¿Y ahora qué hago?

La de arriba soy yo recibiendo un mensaje sobre mi hija en mi trabajo… Uno de mis momentos preferidos del día es cuando vuelvo a casa a la noche. Mientras subo en el ascensor hasta el sexto piso voy escuchando la voz de Eva cada vez más cerca y sonrío. Me pasa seguido: le quiero ganar a la puerta y a veces me atolondro para abrirla y tardo más. Quiero verla lo antes posible. Del otro lado siempre está ella: escondida debajo de una manta, en su casita, jugando con sus masas, haciendo piruetas en el monopatín… Esperándome con su energía habitual.

Anoche se rompió el hechizo. Abrí la puerta como siempre. Holaaaa chicas!!! Silencio total. “Perdón, Vale, no pude mantenerla despierta. Se durmió hace dos minutos. Me decía que estaba cansada y lloraba…”, soltó apesadumbrada, Lili, la mujer que cuida a Eva ya como una abuela… Estaca en el corazón… y preguntas encadenadas para calmar mi tristeza instantánea… ¿A qué hora exacta se durmió, Lili? ¿La bañaste? ¿Comió? ¿Jugó? ¿Se portó bien? ¿Te hizo caso? ¿Estaba contenta? Mi hija había tenido un día perfecto pero yo no llegué a verla despierta.

imageLa casa sin Eva o con Eva dormida no es la casa. La llevé a su cama. Hacía frío afuera pero todo estaba calentito adentro. Abrí su mochila del jardín y el cuaderno de comunicaciones no tenía notas. Preparé su vianda para el día siguiente: las galletitas rellenas la vuelven loca. Organicé su cena bien potente por las dudas. A Eva le gusta comer. Dejé un chocolate en su mesita de Minnie como postre. Ordené su uniforme. Todo quedó en su lugar.

Me ocupé de mí. Mi vianda para el trabajo de mañana, la comida de hoy. Apagué la tele, me serví una copa de buen vino, la casa estaba en absoluto silencio. ¿Intento despertar a Eva? ¿Se despertará de madrugada? ¿Qué debería hacer? ¿Me voy a domir también por las dudas?

Desde hace unos diez días volví a leer todas las noches, uno de mis grandes placeres. Evangelina ya está más grande, tiene sus propios libros y juegos, y podemos estar en el mismo lugar –abrazadas incluso– y haciendo cosas diferentes. Por eso mismo y porque sé que es lo mejor para las dos, disfruto de retomar aquello que dejé por un tiempo para dedicarme a full a ella. Tal vez vuelva los sábados al gimnasio. Una hora no es nada y pasaron cuatro años desde la última vez.

Anoche abrí también ese espacio aunque con esfuerzo. El silencio se completó con música y libros y chats y palabras. Me consolé pensando que mi hija se había despertado temprano, me acordé de la espuma con jabón mientras se lavaba los dientes con un panda con luz y de cuando armamos Minnies y Mickeys con rocklets. También, que jugamos con un globo violeta del último cumpleaños del jardín y que a la tarde me habló divertida cinco minutos sin parar por teléfono.

Escribir sobre Eva fue como despertarla un poco.

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La resistencia de las mamás solteras

Todavía no nos ven. Caminamos con la frente alta pero preferimos mimetizarnos con otras y otros y ahí vamos. A veces tenemos la mirada un poco cansada pero no se preocupen, no es nada grave. Seguramente nuestros hijos se acostaron tarde o se levantaron temprano o tal vez tuvieron fiebre y no pudimos dormir bien.

Quizá no nos vean pero aquí estamos. Somos fuertes. Nos doblegan pocas cosas. Una, diría: que a nuestros hijos les pase algo. Sentir que no estamos haciendo todo lo que podemos para que ellos sean felices. Percibir que les duele la ausencia de papá. Su felicidad es lo único que nos importa, se los aseguro.

Somos miles en todo el mundo. De 20, de 30, de 40… Si nos juntáramos podríamos crear un país. Tenemos historias, idiomas y vidas diferentes pero compartimos el instinto animal de la leona, el de todas mamás que aman. Ni se te ocurra molestar a nuestros cachorros.

Somos las mujeres de la sonrisa de la plenitud incorporada (¿la podés ver?). Nuestro deseo se hizo realidad. Nos emocionamos todo el tiempo con cada paso de nuestros pequeños. Nos explota el corazón. No nos quejamos. No nos van a ver llorar porque las lágrimas quedaron en el pasado o lo hacemos de noche cuando nadie nos ve.

Hemos sobrevivido a varias batallas. Somos guerreras y sabemos pedir ayuda. No nos tengan piedad, ni miedo ni envidia. Es un consejo. No nos afecta.

Maduramos con nuestros hijos mientras ellos crecían en la panza. Y después y ahora seguimos creciendo a la par. El tiempo pasa y, sin embargo, ellos nos hacen sentir más jóvenes y enérgicas que antes. Capaz se nos note… Nos conectan con una niña parecida y diferente a la que fuimos. Tenemos la alegría a flor de piel.

Quizá no nos vean y no hace falta. Nos guían los ojos de nuestros hijos como estrellas. Y para ellos tenemos guardado el sol.

Como tocada por una varita mágica

Corría el séptimo mes de embarazo. Yo tenía una panza enorme y mucha angustia. Que el papá de Evangelina no llegaba y estaba claro que no iba a llegar, que todo había sido una ilusión, que Eva sí estaba llegando y la plata no alcanzaba para el parto, que me sentía sola con muchas cosas… que…

2013-02-03 18.54.44 (1)Las palabras justas llegaron en el momento justo. Fue durante una sesión de reiki. “Vos quedate tranquila. Tratá de resolver tus dolores que Eva está bien. La veo feliz en la panza, viene rodeada de duendes y de hadas”, me dijeron. Lo sentí tan verdadero como las ecografías que aseguraban que mi hija venía a este mundo con la fuerza de una tromba, con una enorme vitalidad.

Desde el principio fue así. Todo lo que es y la rodea tiene como un halo especial que no puedo explicar. Quizá haya alguna razón en su origen, en el lugar de su origen, en el deseo que me llevó a buscar a su papá y a buscarla… no sé.

Cuando vuelvo a los ocho meses y medio que Eva estuvo en mi panza e incluso al tiempo anterior, recuerdo momentos que siento mágicos.

El origen

100_9081Con Amadou –el papá de Eva– nos reencontramos por tercera vez después de casi un año a fines de junio de 2012. Nos despedimos el 10 de julio entre lágrimas, besos y proyectos.

Fueron 11 días en las nubes. A mitad de la estadía, me sentía distinta. Presentía que estaba embarazada. Habíamos hablado del tema ni bien llegué a Atenas. “Quiero tener un hijo con vos”, me dijo él en inglés, el idioma con el que nos comunicamos. “Yo también”, le respondí absolutamente convencida. Minutos antes habíamos intercambiado alianzas con nuestros nombres. Fue como un casamiento simbólico. Nunca había pensado en casarme.

Quizá fue la noche del reencuentro, la del 30 de junio, la de los anillos y el deseo compartido de un hijo, que el corazón de Eva empezó a latir. En un mundo sin tiempo en medio de la convulsionada Atenas.

Las primeras señales

Amadou es musulmán y días después de mi llegada se enteró que estaba en la ciudad un especie de pastor de su religión. La ceremonia era en un hotel y, curiosa como siempre, no me la quise perder. Eramos dos mujeres blancas (una griega y yo) entre miles de negras y negros.

100_1859Con la cabeza semi tapada y un vestido largo, me dejaron entrar sin problemas. El pastor o “marable”, como le dicen ellos, estaba en el centro. Las mujeres fuimos las primeras en acercarnos a él. Me habían dicho que estaba prohibido tocarlo. Que era una deidad. Pero que le pidiera lo que deseaba porque se cumplía.

Durante la ceremonia había llorado mucho viendo a los bebés en brazos de sus mamás. Tenía claro que yo quería uno así. Me acerqué al “marable” y con las manos hacia arriba, como me habían enseñado, le dije que quería tener un hijo con Amadou. El estaba en primera fila, viendo todo, con los demás hombres.

Imprevistamente el hombre de la túnica me tocó los dedos. Como una bendición. No tomé consciencia de lo importante que era ese contacto hasta que me fui a mi lugar y los amigos de Amadou me dijeron que eso no pasaba nunca, que era “una elegida”.

100_7285El segundo momento increíble fue también en Atenas unos días después: una prima de Amadou me lo anticipó. “Estás embarazada”, aseguró un mediodía que nos quedamos solas en la cocina (la foto es de ese momento). No había podido terminar un pescado exquisito que nos había preparado. Cuando le conté, él sonrió y bromeó: ¿Tan rápido?. Los dos nos reímos.

imageEn esos días y sin haberme hecho el test, empecé a hablarle a mi hija. Sí!! , en femenino. Fuimos al Partenón un día de mucho calor y hablé con ella. Al Egeo y hablé con ella. Ya en el avión de vuelta empecé a escribir nombres posibles y apareció Evangelina, un nombre que nunca había pensado para un hijo. Las opciones eran: estoy embarazada o llego a Buenos Aires y cambio urgente de psicóloga.

El embarazo

Volví a Buenos Aires y no estaba loca. Fueron seis test de embarazo. No podía creer las dos rayitas.

El primero en enterarse fue lógicamente Amadou que no entendía bien de lo que le estaba hablando. En su cultura prefieren esperar a que todo avance. Recién hicieron una fiesta cuando Eva nació.

La segunda en saberlo fue mi abuela Carmen. Cuando cumplí 40, ella se me había acercado con sus 90 a cuestas y me había dicho: “Valita, le pedí a Dios que me deje vivir un poco más hasta saber que un hijo tuyo viene en camino”. En ese momento pensé que iba a defraudarla. Pero cuando el 18 de agosto de 2012 fui al geriátrico donde estaba internada y le di la noticia, todo tomó sentido. Se le iluminaron los ojos. Unos ojos grises y profundos. ¿Por qué no lo querés contar?, me susurró. Porque todavía no llegué a los tres meses, Abu, le respondí. Sonrió y nos abrazamos. Sentí que se estaba yendo. La foto es también de ese momento. Al otro día cayó en coma y nunca más volvió a despertar. Me esperanzo con pensar en que esperó a que Dios cumpliera su deseo y soltó esta vida.

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La tercera en enterarse fue mi hermana Soledad. Tengo por ella un amor y una confianza infinitos. Salvo mi mamá que ya lo intuía, el resto de la familia se enteró después cuando les conté lo de mi abuela.

Eva nació el 13 de marzo de 2013 horas antes de que el mundo supiera que Francisco era el nuevo Papa. Desde entonces y desde antes, todo lo que rodea a mi hija tiene algo especial. Capaz nos pasa a todas las mamás que vemos luminosos a nuestros hijos. Puede ser.

En mi caso, Eva parece entender todo desde el principio. Todo fluye, incluso desde lo material (soy su principal sostén). Es el día de hoy que si le falta algo aparece alguien con eso que le falta. Guardo como un trofeo un enterito violeta que conserva su primer olor que me regaló un compañero de trabajo que nos ayudó y ayuda con la generosidad de un amigo con lo que fue de sus hijas. También están, como siempre, amigas entrañables que también armaron bolsos enormes con ropa, libros y juguetes. Tenemos reservas hasta los 6 años. No exagero.

Por eso, cuando asoman los huecos, vuelven las palabras que me dijeron alguna vez. “Vos resolvé tus dolores que ella está bien…” Es verdad. Gracias Andrea estés donde estés. Cada vez que me detengo a mirarla descubro que Eva sigue rodeada de duendes y de hadas.

Eva acróbata

La primera charla

Lunes a la noche. Llegué tarde a casa del trabajo. Pasan muchas cosas todo el tiempo en este país… Con Eva improvisamos una cena rápida. Siempre quiere ayudarme en lo que esté haciendo. Recién empezábamos a comer cuando me propuso uno de sus juegos favoritos de los últimos tiempos: ser mi mamá y yo, su hijita.

Sentadas a la mesa volví a agradecer a todos los dioses que Eva imagine situaciones y que además me permita escuchar parte de lo que ve y siente que soy haciendo de mí.

Eva CocineraMi mamá-hijita me sirvió agua y me dijo que no agarrara el cuchillo porque era peligroso. Me alentó a que comiera toda la milanesa que cortó a los tirones y compartió conmigo su huevito de chocolate como postre. Después, fue por la espuma y los platos, intentó preparar la mochila del jardín y también terminar de lavar su ropa de Otoño-Invierno.

Ahí hubo un alto en el juego de roles.”No, Eva, si querés ayudame a cargar el lavarropas pero lo enciendo yo”. Aceptó sin retrucar. Suele desafiarme cuando algo no es lo que espera pero esta vez no.

– “Charlemos mamá”…
– (¿¿¿Escuché bien???)
– “Sentate vos ahí (banqueta alta tipo bar) y yo acá (lavarropas)”
– “Si, decime mi amor, ¿qué me querés contar?” (con naturalidad -me dije- vos podés, no lagrimees otra vez)

Vengo lagrimeando con todas las primeras veces. Desde que abrió los ojos el día de su nacimiento escuchando mi “Bienvenida Hijita”, pasando por la primera carcajada, la primera comida, la primera vez que me dijo mamá, que me dio un beso con ruido, que se subió a una calesita, que cortó las encías, roló, caminó, corrió, dejó los pañales… Tantos días… tengo una colección de lágrimas guardadas y un registro de cada uno de sus primeros pasos escritos en un libro rosa con la cara de El Principito que me regaló mi amiga Vanina apenas nació.

imageNo lo pude evitar tampoco esta vez con nuestra primera charla formal. Creo que ella ya se acostumbró a que tiene una mamá llorona.

Desenvuelta sobre el lavarropas, mi hija me contó que se había portado “bastante bien” en el jardín, que Ian le había pegado a Franco, que en una ronda de música se había tropezado bailando sola y que Lili, la mujer que la cuida, la había dejado saltar los canteros por la calle porque le había hecho caso. Yo le conté que había trabajado mucho, que estaba un poco cansada y que era muy feliz con ella.

Creo que la aburrí con mi respuesta. Voy a tener que repensar cómo entusiasmarla… Cambió de tema. Se paró sobre el lavarropas e improvisó algunos monólogos. Le siguió un salto con mi ayuda hacia la banqueta.

– “Mamá… ¿ese es el baño?”.. En el lavadero hay una ventana que conecta con el baño y enseguida hizo el link. “¿Te acordás cuando me encerré y te tiraste por la ventana? No me voy a encerrar más”.

Después, agarró un jabón blanco y me hizo olerlo. El jabón se transformó en guitarra y en bebé y volvió a ser jabón. Con la charla terminada, volvimos a sus rituales nocturnos: gimnasia sobre el piso de madera, saltos y piruetas para el infarto, vuelo de pantuflas y globos…

Antes de dormir, cuando yo volvía una y otra vez hacia nuestra primera charla, imaginando que algún día me va a preguntar por su papá, me trajo al presente con un remate directo al corazón: “Estoy muy contenta con vos”. Abrazo fuerte, muchos besos y a descansar.

Mi hija es mía

Las frases que son situaciones se repiten una y mil veces. Salimos de casa con Evangelina y arranca el rosario de comentarios y preguntas, muchas de ellas relacionadas entre sí. Las voces llegan desde afuera y también desde adentro, de nuestro entorno.

Frase 1: “Es muyyy linda!!!!!!””
Eva llama la atención. Vamos por la calle y muchos se dan vuelta para mirarla, se sonríen cuando nos ven pasar o se le acercan y le tocan los rulos. Sacándome el filtro de mamá –la veo la más hermosa del planeta–, sí descubro que tiene una combinación armónica de belleza y carisma (onda) ¿Qué le pasa a ella cuando le dicen que es muy linda, etc…?. Mira para otro lado. No le gusta que le estén encima.

Frase 2: “¿Es tuya?”
Viene de la mano de la frase 1. Eva es morena y yo muy blanca. Los que no conocen nuestra historia me suelen preguntar si es mía. Cuando estoy con “ganas de explicar” respondo: “Sí, es mía, la tuve en mi panza, su papá es africano” y ahí queda. Si no estoy en un día “con ganas de explicar”, digo “Sí, es mía, soy su mamá” y chau. Siempre me escucho responder con alegría y orgullo. Estoy muy orgullosa de ella, de nuestra historia y de nuestra vida juntas. En el medio, hubo momentos que ya son anécdotas. Cuba, 2014, Eva tenía un año y ocho meses. Volvíamos a Buenos Aires después de dos semanas en la isla. En Migraciones, se me acercó un militar con un perro. Me husmeaban como si fuera una delincuente. “¿Viniste a ver al papá?”, me habían preguntado minutos antes. “No, el papá está en Senegal”, respondí. Papeles en regla, silencio forzado y a otra cosa.

Frase 3: “Se está pareciendo mucho a vos”
La frase surge de mi propia familia y de mis amigos, los que nos quieren de verdad. Lo tomo como una palmada en el hombro, como un gesto de amor. Eva lleva con ella parte de lo que soy y de lo que es su papá pero es ella más allá de nosotros. Me reconozco y también reconozco en ella a su papá pero nos trascendió.

Evarulos

Frase 4: ¿Cómo hacés con el pelo?
Volvamos a los rulos. El tema del pelo afro es una incógnita para muchos. Yo empecé a entenderlo con las rastas de Amadou y avancé varios casilleros con ella. Lo digo una vez más (siempre me prometo que va a ser la última). El operativo “Motas suaves” empieza después de enjuagar el champú. Crema de enjuague primero, dedos después que desenredan. Eva se queja. Sigo cuando está concentrada en bañar a su bebé. Ahora más crema de enjuague y peine. Agua y casi estamos. El pelo afro se seca rapidísimo. Crema para peinar y final del operativo.

“Cuando sea grande, se lo va a querer planchar”, es un plus de la frase 4. “Sí o capaz que cuando sea grande se usa el afro”, es mi respuesta. Los grandes tenemos una mirada que retrasa. No pasa lo mismo con los chicos. No fueron pocas veces las que escuché a nenes y nenas conocidos y desconocidos diciéndole que estaba buenísimo su pelo. Por lo pronto, yo cada vez me plancho menos el mío. Resolví que es una manera de enseñarle a mi hija que uno tiene que aceptarse como es. Y me dejo el pelo aleonado al viento, con rulos también.

Frase 5: “¿Tiene tu apellido?”
Sí, mi hija tiene mi apellido. Es Evangelina López sin segundo nombre. Conscientemente decidí que así fuera y fue una decisión sabia. Con su papá en Africa como un satélite perdido en el universo, puedo moverme con ella sin pedirle permiso a nadie. Y ahí vamos, caminando libres por la vida. Recuerdo el día en el que la inscribí. Tenía menos de un mes. Estaba mi mamá con nosotras, como siempre. Festejamos que se sumara otra López a la numerosa familia que todos, con mis papás y mis hermanos, fuimos formando. El árbol López tiene varias ramas. Eva es uno de sus frutos.

Frase 6: “¿No tenés miedo del papá?” “¿Qué vas a hacer si viene?”
Que el papá venga es una posibilidad remota hoy. Lo viene prometiendo desde que Eva estaba en la panza así que todo está dentro del plano de lo que no pasó y tal vez no pasará. “¿Y si algún día ella te pide ir a verlo?”, preguntan algunos. “Iré con ella. No la voy a dejar sola nunca”, es mi convicción. ¿Miedo?, no ya. Como un chiste y no tanto, muchos se ofrecieron como guardaespaldas para defendernos si algún día fuese necesario. ¿Incertidumbre?, tal vez. No sé qué pasaría si algún día el papá de Eva vence al supuesto gualicho, abandona el skype y aparece en Buenos Aires queriendo cumplir con su rol.

Frase 7: “¿Cómo hacés con todo sola?”
Se puede. La plenitud doblega al cansancio. Siento que estoy transitando mi época dorada. El otro día, volviendo con ella a upa bajo la llovizna y con los brazos semiacalambrados me salió –como siempre– llenarla de besos mientras tomaba aire para llegar a casa. El amor tiene una fuerza arrasadora. Hace años que no me quejo porque no tengo motivos. Si Eva está bien, tirame una bomba nuclear encima que no pasa nada. Sigo. Me siento iluminada por sus ojos y su mirada. Ella está ahí.

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Papá por skype, nueva versión

Ultimo sábado al mediodía. Eva estuvo con tos toda la noche pero finalmente pudimos dormir. El plan inmediato era ir al cine. Ya van tres sábados seguidos que vamos a ver distintas películas. Desde que vio Zootopia en pantalla gigante me pide ir en la semana y yo accedo encantada el fin de semana. Le gusta el cine como a mí.

Suena el celular. Característica +54 351… Es el papá de Eva, ya lo sé. Antes figuraba privado en la pantallita pero ahora aparece el +54 351… (¿Estará en Córdoba?) y un número larguísimo (no, es Dakar). Se olvidó de llamar a su hija el día de su cumpleaños pero aquí está otra vez.

– Hola, ¿cómo estás?, ¿todo bien? ¿te podrás conectar al skype? (él, todo en inglés).
– Sí, cortito porque nos vamos al cine (yo, en inglés también).

Y ahí vamos. Siguiendo los consejos de mi psicóloga, no tengo que hablar con él más de la cuenta. Me tengo que correr del rol de intermediaria y que hablen entre ellos sin mí, lo que me cuesta mucho porque siento que dejo a Eva sola y sin terminar de entender nada. Pero probemos…

Aparece en el celular y lo saludamos. Nos ve y sonríe. La misma sonrisa de mi hija. Ella se acerca a la pantalla y le saca la lengua. El sonríe otra vez. “Hola amor…! ¿Cómo estás? ¡Qué largo tenés el pelo!”, le dice. “Papá dice que tenés el pelo largo”, le traduzco para romper el hielo. Ella vuelve a acercarse a la pantalla y se toca los rulos. “Mirá mi pelo –agrega él en espejo– también está creciendo”.

Con el supuesto gualicho que le impide venir a la Argentina adentro de él, Amadou asegura que probó varias cosas en Africa. Desde remedios hasta cortarse las rastas hasta los hombros que tenía cuando lo conocí. Lo último es cierto. Estando embarazada apareció un día también por skype con el pelo al ras.

Pasaron más de tres años y su pelo también creció. Y ahora le muestra las rastas a su hija. Eva lo vió y abrió los ojos más grandes que de costumbre con la emoción y la sorpresa propia de lo que uno ve y descubre por primera vez. Después, quiso pintarle la cara con unos maquillajes para niños en celeste y blanco que había prácticamente agotado en mi cara. También quiso compartir un caramelo de limón que él hizo como que comía.

Breve intercambio conmigo y… “los dejo un rato así preparo todo para irnos”.

“¿Hola mi amor… te amo! ¿vos me amás?…, le preguntó. Eva respondió con la canción que ella misma creó, “Firiquiparicá…”, ayudada con el micrófono nuevo que le había regalado su amigo Lucca el día anterior. “Bravísimoooo!”, respondió él. “¿Todo bien?… Papá te ama!”, él. “Sí, todo bien”, ella. Y la conversación siguió así. Con declaraciones permanentes de amor de parte de él y cánticos y piruetas de parte de ella. Por momentos, él le decía “Phenda” y Eva no respondía. En Senegal, cuando Evangelina nació, hicieron una fiesta y le pusieron ese nombre. “Phenda” significa “Pertenecida”.

Los escuché desde mi habitación con algo de tristeza hasta que ya no hubo más tiempo.

-“Nos tenemos que ir”… (yo, mientras cambiaba a Eva de Otoño para que la tos no avance…)
-“¿Me podrás llamar a la noche?” (él)
– “No voy a poder” (yo)
– “Ok, si podés… cuídense” (él)
– Chau, que tengas un buen día, empieza Kunfu Panda 3… (yo)

Terminó la conversación con su concierto de frases amorosas de siempre como si estuviera acá. Yo le digo que se pone un CD rayado, que ya está, que cansa mucho escuchar siempre la misma canción. Sí tenemos algo en común: le confirmé que nuestra hija es fuerte, que arrancó el jardín y que, mientras muchos nenes se enfermaron, ella sólo tuvo-tiene tos sin fiebre. En eso nos unimos y le agradecemos a Dios.

Mi Estrella

Dos semanas y cuatro días

Todo parece moverse a la velocidad de un rayo en nuestro mundo. En las últimas dos semanas y cuatro días Evangelina empezó el jardín, se adaptó, se encerró en el baño como un juego, me trepé por una ventana para “rescatarla”, tuvo tos y adenitis (se le inflamó un ganglio), se mejoró, vio su primera película en pantalla gigante, “compuso” su primera canción y cumplió sus esperados 3 años. Desde que nació mi hija, marzo es una especie de huracán de cambios, comienzos, emociones y cansancio. También de imágenes.

evacocinaMuchas de las que guardo son del 13. La vuelvo a ver a las 0.00 como encendida escuchando la alarma del celular para avisarnos que empezaba su cumpleaños. La veo buscándome en la cocina mientras yo prendía y ella apagaba su primera vela del día y después correr juntas a la habitación. “Cerrá los ojos, hija”… (su regalo estaba escondido en mi placard) “Ahora abrilos”… Recuerdo la sorpresa en sus ojos cuando vio la cocinita que venía pidiendo. Le gusta cocinar aunque me ve muy pocas veces hacerlo. “Cocinamos” hasta la 1.30 de la madrugada.

La recuerdo esa misma madrugada cerca de las 5 dando vueltas en su cama por culpa de la maldita tos. “Tranquila hija, ya va a pasar. Mamá te cuida” (es la frase que me sale siempre cuando siento que ella se debilita). Sin tos ya, la vuelvo a ver entredormida  y sonriendo…”Mamá, la cocinita…” y un ok con el pulgar hacia arriba que después transformó con otros dedos en un corazón. Siempre armamos corazones con las manos que nos arrojamos entre nosotras a través del aire.

Nos veo abrazadas yendo solas al mediodía hacia Temperley. Rodeadas de bolsos con nuestra ropa, sandwiches de miga y el cotillón de Frozen. La veo corriendo horas después por el salón donde fue el festejo mientras mi mamá, una amiga y yo limpiábamos todo y vestíamos paredes blancas con guirnaldas y globos de colores.

evaconfrancoevafrozenLa vuelvo a ver ya con su cumple en marcha. Primero rodeada de sus primos, después de familiares, amigos e hijos de amigos con ella como protagonista. La veo observando todo muy pensativa con sus ojos negros y la carita pintada de plateado… ¿En qué estarás pensando hijita?…

La veo jugando con un perfume sencillo de princesas –su regalo preferido entre otros mucho más llamativos– y disfrutar entre burbujas gigantes. Me veo calmándole su llanto cuando el animador tuvo la desafortunada idea de prender fuego un libro. La sentí más aferrada a mí que nunca. 

Cuando las luces se apagaron y quedamos los de siempre, volvió a ser ella en plenitud. En la casa de mis viejos, su segunda casa, nos cantó “su” tema en un escenario improvisado. Antes de irse a dormir, intentó curarle un dedo a mi papá con su perfume de princesas, a esta altura una especie de pócima. El abuelo Pichi no se sacó la curita hasta que ella “le dio el alta” el día después. Qué maravillosas caras tiene el amor.

El lunes debutó en capoeira. El martes salimos con el blog en un diario y perdimos el anonimato por un rato. El miércoles fuimos ella y yo otra vez en nuestra casa sin apuros ni otras miradas. A veces siento que es ahí, justo ahí, cuando el mundo se detiene aunque estemos en movimiento. Se detiene por un rato. Anoche volvió la tos y me levanté tres veces para hacerle vapor y abrazarla fuerte. Volví a decirle al oído mientras lloraba que se quede tranquila. Que estoy yo para cuidarla.

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Eva cumple 3 y yo brindo

Muchos se ríen de mí cuando cuento la anécdota o me miran con cara de “estás loca”. Tal vez tengan razón. Desde que Evangelina cumplió un mes, canto y prendo una vela todos los 13 a las 0.00 para festejar su crecimiento.

Al principio la apagaba sola a su lado y algunas veces se prendían familiares y amigos con aplausos y soplidos. Cuando cumplió 1 empezó a entender. Aprendió a soplar, a saber que hay una canción del Cumpleaños Feliz y que los homenajeados reciben regalos y no hubo vuelta atrás.

imageNo le importan tanto la canción ni los regalos. Lo que más le gusta es el momento de la vela. Cuando hay luz, quiera estar cerca.

Fuera de casa, se pelea por estar en la primera fila en otros cumpleaños. En casa, me hace gastar media caja de fósforos cada 13 desde las 0.00 hasta que la vela empieza a consumirse. Prendimos muchas velas juntas desde el 13 de marzo de 2013. Las principales están guardadas en el cajón de sus recuerdos.

Cada nuevo año de mi hija es un volver a empezar para mí y, a su vez, una celebración continuada. Eva es una nena única. La hija más increíble que me pudo haber tocado.

Por eso y por muchas cosas más brindo hoy.

* Brindo porque se presenta como “Soy Eva”, “Soy artista” y “Me gusta correr” y lo sostiene a ultranza en el discurso y en la realidad.

* Brindo por lo que ella es más allá de lo que yo le pueda enseñar y transmitir. Por su firmeza frente a lo que le gusta o no le gusta. Por lo que genera en los que la conocen personalmente o la siguen por fotos.

* Brindo porque se adaptó y se sigue adaptando a lo poco y a lo mucho, a guarderías, niñeras, al colegio, al frío y al calor. Porque se mimetiza sin problemas en un colectivo atestado o en un avión de lujo.

* Brindo por su primer año, por su segundo año, por su tercer año. Porque siempre corrió aire fresco a nuestro alrededor. Porque lo suyo es la sonrisa, el movimiento y el histrionismo. Porque llora poco cuando se cae y deja las lágrimas para los caprichos y los berrinches.

Eva cumple 2

* Brindo porque me ayudó a romper muchas de mis viejas y oscuras estructuras. Entre ellas, la de creer que uno puede digitar todo en su vida.

* Brindo porque no le tiene miedo a las tormentas, porque le gusta caminar bajo la lluvia con o sin paraguas.

* Brindo porque ama a los animales. Porque quiere moverse por la vida con la libertad de un pájaro.

* Brindo porque todas las noches busca a la luna en el cielo desde la tierra.

* Brindo porque, aunque ahora me cueste mantenerme en pie, le gusta trasnochar y después dormir profundo como a mí.

* Brindo porque ya tiene sus amigos y porque muchos de ellos son los hijos de los amigos que me acompañaron sin renuncios durante mi embarazo y que ya estaban desde mucho antes.

* Brindo porque pude sin un compañero cerca. Porque en el andar con mi hija me reconocí mucho más fuerte de lo que creía ser y también mucho más vulnerable.

* Brindo por cada “Te amo mucho Mamá” porque ya empezó a entender que el amor es el motor de todo. Porque gracias a ella confirmé que es cierto que hay amores incondicionales y para toda la vida.

* Brindo porque inventa canciones y baila mientras se mira en su sombra, en los vidrios o en los espejos.

* Brindo por sus “Mamá, ¿me hacés caricitas?” y por los “Mejor no, porque mamá se enoja”.

* Brindo por sus “¿Estás bien Mamá?” cuando escucha que se me cayó algún plato en la cocina o estoy con tos.

* Brindo porque ya vimos nuestra primera película juntas tiradas en el suelo y porque eligió “Up”, una mezcla de vuelos, amor, sueños y destino.

* Brindo porque gracias a ella volví a escribir.

* Brindo porque para muchos ya no soy Valeria sino la Mamá de Eva.

* Brindo porque cada 13 vuelvo a ser chiquita un poco.

* Brindo porque, cuando vuelvo al pasado cercano, confirmo que escuché mi deseo a tiempo. Brindo porque se hizo realidad.

* Brindo porque mi hija ya aprendió a brindar y todas las noches pedimos deseos juntas con los ojos cerrados. Los míos siguen siendo todos para ella.

Eva cumple 2!

Situación 3: Eva empezó sala de 3

Viernes pasado, mañana de sol..

– Eva!
– Sí, mamá…
– Te quería contar algo lindo. Mamá se tomó una semana de vacaciones para acompañarte en la vuelta al jardín. ¿Viste que arrancás la sala de 3?!!! ¿Estás contenta?

Esperé una sonrisa. Una palabra. Un gritito de emoción. Algo.

– No, mamá. Va Lili (la mujer que empezó a cuidarla desde el 1 febrero!!!). Vos vas a trabajar.

Fin de la cita. O principio de la catarsis.

El operativo “retorno al colegio” empezó exitoso. Mi hija ya entendió cómo se mueven las piezas en nuestro tablero. Se acostumbró a que la acompañe al jardín la persona que la cuida mientras yo no estoy. Lili sonrió ancha cuando le conté el diálogo con Evangelina.

Cada inicio de ciclo es un volver empezar para ella y también para mí. Ella lo toma con alegría y libertad. A mí se me remueven un montón de cosas aunque también me libera de viejas y nuevas preocupaciones. Pasa desde que nació: Eva da cada paso con felicidad y sin un problema. Es como que entendiera todo.

Ayer fue el gran día. Caminamos hasta el jardín. La zona del Congreso estaba vallada por la apertura de sesiones y no había otra chance que llegar a pié. Con Eva a upa en varios tramos, fui procesando la emoción de los nuevos principios.

A una cuadra de la entrada, la bajé y fuimos coreando “Olé, olé, olé, olé, Eva! Eva! hasta llegar (Sí, se dieron vuelta varios, pero no importa). Subimos varias escaleras hasta llegar a la sala “Canguros”. Ya había varios de sus amigos sentados en las mesitas o a upa de sus papás y mamás, los mismos de las reuniones y de los grupos de chat.

imageElla, como siempre, observó el panorama y después avanzo. La perdí entre juegos y diálogos con sus amigos Clarita y Franco y las seños. Pude verla en su mundo sin ningún peso sobre mi espalda. La vi armar torres altas, intercambiar preguntas y respuestas con Eva (una de las maestras se llama como ella) y calmar a su amiga Clarita cuando lagrimeaba.

Lili se quedó de guardia por las dudas aunque creo que no hacía falta. Me fui a la esquina con otra mamá a tomar un café. Como el año pasado, me preguntó por el papá de Eva. Como un disco repetido, le conté que sigue en Africa, que llama seguido, que nada cambió aunque acá todo esté cambiando todo el tiempo. Hay ausencias que se sienten pero que ya no duelen. Estoy mucho más liviana.

Eva salió radiante y enérgica. Se sacó fotos con sus amigos, conmigo, saludó a todos, volvimos a casa.

Es maravilloso acompañar a tu hijo en sus nuevos principios y ver cómo crece y empieza a caminar solo sin vos como un bastón.

Hoy entró feliz como ayer y me hizo un berrinche a la vuelta así que creo que estoy sobrando. Siguiendo su sútil consejo, la semana que viene vuelvo a trabajar.

Los Primos de Eva

Son como un círculo con varias manos. Una especie de scrum en el que todos tiran para el mismo lado. Evangelina está en el centro y sus primos la rodean en una red afectiva sin fisuras. Los veo, festejo y me tranquilizo.

Para ellos es Evuchi, Evuchina, Evuchini, Negri, Dulce de leche, Vuchi, Vuchina, Vu. El amor le pone apodos a las personas que amamos para acercanos quizá un poco más a ellas.

Salvador es el mayor. Es el padrino de Eva, hijo de mi hermano Gastón. Salvi es todo corazón. Cuida a Eva como un pequeño padre. Es increíble que ya lleve con él el instinto de protección. Tiene brazos flacos y largos que dan dos vueltas en el cuerpo de su ahijada. La sigue con la mirada aunque esté metido en su mundo adolescente. La preserva de lo peligroso. Si está Salvi cerca de Eva, no le puede pasar nada. Lo imagino su consejero: “Esto sí, está bien”. “Esto no, tené cuidado Eva”. Algo así. Tiene el don de pensar y sentir a la vez.

Le sigue Lorenzo, el rebelde. Lolo va a la suya y no le importa quedar bien con nadie. Si le caes bien, adentro!! sino sos un potus. Demuestra poco aunque es profundamente sensible. Eva lo puede. La deja hacer lo que ella quiere. Se pone a su altura y si se lo pide, juega a los juegos más aburridos del mundo para verla entretenida. El otro día abandonó la play por un rato y jugó con ella al fútbol, su deporte sagrado. Aplaude sus acrobacias. Lo sorprendí muchas veces dándole besos. Es conmovedor. Lo imagino agarrándose a las piñas con el que sea si le tocan a su prima.

Pía fue la primera nena de la segunda generación del Clan López y es mi ahijada. Tiene el alma en la mano y eso hace que muchas veces le duela todo o que esté en guardia. Con Eva bajó todas sus defensas. Lo primero que hace cuando llega a un lugar que sabe que está es buscarla hasta que la encuentra. Después le cuesta soltarla. La incluye en todo, logra borrar la diferencia de edades. Hace de prima, mamá, maestra, titiritera… lo que sea. La defiende aunque Eva haga lío. La veo indicándole el camino y secando sus lágrimas frente a sus primeros desamores. Y Eva a ella. Son guerreras.

Le sigue Emilia, también mi ahijada e hija de mi hermana Soledad. Junto con Pía me fueron preparando para ser mamá y ahora ellas cuidan a mi hija. Emi y Eva son dos y son una. Van juntas a todos lados y se recuerdan cuando están lejos. Hay días en que Eva se despierta pensando en jugar con Emi o la llama antes de dormir desde su teléfono sin tono. Siento que Emilia ve a Eva mejor que nadie a través de sus enormes ojos claros. Se divierte infinitamente con “Dulce de Leche” o “La Loquita” como le gusta decirle. Le cumple todos los deseos. Se va a disfrazar de Elsa para hacer realidad uno de ellos cuando cumpla 3. Hace poco le hizo hacer a mi mamá un ceremonia en la que ella se consagró “Madrina de Eva”. Las veo divirtiéndose juntas en el futuro. Tal vez, compartirán vacaciones y largas charlas siguiendo la historia que empezamos con mi hermana. Seguramente Emi será “la seria” y Eva “la que desafiará el límite” (como sus mamás). Se van a complementar como nosotras.

Y finalmente está Matilda, la más personaje de los cinco primos. Al revés de lo que pasa con los demás, “Matulina” es la que hace reir a Eva. Las une el desparpajo. Arrasan. No dependen de nadie ni tienen miedo. Bailan, cantan, se mueven, corren, juegan y siguen.”Matulina” aliviana todo. Nada parece grave. Si algo se rompe, no pasa nada. Las veo compartiendo fiestas y bailes. Destrozando corazones. “¿Qué? ¿No conocés a las primas López?”… Ya me parece escucharlo aunque falte tiempo. Sálvese quien pueda de ellas.

imageEva también tiene dos primos en Senegal. Son Mama y Falou, los nenes de la foto. Hace poco Amadou me contó que Mama (ya adolescente como Salvi y Lolo) pregunta por su prima. Ella es como Emilia, más seria. Falou es Eva en varón, imparable. Parece que el otro día la vio en una foto y se puso triste porque quería jugar con ella. En Africa Eva es una foto. Pero algo pasa: todos la aman igual que acá. Algunos la tienen como fondo de pantalla del celular.

De este lado del océano, al Clan López le falta todavía un hijo de Ezequiel, el Padrino de los seis. Y quizás alguno más de Sole. Ya vendrán y el scrum será más fuerte todavía.

Si tuviera otra vida, me gustaría darle un hermano a mi hija. Los buenos hermanos como los míos sanan. A mis 44 no lo veo muy posible aunque es cierto que mis óvulos congelados me recuerdan que no todo es tan definitivo. Igualmente, Eva tiene primos que son como hermanos. Estoy segura de que nunca la van a dejar caer.

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