiénes te ayudan a cuidarlo? ¿A quiénes les tenés confianza?
Mi mamá y mi hermano me ayudan bastante. Por ahora lo dejo solo dos veces por semana con mamá, una hora y media para ir al gimnasio, porque solo toma teta y es un gordo glotón, toma seguido. Pero estando en la casa de mi vieja lo tienen mucho mi hermano y la novia y mi vieja. Ahí relajo un rato los brazos y puedo hacer alguna cosita para mí como por ejemplo bañarme más tranquila. Cuando voy a visitar a mi viejo me lo saca de las manos y también a él y a Flor se los doy re tranqui.

¿Te sentiste alguna vez sola durante este tiempo?
La verdad que no me sentí sola, no lo pensé … pero te diría que no.

¿Cuáles son tus miedos y cuáles son tus fortalezas como mamá?
Mi miedo más grande es que él no esté bien. Yo doy y daré todo toda la vida para que eso no pase pero nos excede. No sé como podría soportar verlo sufrir. Y un poco de vértigo me da el momento en que se venga la charla de nuestra familia y cómo lo concebí. Pero me asesoraré con psicopedagogos en su debido momento. Mi fortaleza es mi amor y mi entrega absoluta.

¿Qué pensás cuando te levantás a la madrugada a darle la teta?
¡No pienso! ¡Apenas abro un ojo! Pero en general cuando toma teta lo miro y lo miro.. Pienso en lo genio que es, en cuánto lo amo, lo lindo que es… Baba y más baba…

¿Cómo es Toribio? ¿Se parece en algo a vos?
Torito es muchísimo más tranqui de carácter que yo, es buenazo. En eso es más bien parecido a mi hermano Bauti. Quizá el hombre en general es más tranqui, no lo sé. Y físicamente es muy parecido a mí, ¡si!

¿Qué deseás para él?
Para él, deseo felicidad absoluta y perfecta salud. Que esté rodeado de amor toda la vida y que él pueda también dar amor. Que sea feliz como él decida pero siempre feliz!

¿Qué deseás para vos?
Para mí, deseo ser la mamá que siempre soñé y la mamá que Toro necesite. Principalmente poder sostener esta familia y agrandarla para que él siempre esté acompañado!

¿Qué deseás para los dos?
Para los dos, deseo seguir siendo así de compatibles y compañeros para toda la vida.

* Juana eligió la foto para este post

Cómo conocí a Juana
Mi trabajo como productora de televisión hizo que en enero de este año le mandara un chat a Juana Repetto pidiéndole una nota cuando contó que estaba embarazada y que, a los 27 años, iba a ser mamá soltera por elección. Con toda la dulzura del mundo me dijo que ya había dicho todo lo que tenía que decir. Que quizá más adelante… Respetando su decisión me despedí de ella diciéndole que la nena que veía en la foto del whatsapp era mi hija y que yo también era mamá soltera. Quiso saber más. Le conté un poco de mi historia. De Evangelina, de Amadou, de Senegal, de mí. Le conté que era la mujer más feliz del mundo. Desde entonces, quedamos conectadas. En realidad creo que Juana se conectó con Eva y sus rulos y, a través de ella, se conectó conmigo. Siempre hay principios y el principio de todo fue otra vez mi hija y su don para abrir mis puertas. Con “Juana, la Mamá de Toro” arrancan las Charlas de Mamás Solteras. ¡¡¡Gracias Juanita!!!! ¡¡¡Que sigan cumpliéndose todos tus deseos!!!

Mi amiga la Ansiedad

¡Hola mi querida! Aunque fuiste cambiando con el tiempo (como yo) sé que estás ahí. Desapareciste de mis almuerzos y mis cenas y te hiciste débil entre muchos de mis eternos miedos. Sin embargo, te fortaleciste con mi maternidad. Fuiste ingeniosa para colarte primero entre chupetes y pañales y ahora entre mochilas, juegos y cumpleaños. Tan ingeniosa que hoy no sé si es tan malo que convivas con nosotras.

placard1Empecemos por lo último, amiga Ansiedad. Me incentivaste a comprar un mes antes los regalos de Navidad y Reyes para Evangelina y lo lograste. Ya están escondidos en el placard altísimo de nuestra habitación, cerca de la ropa de invierno de Eva. Sí, también ya seleccionamos lo que tiene para la temporada fría de 2017.

Hubo algo antes. Seguramente te acordarás y te reirás. Sí, sí… lo de octubre. Me llevaste a comprar a Once casi todo el “merchandising” para su cumple de 4. Seis meses antes ya tenemos bolsitas, servilleteros, carteles, piñata y globos con la cara y/o los colores de la Doctora Juguete… Hace mucho que Eva la quiere para su fiesta y espero que no cambie sino no sé que voy a hacer con todo el cotillón.

Ah! Me olvidaba. Las compras las hice con mi mamá y se ve que la contagié… Como no encontramos la serpentina y la espuma que buscábamos, se ocupó de comprarlas en Lomas con vencimiento 2018. Todo quedó también guardado en el placard. Trato de mantenerlo cerrado… Sobre todo, después de sufrir algunas avalanchas de regalos, ropa y globos…

Sé que no será lo último que harás (haremos). Te conozco bien. A fines de diciembre, cuando ya estén las listas de útiles para el jardín versión 2017, me preguntarás por qué no los compramos… Y lo haré seguramente, convencida de que me estoy ahorrando unos mangos…

Querido Papá NoelA veces no sé si sos vos o si es mi otra amiga, la Responsabilidad. Ella se potenció al extremo con la llegada de Eva. Ambas saben que, dentro de mis posibilidades, trato de adelantarme a todo para que a Eva no le falte nada. Igualmente chicas, colaboren… bajen de vez en cuando la intensidad…

Para ser justa, no creo que sean (seamos) las culpables de todo… A veces pienso que en esto mete también su cola el huracán “Tiempo” y que estamos librando juntas una batalla contra él… Realismo, amigas. Más allá de nuestra voluntad, a ese tirano es imposible ganarle.

¿Somos mamá y papá a la vez?

img_6516Cuando Vale me invitó a esta colaboración enseguida lo tomé como un desafío. ¿Qué tengo para decir sobre la maternidad “soltera”? ¿Qué podemos decir o pensar desde la Psicología, desde el Psicoanálisis, sobre las mujeres que -a favor o en contra de su voluntad- se encuentran con un hijo al que se ven en la necesidad de criar sin una pareja al lado?
Sin dudas es un tema que despierta una sensibilidad particular: quizás porque desafía estereotipos (mamá + papá + hijo + hija); quizás porque roza un tabú que -aunque miremos para otro lado, fingiendo que no- aún tiene mucho que ver con nosotros.

Ser mamá sin pareja: ser mamá “soltera”

“Las reglas están para romperse” decían por ahí y repetíamos de adolescentes. Y quizás de algo de esto se trata. La cuestión es cuando una parte nuestra está muy decidida a romper esas reglas, mientras que otra parte no está tan de acuerdo – y prefiere quedarse en lo aprendido, en lo que sabe que “está bien”, en lo tradicional y “seguro”. Pero romper con lo establecido, en este caso el ideal tradicional de familia moderna, tiene sus pros y sus contras.

El ideal y la culpa

“El ideal”, desde la Psicología, no es algo que vamos a decidir. Es algo que vamos heredando, escribiendo, inventando… pero que está más allá de nuestra voluntad. Así es como muchas veces las circunstancias de la vida nos enfrentan a una realidad que no es como nos habíamos imaginado. Y, ahí, la culpa.
La culpa (“sentimiento de culpa”, decía Freud) es lo que se siente en el yo cuando no alcanzamos el ideal. Y ese sentimiento puede ser devastador, cruel y hasta injusto. Es el resultado de no acatar órdenes de nuestro superyó -instancia psíquica kanteana, que nos dice qué debemos y qué no debemos, que nos exige comportarnos “bien”- imponiendo las reglas de qué está bien y qué está mal.

Ser mamá y ser papá al mismo tiempo

Culpógenas y malqueridas, vamos intentando soluciones a nuestro error. ¡Ojo!: muchas veces no somos conscientes de que estos estereotipos viven en nosotras sino que permanecen adentro nuestro de manera inconsciente. Y desde ahí los ideales nos castigan con una angustia que sólo se percibe en los efectos: insomnio, estrés, mal humor, cansancio extremo… Efectos de querer “remediar” la situación como si fuera algo enfermo. Efectos de intentar ser todopoderosa, mamá y papá al mismo tiempo, como si eso fuera posible… Y no lo es.

Un imposible: Ser Mamá y Ser Papá al mismo tiempo

Ser mamá es ser el lugar al que el cachorro pertenece. Es ser momento eterno, es ser alojamiento desde el Amor más infinito del mundo. Esa es la función materna. Cualquier mamá sabe de lo que hablo.
Pero ser papá es algo diferente. Si la función materna es amar tan infinitamente, la función paterna es función de corte. Ser papá no es jugar al fútbol o tomar cerveza. Ser papá es poder decir no. Es un No al amor eterno que nos dejaría pegoteados. La función del padre es poner un límite ahí, al amor infinito.
Y es por eso que no es posible ser mamá y ser papá al mismo tiempo. No se puede ser Amor Eterno y ser límite a ese mismo amor. No se puede ser lugar de pertenencia y puerta de salida.
La función del padre permite que el hijo -algún día- pueda elegir una (otra) mujer, e irse del hogar familiar.

La “función paterna” es una función

Que la función del padre sea una función, tiene que ver con que no es necesario que sea un “Padre” (hombre, pareja de mamá) el que ocupe este lugar. Puede ser un abuelo, una mujer, un trabajo… cualquier cosa que corte esa relación umbilical. Por esto mismo: si bien es imposible que cumplamos ambas funciones, no es que todo está perdido por ser mamás solteras, viudas, divorciadas, homosexuales… Ser mamá es suficiente. Muchas veces nos cargamos este imposible “doble rol” por culpa, por tristeza, por necesidad. Lo cierto es que si insistimos en lo imposible sólo vamos a terminar perdiendo el tiempo y ganando angustia.

La maternidad sin una pareja al lado puede resultarnos compleja, sobretodo si viene a desafiar nuestros ideales o deseos. Es entonces motor de mucha angustia, culpa, y sentimientos que no colaboran en esta nueva tarea que debemos emprender: redefinirnos en una vida como no la habíamos planeado.
Porque de eso se trata: volver a imaginar nuestro futuro, pero diferente a lo que debía ser. Es reescribirnos, reencontrarnos, es un nuevo comienzo en el que debemos improvisar.
Y aunque para la mujer sean otras las nuevas inquietudes, para la mamá todo lo que ha de venir va a ser nuevo y vertiginoso. Ahí está el desafío. Y es inútil e innecesario que cargarse con la presión de un imposible. Ya tenés suficiente con lo que te toca vivir. Ser Mamá es suficiente. Amar a tu hijo con todo el corazón, al infinito, eternizarte con él en cada beso, en cada abrazo. Con eso alcanza. Lo demás… lo demás tiene solución.

* Florencia del Río López es mamá, psicóloga y psicoanalista. Escribe el blog Ser Mamá.

Gracias Flor!