Mamás malabaristas

“Si te acordás, mandame alguna foto así me alegrás el día…”

Les tocó a varias mamás del jardín recibir mi mensaje estas dos semanas de cambios permanentes en nuestra rutina. Lili, la señora que cuida amorosamente a mi hija mientras yo trabajo, siguió enferma y otra vez tuve que pedir ayuda!

No es fácil hacer que todo marche sobre rieles cuando estás sola. En realidad, por lo que vengo hablando con otras mamás, no es fácil nunca.

En nuestro caso, cuando Evangelina era bebé, ´los hombros´ venían de mi familia, de mis amigos de siempre y hasta de mis vecinos. Increíblemente ahora que Eva está más grande y tiene su propia red de amigos aparecieron nuevas manos y voces solidarias. “¡Eh, Vale! Me enteré que no vino Lili… ¡No te preocupes! Contá conmigo si necesitás que me lleve a la nena del jardín”, me escribieron con distintas palabras muchas mamás en estos días.

El último lunes Eva se fue del colegio a la casa de Franquito y su mamá, Eugenia. Se disfrazó de superheroína al cansancio, cenó con ellos milanesas gigantes y jugó con la abuela de Franco cuando él se durmió. “Mi mamá la disfrutó más que el otro día -ya me habían salvado la semana pasada-. Le hizo peinados para que le entraran los disfraces”, me contó Euge con alegría.

El martes Eva se quedó en casa con algo de tos. Mari, la hija de Lili y nuestra salvadora en estos días hasta la mediatarde, no tuvo colegio y la pudo cuidar todo el día.

El miércoles Eva terminó jugando con su amiga Sofi y su perro Toby que ya la conoce. Las cuidó Iara, otra mamá de fierro y polenta silenciosa que también viene ayudándome. A la salida del jardín estuve otra vez yo. Salió feliz al verme y volvió a hacer piruetas en su clase natación pero lloró desconsolada cuando me fui. Después, se calmó “sambando” entre disfraces y música. Iara es brasileña. Festejo que la mamá de una de las mejores amigas de mi hija sea afrodescendiente.

El jueves Eva salió bajo la lluvia con Clarita, otra de sus grandes amigas y su mamá Ximena. Al rato, estaban tomando la merienda y al rato jugando. “Todo ok por acá. No hay problema con el horario. Pasala a buscar cuando puedas”, me escribió Xime cuando le recordé que salía tarde de trabajar.

Hoy, viernes, termina una (otra) semana agotadora. Me quedé pensando en la fuerza arrasadora de las mujeres para contener y abrazar cuando nos necesitan. ¡Gracias Iara, Xime y Euge! También sentí con orgullo que resultó divertido sumar por unas horas a mi hija a otros planes familiares, que no fue una carga. Y eso es mérito de ella y de los espacios que viene abriendo por sí misma.

Acabo de pasarla a buscar otra vez por lo de Iara y Sofi. Eva está cansada y con algunas líneas de fiebre. Se fue a dormir con una sonrisa cuando le dije que mañana es sábado y que tenemos todo el fin de semana por delante. Yo suspendí o dejé en incógnita todas las actividades que tenía/teníamos. No hay nada más importante que estar con ella.

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