Intensamente

Fui a ver “Intensamente” gracias a mi hija y desde ese día se transformó en una de mis películas preferidas de la adultez. Sé que muchos sentimos lo mismo. Nos identificamos con su mensaje: cada etapa de la vida deja recuerdos y emociones de distintos colores. Aunque no nos demos cuenta, quedan ahí. Vamos a convivir para siempre con “esferas” de alegría, miedo, tristeza, desagrado y furia.

En mi caso, el nacimiento de mi hija me llenó de “nuevos pensamientos centrales” -así los llama la película-, de nuevas esferas de colores.

Cumplí 46 años hace días y la típica balanza del paso del tiempo me hizo acordar de algunos de esos momentos únicos, de sus primeros días y de nuestras últimas horas. Si pudieran escanear mi cabeza verían las esferas claramente.

Esfera de Alegría I- El nacimiento
Marzo de 2013. Cerré los ojos. La anestesia estaba haciendo efecto. Escuché a mi médico que contaba un poco mi historia al resto de su equipo. Escuché la voz de mi mamá. Todo iba a ir bien. Agua, mucha agua. “Ahí viene”… Sentí cada segundo de lo que pasó aunque no fue un parto natural. Está perfecta, dijeron. Y se me acercó mi mamá con Eva y su cara húmeda, hermosísima. Nada podrá borrar esa imagen. “Bienvenida hijita”, fueron mis primeras palabras.

Esfera de Miedo I – La sangre
Junio de 2013. Eva tenía días cuando le detectaron una anemia crónica que había que investigar. “Su factor de sangre es AB+ -describió la doctora del servicio de Hematología del Garrahan-. Es receptora universal. Y tiene hemoglobina C, una adaptación de los glóbulos contra el paludismo, como en África. Nada preocupante”, agregó. Después de mis lágrimas, terminamos riéndonos las dos. Nada grave, finalmente. Duro igual para mí que recién empezaba a entender lo que era ser mamá. Recuerdo que salí del hospital y respiré bocanadas de aire fresco como si fuese la primera vez.

Esfera de Miedo II – Los bultitos
Madrugada de julio de 2013. Hacía mucho frío. Eva tenía apenas cuatro meses. Con ella en brazos, me subí a un taxi rumbo a la guardia. Ya mi mamá había vuelto a su rutina y no tenía con quien desahogarme. Estábamos solas. Me acuerdo que, después de darle la teta, mientras la acariciaba, descubrí que tenía unos bultitos en la nuca. El terror crece con la soledad. Sentí una corriente de hielo que me subía por las venas. Actué. En la clínica me dijeron que esos bultitos eran glándulas sebáceas. Otro susto. Otra esfera.

Esfera de Alegría II – La risa
Lunes de la semana pasada. Dos de la mañana (sí, leyeron bien). Eva tenía los ojos abiertos como dos luceros. Empecé yo con las cosquillas y siguió ella. No sé si fue porque estaba cansadísima y bajé la guardia o por su sostenida fuerza, pero no pude moverla de mi panza y me reí sin parar hasta llorar. No recuerdo haberme reído así en mi vida antes de ella.

Esfera de Alegría III – Los deseos
* Minutos antes de las 12 del 17 de enero, el día de mi cumpleaños, en lo de mis papás.
“No vengas a la cocina, mamá. Hay una sorpresa…”, me dijo. Se hicieron las 12. “Cerrá los ojos, Má. ¡Ahora abrilos!”. Caminó hacia mí con mi ahijada. Traían una torta de copitos y rocklets. Una vela y un cartel. “La preparé yo”, siguió orgullosa antes de sentarse arriba mío y abrazarme. “No te olvides de pedir los deseos”, me susurró mientras me cantaban el feliz cumpleaños. Cerré los ojos, deseé y soplé. Y la abracé y le agradecí por existir. Cuando estaba a punto de quebrarme, ella golpeó la mesa y lanzó una frase que ya es otra esfera del color del sol: “Y en esta mesa, ¿nadie tiene un regalo para mi mamá?”…

Muchas veces me pregunto cómo recordará mi hija estos momentos. ¿Los recordará? ¿Cuáles serán sus pensamientos centrales? ¿Qué color tendrán sus esferas?

Y vos, que seguiste leyendo hasta acá, ¿qué color tienen las tuyas?

2 comentarios en “Intensamente”

  1. Vale, antes que nada, feliz cumpleaños atrasado! Y me emocionaste mucho con tu relato. Puedo imaginarme con toda su actitud reclamando tus regalos. Y también me imagino que toda tu familia murió de amor. Gracias por seguir emocionandonos! Besos!

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