El juego de las semejanzas y las diferencias

Maldita costumbre la de encontrarle parecidos a los hijos. Son ellos, son únicos y sin embargo, es inevitable: te buscás en ellos y te encontrás o encontrás a su papá (aunque no lo hayas visto personalmente nunca más).

¿Evangelina tiene mi boca o la de su papá?
Desde la panza sabíamos que iba a tener una boca importante. Era fácil acertar. Madre y padre con labios prominentes, hija bocona. Igual creo que ella combinó a ambos en su propia explosión. Eso sí, ahora le gusta pintarse la boca como a mí.

El pelo y el ser canchero
Hace poco me dijeron que Eva tiene pelo 3A… En criollo: afro suave. No hay mucho que agregar. Solo que hace poco Amadou me mandó una foto renovada para la colección que guardo en el cajón de Eva y está otra vez con el pelo largo, rastas modernas y siempre con gorros. Imagino a Eva dentro de unos años probando estilos… A fin de año me pidió una trenza, respiré hondo y algo logré. Poco. Es como si la estuviera viendo… Es canchera, le gustan los peinados y le quedan bien los gorros. Ahí está su papá.

Tiene también su mirada
Muchas veces me mira pícaramente de reojo y es como si lo estuviera viendo. Habla con los ojos. También tiene su gesto de sorpresa y una sonrisa amplia que aparecen de repente. El parecido me hace reir. Más allá de su inexistente rol como padre, me queda un buen recuerdo del Amadou antes de Eva. El sabe que tiene su mirada y sostiene que me ve a través de ella.

¿Mi elasticidad?
Hace poco mi amiga Alejandra me recordó que de chica yo era muy elástica. Lo había olvidado y es verdad: me salían bien los puentes y las verticales, me abría de piernas sin dificultad… pero la base siempre fue mi voluntad. En Eva todo es natural. El sábado hizo un puente sobre el colchón y casi me infarto. Su juego preferido hoy es abrirse de piernas en el piso y en el aire. En eso y otra vez nos mixturamos con su papá. Para él el deporte era (no sé ahora) la extensión de su cuerpo. Ella despliega destreza todoterreno y al extremo. Se mueve como un pez en el agua aunque no sabe nadar. Al verla, recuerdo a Amadou en los mares griegos nadando en lo profundo. ¿Yo? tirada en la arena tomando algo y admirándolo. Como ahora con Eva.

Es perseverante pero intolerante
Se los digo a mis hermanos y ellos se ríen pero lo siento sinceramente. De los cuatro hermanos siempre fui la menos inteligente pero sí la más insistente. Eva heredó de mí la perseverancia. Hace días que intenta con un saltarín que quiso que le comprara. Se cae y se levanta. Llora y se vuelve a caer y se vuelve a levantar. Eso sí: no tolera que algo no le salga como ella quiere. Suele ser intolerante. Muy. Como su papá cuando llama fuera del “pautado sábado al mediodía” y no lo atiendo. O como yo, con cada frustración.

Sigue sin tenerle miedo a casi nada
Y ahí es ella. Su papá le tenía miedo a los perros (imaginateee!) y está claro que le tuvo terror a su paternidad. Yo también tengo mis miedos profundos. Sigo funcionando física y mentalmente como red para no dejarla caer y ahí está mi gran miedo. Me propuse corregirlo en este 2017. Soltarla en lo que no me necesite. Ella, salvo el temor a algunos bichos, ama a los animales, se ríe de los zombies y de los monstruos… Se trepa a patines y bicicletas sin titubeos. Avanza.

Le gusta el reggaetón
Y ahí tampoco hay rastro directo de nosotros. También el pop en inglés. Desde hace tiempo encontró en youtube un pibito que se llama MattyB y tararea sistemáticamente sus canciones como si supiera inglés. Ahora se le sumaron las Haschak Sisters. Ayer me pidió que las invitara a casa. Es lógico: todas las noches en Congreso se apagan las luces y hay show.

Ya casi nadie me pregunta por Amadou. Sí me preguntan por qué todavía no lo desaparecí si Eva es feliz sin él. Es una pregunta que antes me respondí a mí misma. Aunque quisiera y aunque se lo merece al infinito, no puedo ningunearlo u odiarlo. El sigue estando y va a estar siempre en nuestra hija.

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