El juego de las semejanzas y las diferencias

Maldita costumbre la de encontrarle parecidos a los hijos. Son ellos, son únicos y sin embargo, es inevitable: te buscás en ellos y te encontrás o encontrás a su papá (aunque no lo hayas visto personalmente nunca más).

¿Evangelina tiene mi boca o la de su papá?
Desde la panza sabíamos que iba a tener una boca importante. Era fácil acertar. Madre y padre con labios prominentes, hija bocona. Igual creo que ella combinó a ambos en su propia explosión. Eso sí, ahora le gusta pintarse la boca como a mí.

El pelo y el ser canchero
Hace poco me dijeron que Eva tiene pelo 3A… En criollo: afro suave. No hay mucho que agregar. Solo que hace poco Amadou me mandó una foto renovada para la colección que guardo en el cajón de Eva y está otra vez con el pelo largo, rastas modernas y siempre con gorros. Imagino a Eva dentro de unos años probando estilos… A fin de año me pidió una trenza, respiré hondo y algo logré. Poco. Es como si la estuviera viendo… Es canchera, le gustan los peinados y le quedan bien los gorros. Ahí está su papá.

Tiene también su mirada
Muchas veces me mira pícaramente de reojo y es como si lo estuviera viendo. Habla con los ojos. También tiene su gesto de sorpresa y una sonrisa amplia que aparecen de repente. El parecido me hace reir. Más allá de su inexistente rol como padre, me queda un buen recuerdo del Amadou antes de Eva. El sabe que tiene su mirada y sostiene que me ve a través de ella.

¿Mi elasticidad?
Hace poco mi amiga Alejandra me recordó que de chica yo era muy elástica. Lo había olvidado y es verdad: me salían bien los puentes y las verticales, me abría de piernas sin dificultad… pero la base siempre fue mi voluntad. En Eva todo es natural. El sábado hizo un puente sobre el colchón y casi me infarto. Su juego preferido hoy es abrirse de piernas en el piso y en el aire. En eso y otra vez nos mixturamos con su papá. Para él el deporte era (no sé ahora) la extensión de su cuerpo. Ella despliega destreza todoterreno y al extremo. Se mueve como un pez en el agua aunque no sabe nadar. Al verla, recuerdo a Amadou en los mares griegos nadando en lo profundo. ¿Yo? tirada en la arena tomando algo y admirándolo. Como ahora con Eva.

Es perseverante pero intolerante
Se los digo a mis hermanos y ellos se ríen pero lo siento sinceramente. De los cuatro hermanos siempre fui la menos inteligente pero sí la más insistente. Eva heredó de mí la perseverancia. Hace días que intenta con un saltarín que quiso que le comprara. Se cae y se levanta. Llora y se vuelve a caer y se vuelve a levantar. Eso sí: no tolera que algo no le salga como ella quiere. Suele ser intolerante. Muy. Como su papá cuando llama fuera del “pautado sábado al mediodía” y no lo atiendo. O como yo, con cada frustración.

Sigue sin tenerle miedo a casi nada
Y ahí es ella. Su papá le tenía miedo a los perros (imaginateee!) y está claro que le tuvo terror a su paternidad. Yo también tengo mis miedos profundos. Sigo funcionando física y mentalmente como red para no dejarla caer y ahí está mi gran miedo. Me propuse corregirlo en este 2017. Soltarla en lo que no me necesite. Ella, salvo el temor a algunos bichos, ama a los animales, se ríe de los zombies y de los monstruos… Se trepa a patines y bicicletas sin titubeos. Avanza.

Le gusta el reggaetón
Y ahí tampoco hay rastro directo de nosotros. También el pop en inglés. Desde hace tiempo encontró en youtube un pibito que se llama MattyB y tararea sistemáticamente sus canciones como si supiera inglés. Ahora se le sumaron las Haschak Sisters. Ayer me pidió que las invitara a casa. Es lógico: todas las noches en Congreso se apagan las luces y hay show.

Ya casi nadie me pregunta por Amadou. Sí me preguntan por qué todavía no lo desaparecí si Eva es feliz sin él. Es una pregunta que antes me respondí a mí misma. Aunque quisiera y aunque se lo merece al infinito, no puedo ningunearlo u odiarlo. El sigue estando y va a estar siempre en nuestra hija.

Bloqueo y desbloqueo

Primero fue Badou desde Alemania. Después, Mustafá desde Senegal. Ambos amigos de Amadou, ambos con el mismo discurso: “El está muy mal porque no sabe nada de la nena ni de vos”. Y yo: “Díganle que no se preocupe, que estamos bien. Tiene mi teléfono. Ya está grande para tener voceros”.

Puede sonar temerario bloquear a alguien en el celular y más si se trata del papá de tu hija. También es cierto que además del gratuito whatsapp hay miles de maneras no gratuitas de comunicarse. Y Amadou no quiso verlas durante más de dos meses.

Desde el principio, mi psicóloga le puso palabras a mi bloqueo: “cortaste la historia después de un largo proceso de escuchar cosas que no querías escuchar. No cortaste la comunicación con su hija. Ya pagaste muchos costos, económicos y no económicos (los más difíciles para mí). Tal vez de eso se trate. De sus costos”.

Después de “no” pensarlo mucho, decidí abrir la última chance de mantener una comunicación adulta por el bien de nuestra hija. Sin avisar nada, una noche cercana lo desbloqueé. Horas después, como si hubiera estado mucho tiempo mirando el celular, llamó cuando -me dijo después- me vio en línea.

– ¡Hola! ¿Cómo estás? ¿Cómo están? Pasó mucho tiempo…
– Claro ¡Bien!
– No me podía comunicar…
– Ahh… Ahí te paso con Eva.
– Ok!
– ¡Hola amor mío! ¿Cómo estás? ¿Todo bien? ¡Te amo mucho!
– Hola! Bien, comiendo chocolate!
– Ahh!!! Chocolate!!!
– Sí ¿Por qué no venís mañana?
– (no entendió) ¡Te amo mucho amor! Te extraño.
– Yo también te amo.
– ¡Sos mi amor, sabés!? ¡Te amo!
– ¿Otra vez? Bueno… Bye!

– Mamá!!!
– ¿Qué Eva?
– Le corté.

Amadou insistió. Evangelina ya no quiso hablar. Cuando yo también iba camino a cortarle empezó a tirar sus frases tan repetidas en estos cuatro años como ciertas: “Nuestra hija es la hija que todos quisieran tener”, “Es un regalo de Dios”, “Hay miles de parejas que quieren tener un hijo y no pueden…” Para cerrar, reflotamos algunas reglas: la primera, hablamos por teléfono los sábados al mediodía. La segunda, no se habla de nosotros. Aceptó.

Corté y él empezó a escribir, algo que nunca había hecho antes. Filtró por whatsapp una carta de amor que me había escrito en el ´tiempo de bloqueo´, me mandó un tema nuevo también de amor de Youssou Ndour (uno de los ídolos en Senegal) para ponerle a Eva cuando no pueda dormir… Me pidió que le mandara videos y fotos del acto de cierre en el jardín… Raro y tragicómico.

La última comunicación fue el jueves en medio del acto de Evangelina y cuando ella acababa de bailar. También por whatsapp…

– Hola, ¿Cómo están?
– Estamos así…

(Si estuvieras acá hubieras visto a nuestra hija al frente de una fila de cabezas bajitas… La hubieras escuchado preguntar cuando terminó el festival: “¿Y? ¿Cómo bailé?”, canchera como siempre… Hubieras sentido la emoción y el orgullo infinito que un padre siente cuando ve crecer a un hijo íntegro y feliz…) Preferí el silencio. Fin del chat. Cierre de otra etapa en la vida de nuestra hija.

– Hola! ¿Vos sos la mamá de Eva? (se me acercó -mientras pensaba en todo esto- una abuela preciosa, tan dulce como las mías)
– ¡¡¡¡Sí, claro!!!!
– Te felicito por la hija que tenés.

Juana, la Mamá de Toro

“Deseo poder sostener esta familia y agrandarla”

img_8296

¿Cómo sos como Mamá?
Como mamá dirá Torito cómo soy… Te puedo decir que intento ser lo mejor para él, darle todo lo que siento que necesita y estar para él, entregada, con mi cuerpo y mi todo.

¿Encontraste una versión tuya diferente a la que eras antes de que naciera Toribio?
¡¡¡SOY OTRAAAA 100%!!! Si bien siempre fui súper maternal y muy mamá de mi hermano, de mis amigos, de todo el mundo y eso, por supuesto, sabía que me saldría aún más con mi propio hijo, cambié mucho. Un poco desde el embarazo, pero aún más con su nacimiento.

¿Cuál fue el momento más difícil desde que él nació?
El momento más difícil creo que fue el primer mes, pero no con mis “deberes” como mamá. Con el gordo me arreglé siempre muy bien, fluímos bárbaro de entrada. Pero la revolución hormonal y emocional es muy fuerte. En mi caso al menos lo fue, me desestabilicé. Pensé que iba a poder con todo y repito que con el gordo pude y puedo todo. Pero necesité que me sostengan a mí.

¿Quiénes te ayudan a cuidarlo? ¿A quiénes les tenés confianza?
Mi mamá y mi hermano me ayudan bastante. Por ahora lo dejo solo dos veces por semana con mamá, una hora y media para ir al gimnasio, porque solo toma teta y es un gordo glotón, toma seguido. Pero estando en la casa de mi vieja lo tienen mucho mi hermano y la novia y mi vieja. Ahí relajo un rato los brazos y puedo hacer alguna cosita para mí como por ejemplo bañarme más tranquila. Cuando voy a visitar a mi viejo me lo saca de las manos y también a él y a Flor se los doy re tranqui.

¿Te sentiste alguna vez sola durante este tiempo?
La verdad que no me sentí sola, no lo pensé … pero te diría que no.

¿Cuáles son tus miedos y cuáles son tus fortalezas como mamá?
Mi miedo más grande es que él no esté bien. Yo doy y daré todo toda la vida para que eso no pase pero nos excede. No sé como podría soportar verlo sufrir. Y un poco de vértigo me da el momento en que se venga la charla de nuestra familia y cómo lo concebí. Pero me asesoraré con psicopedagogos en su debido momento. Mi fortaleza es mi amor y mi entrega absoluta.

¿Qué pensás cuando te levantás a la madrugada a darle la teta?
¡No pienso! ¡Apenas abro un ojo! Pero en general cuando toma teta lo miro y lo miro.. Pienso en lo genio que es, en cuánto lo amo, lo lindo que es… Baba y más baba…

¿Cómo es Toribio? ¿Se parece en algo a vos?
Torito es muchísimo más tranqui de carácter que yo, es buenazo. En eso es más bien parecido a mi hermano Bauti. Quizá el hombre en general es más tranqui, no lo sé. Y físicamente es muy parecido a mí, ¡si!

¿Qué deseás para él?
Para él, deseo felicidad absoluta y perfecta salud. Que esté rodeado de amor toda la vida y que él pueda también dar amor. Que sea feliz como él decida pero siempre feliz!

¿Qué deseás para vos?
Para mí, deseo ser la mamá que siempre soñé y la mamá que Toro necesite. Principalmente poder sostener esta familia y agrandarla para que él siempre esté acompañado!

¿Qué deseás para los dos?
Para los dos, deseo seguir siendo así de compatibles y compañeros para toda la vida.

* Juana eligió la foto para este post

Cómo conocí a Juana
Mi trabajo como productora de televisión hizo que en enero de este año le mandara un chat a Juana Repetto pidiéndole una nota cuando contó que estaba embarazada y que, a los 27 años, iba a ser mamá soltera por elección. Con toda la dulzura del mundo me dijo que ya había dicho todo lo que tenía que decir. Que quizá más adelante… Respetando su decisión me despedí de ella diciéndole que la nena que veía en la foto del whatsapp era mi hija y que yo también era mamá soltera. Quiso saber más. Le conté un poco de mi historia. De Evangelina, de Amadou, de Senegal, de mí. Le conté que era la mujer más feliz del mundo. Desde entonces, quedamos conectadas. En realidad creo que Juana se conectó con Eva y sus rulos y, a través de ella, se conectó conmigo. Siempre hay principios y el principio de todo fue otra vez mi hija y su don para abrir mis puertas. Con “Juana, la Mamá de Toro” arrancan las Charlas de Mamás Solteras. ¡¡¡Gracias Juanita!!!! ¡¡¡Que sigan cumpliéndose todos tus deseos!!!

Mi amiga la Ansiedad

¡Hola mi querida! Aunque fuiste cambiando con el tiempo (como yo) sé que estás ahí. Desapareciste de mis almuerzos y mis cenas y te hiciste débil entre muchos de mis eternos miedos. Sin embargo, te fortaleciste con mi maternidad. Fuiste ingeniosa para colarte primero entre chupetes y pañales y ahora entre mochilas, juegos y cumpleaños. Tan ingeniosa que hoy no sé si es tan malo que convivas con nosotras.

placard1Empecemos por lo último, amiga Ansiedad. Me incentivaste a comprar un mes antes los regalos de Navidad y Reyes para Evangelina y lo lograste. Ya están escondidos en el placard altísimo de nuestra habitación, cerca de la ropa de invierno de Eva. Sí, también ya seleccionamos lo que tiene para la temporada fría de 2017.

Hubo algo antes. Seguramente te acordarás y te reirás. Sí, sí… lo de octubre. Me llevaste a comprar a Once casi todo el “merchandising” para su cumple de 4. Seis meses antes ya tenemos bolsitas, servilleteros, carteles, piñata y globos con la cara y/o los colores de la Doctora Juguete… Hace mucho que Eva la quiere para su fiesta y espero que no cambie sino no sé que voy a hacer con todo el cotillón.

Ah! Me olvidaba. Las compras las hice con mi mamá y se ve que la contagié… Como no encontramos la serpentina y la espuma que buscábamos, se ocupó de comprarlas en Lomas con vencimiento 2018. Todo quedó también guardado en el placard. Trato de mantenerlo cerrado… Sobre todo, después de sufrir algunas avalanchas de regalos, ropa y globos…

Sé que no será lo último que harás (haremos). Te conozco bien. A fines de diciembre, cuando ya estén las listas de útiles para el jardín versión 2017, me preguntarás por qué no los compramos… Y lo haré seguramente, convencida de que me estoy ahorrando unos mangos…

Querido Papá NoelA veces no sé si sos vos o si es mi otra amiga, la Responsabilidad. Ella se potenció al extremo con la llegada de Eva. Ambas saben que, dentro de mis posibilidades, trato de adelantarme a todo para que a Eva no le falte nada. Igualmente chicas, colaboren… bajen de vez en cuando la intensidad…

Para ser justa, no creo que sean (seamos) las culpables de todo… A veces pienso que en esto mete también su cola el huracán “Tiempo” y que estamos librando juntas una batalla contra él… Realismo, amigas. Más allá de nuestra voluntad, a ese tirano es imposible ganarle.

¿Somos mamá y papá a la vez?

img_6516Cuando Vale me invitó a esta colaboración enseguida lo tomé como un desafío. ¿Qué tengo para decir sobre la maternidad “soltera”? ¿Qué podemos decir o pensar desde la Psicología, desde el Psicoanálisis, sobre las mujeres que -a favor o en contra de su voluntad- se encuentran con un hijo al que se ven en la necesidad de criar sin una pareja al lado?
Sin dudas es un tema que despierta una sensibilidad particular: quizás porque desafía estereotipos (mamá + papá + hijo + hija); quizás porque roza un tabú que -aunque miremos para otro lado, fingiendo que no- aún tiene mucho que ver con nosotros.

Ser mamá sin pareja: ser mamá “soltera”

“Las reglas están para romperse” decían por ahí y repetíamos de adolescentes. Y quizás de algo de esto se trata. La cuestión es cuando una parte nuestra está muy decidida a romper esas reglas, mientras que otra parte no está tan de acuerdo – y prefiere quedarse en lo aprendido, en lo que sabe que “está bien”, en lo tradicional y “seguro”. Pero romper con lo establecido, en este caso el ideal tradicional de familia moderna, tiene sus pros y sus contras.

El ideal y la culpa

“El ideal”, desde la Psicología, no es algo que vamos a decidir. Es algo que vamos heredando, escribiendo, inventando… pero que está más allá de nuestra voluntad. Así es como muchas veces las circunstancias de la vida nos enfrentan a una realidad que no es como nos habíamos imaginado. Y, ahí, la culpa.
La culpa (“sentimiento de culpa”, decía Freud) es lo que se siente en el yo cuando no alcanzamos el ideal. Y ese sentimiento puede ser devastador, cruel y hasta injusto. Es el resultado de no acatar órdenes de nuestro superyó -instancia psíquica kanteana, que nos dice qué debemos y qué no debemos, que nos exige comportarnos “bien”- imponiendo las reglas de qué está bien y qué está mal.

Ser mamá y ser papá al mismo tiempo

Culpógenas y malqueridas, vamos intentando soluciones a nuestro error. ¡Ojo!: muchas veces no somos conscientes de que estos estereotipos viven en nosotras sino que permanecen adentro nuestro de manera inconsciente. Y desde ahí los ideales nos castigan con una angustia que sólo se percibe en los efectos: insomnio, estrés, mal humor, cansancio extremo… Efectos de querer “remediar” la situación como si fuera algo enfermo. Efectos de intentar ser todopoderosa, mamá y papá al mismo tiempo, como si eso fuera posible… Y no lo es.

Un imposible: Ser Mamá y Ser Papá al mismo tiempo

Ser mamá es ser el lugar al que el cachorro pertenece. Es ser momento eterno, es ser alojamiento desde el Amor más infinito del mundo. Esa es la función materna. Cualquier mamá sabe de lo que hablo.
Pero ser papá es algo diferente. Si la función materna es amar tan infinitamente, la función paterna es función de corte. Ser papá no es jugar al fútbol o tomar cerveza. Ser papá es poder decir no. Es un No al amor eterno que nos dejaría pegoteados. La función del padre es poner un límite ahí, al amor infinito.
Y es por eso que no es posible ser mamá y ser papá al mismo tiempo. No se puede ser Amor Eterno y ser límite a ese mismo amor. No se puede ser lugar de pertenencia y puerta de salida.
La función del padre permite que el hijo -algún día- pueda elegir una (otra) mujer, e irse del hogar familiar.

La “función paterna” es una función

Que la función del padre sea una función, tiene que ver con que no es necesario que sea un “Padre” (hombre, pareja de mamá) el que ocupe este lugar. Puede ser un abuelo, una mujer, un trabajo… cualquier cosa que corte esa relación umbilical. Por esto mismo: si bien es imposible que cumplamos ambas funciones, no es que todo está perdido por ser mamás solteras, viudas, divorciadas, homosexuales… Ser mamá es suficiente. Muchas veces nos cargamos este imposible “doble rol” por culpa, por tristeza, por necesidad. Lo cierto es que si insistimos en lo imposible sólo vamos a terminar perdiendo el tiempo y ganando angustia.

La maternidad sin una pareja al lado puede resultarnos compleja, sobretodo si viene a desafiar nuestros ideales o deseos. Es entonces motor de mucha angustia, culpa, y sentimientos que no colaboran en esta nueva tarea que debemos emprender: redefinirnos en una vida como no la habíamos planeado.
Porque de eso se trata: volver a imaginar nuestro futuro, pero diferente a lo que debía ser. Es reescribirnos, reencontrarnos, es un nuevo comienzo en el que debemos improvisar.
Y aunque para la mujer sean otras las nuevas inquietudes, para la mamá todo lo que ha de venir va a ser nuevo y vertiginoso. Ahí está el desafío. Y es inútil e innecesario que cargarse con la presión de un imposible. Ya tenés suficiente con lo que te toca vivir. Ser Mamá es suficiente. Amar a tu hijo con todo el corazón, al infinito, eternizarte con él en cada beso, en cada abrazo. Con eso alcanza. Lo demás… lo demás tiene solución.

* Florencia del Río López es mamá, psicóloga y psicoanalista. Escribe el blog Ser Mamá.

Gracias Flor!

¡Africa nuestra!

“Hola Vale! Reservate el martes a la noche porque quiero invitar a los Playing For Change a tocar y comer a casa”…. “Uff qué emoción… Allí estaremos”

evaconplayingEl martes fue el Día del Afroargentino y no tuvimos que subirnos a un avión para empezar a disfrutar “nuestra semana afro” en Buenos Aires. Ese día, cruzamos la ciudad para escuchar a los Playing for Change a la luz del fogón. Evangelina llegó tímida y terminó tocando con ellos la guitarra como si supiera. Fue un momento inolvidable.

El sábado y a puro sol nos subimos a un colectivo rumbo al Festival Quilombo en Parque Lezama para encontrarnos con miles de afrodescendientes de capital y alrededores. Ya en el viaje, hubo señales de que la elección había sido acertada. Conocimos a Crenilda, angoleña, modelo y especialista en pelo afro.

evacre“¡Qué linda sos! ¡Qué lindo pelo!”, le dijo a Eva mientras ella la miraba de reojo. “Se pueden hacer muchas cosas. Es enrulado pero suave….”

Llegamos al parque hablando de productos naturales y peinados, del cumple de 4 de Eva, de sus días en Buenos Aires, de sus ganas de volver a Angola. Los africanos siempre quieren volver a Africa. Nunca reniegan de su tierra.

Con Eva recorrimos varios puestos atendidos por negros. Ella quiso pintarse la cara con arcilla y hacerse una trenza. Se detuvo inercialmente en el stand de Senegal. Se llevó un instrumento con música de caracoles. Charlamos con una negra alegre y colorida que sonrió con orgullo cuando le conté que el papá de Eva era de Dakar. “Por eso es tan bella”, dijo. Nos reímos.

La tarde se hizo de noche y hubo desfile con Crenilda incluída (terminó siendo nuestra amiga) y hasta un show de cierre. Eva bailó con un negro de la edad de su abuelo Mamadou y lagrimeó cuando nos tuvimos que ir.

evaPara cerrar nuestra semana, el domingo fuimos al show de los Playing for Change en el Progreso. La vi feliz reconociendo arriba y abajo del escenario a los músicos del martes. Ellos también la reconocieron con felicidad.

Acercar a Eva a sus raíces y tender un puente musical e imaginario hacia Africa. Ese fue el objetivo de esta semana increíble que vivimos. Hablo en plural porque a cada paso reconfirmé que en el mundo afro, ahora por ella pero también antes de ella, disfruto yo. Lo digo seguido: si tuve otra vida, seguramente fui negra.

Mientras escribo, leo por ahí que otra mamá soltera con su hija afroargentina va a viajar a fin de año a Africa para que vea a su papá. En nuestro caso, Amadou no venció todavía la barrera de mi bloqueo en el whatsapp y llamó una sola vez en los últimos dos meses para saber cómo está su hija.

Mientras tanto, Eva va más allá del mar. Y yo la llevo. Siguiendo a los Playing For Change en una de sus naves insignias diría: “No importa quién seas, no importa adonde vayas en la vida. En algún momento necesitarás a alguien que te acompañe”. Ahora la acompaño yo. Un día me dirá ella adonde quiere ir.

¡Zumba nena!

¿Calza? Sí calza. La bordó. Me da suerte. ¿Y arriba? Algo suelto. La musculosa naranja. Es liviana. Hace más de 30 grados y no se soporta otra cosa. ¿Y zapatillas? Uff… ya no tengo zapatillas para hacer deporte. Las regalé. Me quedé con pocas… No tengo otra. Voy con las floreadas.

Mi voz interior ya me lo venía diciendo hace rato y le hice caso. Después de casi cuatro años volví a pisar un gimnasio.

La elección tenía que ser divertida. Busqué durante meses en google: “Zumba, Congreso, Sábados” y nada. Hasta que pasé por el gimnasio de la otra cuadra de mi casa y ¡aplausos! La grilla había sumado mágicamente una clase de zumba a las 5 del sábado. Se terminaron las excusas.

Con Evangelina en la casa de su amigo Dante (¡Gracias Ceci!) me aventuré a bailar. En definitiva, a recuperar parte de lo que soy. Son como pasos pequeños de una nueva etapa que mi psicóloga ya rotuló “de consideración y reconocimiento interno”. Seguramente.

**************************************************************************
vale– ¡Hola! ¿La clase de zumba…?
– Sí, al fondo…

Miré por última vez el celular. Recibí una foto de Eva sonriendo con sus amigos en un tobogán. Enérgica como siempre. Nada de que preocuparse. Y yo… ¿Me cansaré mucho?

-¡Buenas tardes a todos! ¿Arrancamos?, dijo en portuñol un rubio de anteojos.
– ¡Vamos! ¡Por fin!” (otra vez la voz interior)

Empezamos con un reggaeton. Fui de a poco, sin mucho despliegue. Me acordé de Eli y de Carla, mis viejas compañeras de bici. Recordé cómo nos divertíamos, chusmeábamos y tomábamos mate en la clase de Ariel. Me acordé de Valeria y de Susana en las clases de Majo. Ya no compartimos gimnasio pero sí amistad.

Después, el tipo de anteojos nos hizo “viajar” por Brasil. Ahí estoy siempre de alguna manera. Me acordé de mi hermana Soledad y de nuestras travesías adolescentes por el sur brasileño. De los bailes interminables en la playa y en el mar. Me liberé. Tuve que hacer dupla con una compañera y -ahora que pienso- me tocó con una chica que se parecía un poco a Sole.

La clase recorrió algunos hits y sonó “La bicicleta” de Vives. Ahí le di rienda suelta a la coreo propia, más allá de seguir en general los pasos del grupo. Por unos minutos, también, volví a caminar imaginariamente por Cartagena con Eva y mis papás.

Lagrimeé seguido, confieso. Cuando volvés a conectar con una parte tuya no hay vueltas, aparece la emoción. Será tal vez el reconocimiento del que habla mi psicóloga. Sonreí mucho también. Vengo entrenando fuerte con Eva y, después de casi cuatro años, no me cansé tanto.

Hijitis aguda

Ya la conocen. Mi pequeña es la morena de la frutilla que da vueltas y marca el paso. Diría su padrino Salvador -el adolescente escondido detrás de la señora jovial, Cristina, mi mamá- que ya entiende de ritmos y compases. Y es probable que sea cierto. Si algo lleva Eva en la sangre es música.

¿La vieron? No mira a su alrededor, no nos mira. O nos mira de reojo. Sabe que estamos ahí pero está en su mundo, en plan de “este es mi show” así que vos disfrutá y aplaudí, claro.

La nota había llegado hace tiempo en su cuaderno a lunares rojo del jardín. “Estimada familia: Los invitamos a compartir una clase abierta de música. Si no pueden venir los padres, recomendamos que venga otra persona significativa para la familia”.

Y ahí estábamos.

Debo confesar que cada actividad social de mi hija me sigue despertando un sensación de felicidad profunda pero también abre un abismo de preguntas que inicialmente no tienen respuesta. Que llegan al final. En este caso, mi antes y su después fueron casi opuestos.

¿Qué hará Eva cuando nos vea entrar en la sala? ¿Se comparará con otros chicos con papá?
¿Qué hizo Eva? Sonrió con satisfacción pero sin estridencias. Después nos dio la espalda para concentrarse en lo suyo.

¿Querrá venir a upa en algún momento? No es normal verme en su espacio…
Nada de eso. La vi pasar con distintos instrumentos y entre puentes de brazos adultos. También, dar vueltas en rondas y tirarse al piso en un bote imaginario. Bailamos juntas el rock. No lloró.

¿Qué hará cuando nos vayamos? ¿Me querrá detener?
¿Qué hizo? Me agarró fuerte de la mano, me mostró sus piruetas en la trepadora y ruedas del jardín… Después, puso carita de ´te estás yendo´ hasta que apareció una de sus amigas invitándola a jugar con su Minnie. En segundos, desaparecimos de su mapa.

“Te podés quedar tranquila, hija. Es muy independiente. Con el padrino no lo podíamos creer”, me calmó mi mamá tal vez percibiendo mi mundo de latentes dudas.

No es la primera vez que siento que mi hija es un milagro. Desde la panza ya la llamábamos “el milagro” con su papá y, cuatro años después, nada cambió.

Se lo recuerdo muy seguido cuando me agarra hijitis aguda. “Sos un milagro, Eva. Sos mi orgullo”.
¿Y ella?…: “¡¡¿¿Otra vez mamá??!!!”

img_1358

Cartas a mi Maternidad

Siempre encontré cartas limpiando placares y en mudanzas. Algunas quedaron en el camino. Nunca pude descartar las cartas de mi familia y las que fui escribiéndome desde los últimos años de mi adolescencia.

Tengo una carta de la primera vez que me obligué a ir sola a Mar del Plata para enfrentar mi terror a la soledad. Tenía 26 años. La escribí en una lujosa habitación de hotel. Le pedí a la vida un poco de luz. Horas después cerré los ojos frente al mar y sentí el sol.

Tengo otra carta de hace 15 años, del día en que nació mi sobrino Salvador y en el que mi abuela Carmen confirmó que viajaba a La Coruña, su tierra, después de 70 años. Las dos noticias me despertaron mágicamente de una siesta oscura en la casa de mis viejos. Y escribí otra vez. En esas líneas suplicaba encontrarle un sentido a mi vida.

Tengo algunas cartas de los años que siguieron. Ya era periodista. Ya había aprendido a convivir conmigo. Ya viajaba por el mundo, tenía distintos amores y podía hacer la mayoría de las cosas que me propusiera hacer. La empezaba a pasar bien. Pero no era feliz.

Un día empecé a escribir sobre mi deseo de tener un hijo. Fue en una de mis crisis de los 30 y pico. Las primeras líneas fueron temblorosas y después avancé con trazos más firmes. De a poco fui entendiendo que por ahí estaba realmente yo.

Quizá siempre estuve escribiendo distintas versiones de lo mismo a lo largo del tiempo y no me di cuenta.

La última carta que escribí de puño y letra fue al volver de Atenas en 2011, el viaje en el que conocí a Amadou, el papá de mi pequeña. Estaba segura que estaba llegando el momento. Es una carta que ya no es mía, que forma parte de la historia de Evangelina. Tal vez ella la lea un día.

Releo mis cartas de vez en cuando. A veces me vuelvo a encontrar con ellas. Son como piezas de las que me fui desprendiendo pero que encajan en un proceso largo que terminó en mi Maternidad.

Muchas veces me pregunté qué hubiera sido de mí sin Eva, su estela de sol, su temperamento de mar y su alegría esencial. Es imposible saberlo pero es muy probable que me hubiese secado por dentro.

La carta que escribo hoy lleva grabada mi felicidad y mi firma con mayúsculas. Así me llaman muchos y lo recibo con infinito orgullo porque es lo que siento. Es mi nueva identidad.

¡Feliz Día para todas las Mamás y las que desean serlo!

Y, claro, ¡Feliz Día para mí!

Para siempre,

LA MAMÁ DE EVANGELINA LÓPEZ

image