Dos semanas y cuatro días

Todo parece moverse a la velocidad de un rayo en nuestro mundo. En las últimas dos semanas y cuatro días Evangelina empezó el jardín, se adaptó, se encerró en el baño como un juego, me trepé por una ventana para “rescatarla”, tuvo tos y adenitis (se le inflamó un ganglio), se mejoró, vio su primera película en pantalla gigante, “compuso” su primera canción y cumplió sus esperados 3 años. Desde que nació mi hija, marzo es una especie de huracán de cambios, comienzos, emociones y cansancio. También de imágenes.

evacocinaMuchas de las que guardo son del 13. La vuelvo a ver a las 0.00 como encendida escuchando la alarma del celular para avisarnos que empezaba su cumpleaños. La veo buscándome en la cocina mientras yo prendía y ella apagaba su primera vela del día y después correr juntas a la habitación. “Cerrá los ojos, hija”… (su regalo estaba escondido en mi placard) “Ahora abrilos”… Recuerdo la sorpresa en sus ojos cuando vio la cocinita que venía pidiendo. Le gusta cocinar aunque me ve muy pocas veces hacerlo. “Cocinamos” hasta la 1.30 de la madrugada.

La recuerdo esa misma madrugada cerca de las 5 dando vueltas en su cama por culpa de la maldita tos. “Tranquila hija, ya va a pasar. Mamá te cuida” (es la frase que me sale siempre cuando siento que ella se debilita). Sin tos ya, la vuelvo a ver entredormida  y sonriendo…”Mamá, la cocinita…” y un ok con el pulgar hacia arriba que después transformó con otros dedos en un corazón. Siempre armamos corazones con las manos que nos arrojamos entre nosotras a través del aire.

Nos veo abrazadas yendo solas al mediodía hacia Temperley. Rodeadas de bolsos con nuestra ropa, sandwiches de miga y el cotillón de Frozen. La veo corriendo horas después por el salón donde fue el festejo mientras mi mamá, una amiga y yo limpiábamos todo y vestíamos paredes blancas con guirnaldas y globos de colores.

evaconfrancoevafrozenLa vuelvo a ver ya con su cumple en marcha. Primero rodeada de sus primos, después de familiares, amigos e hijos de amigos con ella como protagonista. La veo observando todo muy pensativa con sus ojos negros y la carita pintada de plateado… ¿En qué estarás pensando hijita?…

La veo jugando con un perfume sencillo de princesas –su regalo preferido entre otros mucho más llamativos– y disfrutar entre burbujas gigantes. Me veo calmándole su llanto cuando el animador tuvo la desafortunada idea de prender fuego un libro. La sentí más aferrada a mí que nunca. 

Cuando las luces se apagaron y quedamos los de siempre, volvió a ser ella en plenitud. En la casa de mis viejos, su segunda casa, nos cantó “su” tema en un escenario improvisado. Antes de irse a dormir, intentó curarle un dedo a mi papá con su perfume de princesas, a esta altura una especie de pócima. El abuelo Pichi no se sacó la curita hasta que ella “le dio el alta” el día después. Qué maravillosas caras tiene el amor.

El lunes debutó en capoeira. El martes salimos con el blog en un diario y perdimos el anonimato por un rato. El miércoles fuimos ella y yo otra vez en nuestra casa sin apuros ni otras miradas. A veces siento que es ahí, justo ahí, cuando el mundo se detiene aunque estemos en movimiento. Se detiene por un rato. Anoche volvió la tos y me levanté tres veces para hacerle vapor y abrazarla fuerte. Volví a decirle al oído mientras lloraba que se quede tranquila. Que estoy yo para cuidarla.

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Eva cumple 3 y yo brindo

Muchos se ríen de mí cuando cuento la anécdota o me miran con cara de “estás loca”. Tal vez tengan razón. Desde que Evangelina cumplió un mes, canto y prendo una vela todos los 13 a las 0.00 para festejar su crecimiento.

Al principio la apagaba sola a su lado y algunas veces se prendían familiares y amigos con aplausos y soplidos. Cuando cumplió 1 empezó a entender. Aprendió a soplar, a saber que hay una canción del Cumpleaños Feliz y que los homenajeados reciben regalos y no hubo vuelta atrás.

imageNo le importan tanto la canción ni los regalos. Lo que más le gusta es el momento de la vela. Cuando hay luz, quiera estar cerca.

Fuera de casa, se pelea por estar en la primera fila en otros cumpleaños. En casa, me hace gastar media caja de fósforos cada 13 desde las 0.00 hasta que la vela empieza a consumirse. Prendimos muchas velas juntas desde el 13 de marzo de 2013. Las principales están guardadas en el cajón de sus recuerdos.

Cada nuevo año de mi hija es un volver a empezar para mí y, a su vez, una celebración continuada. Eva es una nena única. La hija más increíble que me pudo haber tocado.

Por eso y por muchas cosas más brindo hoy.

* Brindo porque se presenta como “Soy Eva”, “Soy artista” y “Me gusta correr” y lo sostiene a ultranza en el discurso y en la realidad.

* Brindo por lo que ella es más allá de lo que yo le pueda enseñar y transmitir. Por su firmeza frente a lo que le gusta o no le gusta. Por lo que genera en los que la conocen personalmente o la siguen por fotos.

* Brindo porque se adaptó y se sigue adaptando a lo poco y a lo mucho, a guarderías, niñeras, al colegio, al frío y al calor. Porque se mimetiza sin problemas en un colectivo atestado o en un avión de lujo.

* Brindo por su primer año, por su segundo año, por su tercer año. Porque siempre corrió aire fresco a nuestro alrededor. Porque lo suyo es la sonrisa, el movimiento y el histrionismo. Porque llora poco cuando se cae y deja las lágrimas para los caprichos y los berrinches.

Eva cumple 2

* Brindo porque me ayudó a romper muchas de mis viejas y oscuras estructuras. Entre ellas, la de creer que uno puede digitar todo en su vida.

* Brindo porque no le tiene miedo a las tormentas, porque le gusta caminar bajo la lluvia con o sin paraguas.

* Brindo porque ama a los animales. Porque quiere moverse por la vida con la libertad de un pájaro.

* Brindo porque todas las noches busca a la luna en el cielo desde la tierra.

* Brindo porque, aunque ahora me cueste mantenerme en pie, le gusta trasnochar y después dormir profundo como a mí.

* Brindo porque ya tiene sus amigos y porque muchos de ellos son los hijos de los amigos que me acompañaron sin renuncios durante mi embarazo y que ya estaban desde mucho antes.

* Brindo porque pude sin un compañero cerca. Porque en el andar con mi hija me reconocí mucho más fuerte de lo que creía ser y también mucho más vulnerable.

* Brindo por cada “Te amo mucho Mamá” porque ya empezó a entender que el amor es el motor de todo. Porque gracias a ella confirmé que es cierto que hay amores incondicionales y para toda la vida.

* Brindo porque inventa canciones y baila mientras se mira en su sombra, en los vidrios o en los espejos.

* Brindo por sus “Mamá, ¿me hacés caricitas?” y por los “Mejor no, porque mamá se enoja”.

* Brindo por sus “¿Estás bien Mamá?” cuando escucha que se me cayó algún plato en la cocina o estoy con tos.

* Brindo porque ya vimos nuestra primera película juntas tiradas en el suelo y porque eligió “Up”, una mezcla de vuelos, amor, sueños y destino.

* Brindo porque gracias a ella volví a escribir.

* Brindo porque para muchos ya no soy Valeria sino la Mamá de Eva.

* Brindo porque cada 13 vuelvo a ser chiquita un poco.

* Brindo porque, cuando vuelvo al pasado cercano, confirmo que escuché mi deseo a tiempo. Brindo porque se hizo realidad.

* Brindo porque mi hija ya aprendió a brindar y todas las noches pedimos deseos juntas con los ojos cerrados. Los míos siguen siendo todos para ella.

Eva cumple 2!

Situación 3: Eva empezó sala de 3

Viernes pasado, mañana de sol..

– Eva!
– Sí, mamá…
– Te quería contar algo lindo. Mamá se tomó una semana de vacaciones para acompañarte en la vuelta al jardín. ¿Viste que arrancás la sala de 3?!!! ¿Estás contenta?

Esperé una sonrisa. Una palabra. Un gritito de emoción. Algo.

– No, mamá. Va Lili (la mujer que empezó a cuidarla desde el 1 febrero!!!). Vos vas a trabajar.

Fin de la cita. O principio de la catarsis.

El operativo “retorno al colegio” empezó exitoso. Mi hija ya entendió cómo se mueven las piezas en nuestro tablero. Se acostumbró a que la acompañe al jardín la persona que la cuida mientras yo no estoy. Lili sonrió ancha cuando le conté el diálogo con Evangelina.

Cada inicio de ciclo es un volver empezar para ella y también para mí. Ella lo toma con alegría y libertad. A mí se me remueven un montón de cosas aunque también me libera de viejas y nuevas preocupaciones. Pasa desde que nació: Eva da cada paso con felicidad y sin un problema. Es como que entendiera todo.

Ayer fue el gran día. Caminamos hasta el jardín. La zona del Congreso estaba vallada por la apertura de sesiones y no había otra chance que llegar a pié. Con Eva a upa en varios tramos, fui procesando la emoción de los nuevos principios.

A una cuadra de la entrada, la bajé y fuimos coreando “Olé, olé, olé, olé, Eva! Eva! hasta llegar (Sí, se dieron vuelta varios, pero no importa). Subimos varias escaleras hasta llegar a la sala “Canguros”. Ya había varios de sus amigos sentados en las mesitas o a upa de sus papás y mamás, los mismos de las reuniones y de los grupos de chat.

imageElla, como siempre, observó el panorama y después avanzo. La perdí entre juegos y diálogos con sus amigos Clarita y Franco y las seños. Pude verla en su mundo sin ningún peso sobre mi espalda. La vi armar torres altas, intercambiar preguntas y respuestas con Eva (una de las maestras se llama como ella) y calmar a su amiga Clarita cuando lagrimeaba.

Lili se quedó de guardia por las dudas aunque creo que no hacía falta. Me fui a la esquina con otra mamá a tomar un café. Como el año pasado, me preguntó por el papá de Eva. Como un disco repetido, le conté que sigue en Africa, que llama seguido, que nada cambió aunque acá todo esté cambiando todo el tiempo. Hay ausencias que se sienten pero que ya no duelen. Estoy mucho más liviana.

Eva salió radiante y enérgica. Se sacó fotos con sus amigos, conmigo, saludó a todos, volvimos a casa.

Es maravilloso acompañar a tu hijo en sus nuevos principios y ver cómo crece y empieza a caminar solo sin vos como un bastón.

Hoy entró feliz como ayer y me hizo un berrinche a la vuelta así que creo que estoy sobrando. Siguiendo su sútil consejo, la semana que viene vuelvo a trabajar.

Los Primos de Eva

Son como un círculo con varias manos. Una especie de scrum en el que todos tiran para el mismo lado. Evangelina está en el centro y sus primos la rodean en una red afectiva sin fisuras. Los veo, festejo y me tranquilizo.

Para ellos es Evuchi, Evuchina, Evuchini, Negri, Dulce de leche, Vuchi, Vuchina, Vu. El amor le pone apodos a las personas que amamos para acercanos quizás un poco más a ellas.

Salvador es el mayor. Es el padrino de Eva, hijo de mi hermano Gastón. Salvi es todo corazón. Cuida a Eva como un pequeño padre. Es increíble que ya lleve con él el instinto de protección. Tiene brazos flacos y largos que dan dos vueltas en el cuerpo de su ahijada. La sigue con la mirada aunque esté metido en su mundo adolescente. La preserva de lo peligroso. Si está Salvi cerca de Eva, no le puede pasar nada. Lo imagino su consejero: “Esto sí, está bien”. “Esto no, tené cuidado Eva”. Algo así. Tiene el don de pensar y sentir a la vez.

Le sigue Lorenzo, el rebelde. Lolo va a la suya y no le importa quedar bien con nadie. Si le caes bien, adentro!! sino sos un potus. Demuestra poco aunque es profundamente sensible. Eva lo puede. La deja hacer lo que ella quiere. Se pone a su altura y si se lo pide, juega a los juegos más aburridos del mundo para verla entretenida. El otro día abandonó la play por un rato y jugó con ella al fútbol, su deporte sagrado. Aplaude sus acrobacias. Lo sorprendí muchas veces dándole besos. Es conmovedor. Lo imagino agarrándose a las piñas con el que sea si le tocan a su prima.

Pía fue la primera nena de la segunda generación del Clan López y es mi ahijada. Tiene el alma en la mano y eso hace que muchas veces le duela todo o que esté en guardia. Con Eva bajó todas sus defensas. Lo primero que hace cuando llega a un lugar que sabe que está es buscarla hasta que la encuentra. Después le cuesta soltarla. La incluye en todo, logra borrar la diferencia de edades. Hace de prima, mamá, maestra, titiritera… lo que sea. La defiende aunque Eva haga lío. La veo indicándole el camino y secando sus lágrimas frente a sus primeros desamores. Y Eva a ella. Son guerreras.

Le sigue Emilia, también mi ahijada e hija de mi hermana Soledad. Junto con Pía me fueron preparando para ser mamá y ahora ellas cuidan a mi hija. Emi y Eva son dos y son una. Van juntas a todos lados y se recuerdan cuando están lejos. Hay días en que Eva se despierta pensando en jugar con Emi o la llama antes de dormir desde su teléfono sin tono. Siento que Emilia ve a Eva mejor que nadie a través de sus enormes ojos claros. Se divierte infinitamente con “Dulce de Leche” o “La Loquita” como le gusta decirle. Le cumple todos los deseos. Se va a disfrazar de Elsa para hacer realidad uno de ellos cuando cumpla 3. Hace poco le hizo hacer a mi mamá un ceremonia en la que ella se consagró “Madrina de Eva”. Las veo divirtiéndose juntas en el futuro. Tal vez, compartirán vacaciones y largas charlas siguiendo la historia que empezamos con mi hermana. Seguramente Emi será “la seria” y Eva “la que desafiará el límite” (como sus mamás). Se van a complementar como nosotras.

Y finalmente está Matilda, la más personaje de los cinco primos. Al revés de lo que pasa con los demás, “Matulina” es la que hace reir a Eva. Las une el desparpajo. Arrasan. No dependen de nadie ni tienen miedo. Bailan, cantan, se mueven, corren, juegan y siguen.”Matulina” aliviana todo. Nada parece grave. Si algo se rompe, no pasa nada. Las veo compartiendo fiestas y bailes. Destrozando corazones. “¿Qué? ¿No conocés a las primas López?”… Ya me parece escucharlo aunque falte tiempo. Sálvese quien pueda de ellas.

imageEva también tiene dos primos en Senegal. Son Mama y Falou, los nenes de la foto. Hace poco Amadou me contó que Mama (ya adolescente como Salvi y Lolo) pregunta por su prima. Ella es como Emilia, más seria. Falou es Eva en varón, imparable. Parece que el otro día la vio en una foto y se puso triste porque quería jugar con ella. En Africa Eva es una foto. Pero algo pasa: todos la aman igual que acá. Algunos la tienen como fondo de pantalla del celular.

De este lado del océano, al Clan López le falta todavía un hijo de Ezequiel, el Padrino de los seis. Y quizás alguno más de Sole. Ya vendrán y el scrum será más fuerte todavía.

Si tuviera otra vida, me gustaría darle un hermano a mi hija. Los buenos hermanos como los míos sanan. A mis 44 no lo veo muy posible aunque es cierto que mis óvulos congelados me recuerdan que no todo es tan definitivo. Igualmente, Eva tiene primos que son como hermanos. Estoy segura de que nunca la van a dejar caer.

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Situación 2: Negro + alto = Papá/amigo de Papá

Aunque lo ve poco por skype, Eva ya armó en su cabecita una imagen de su papá. El otro día descubrió una foto reciente de Amadou que imprimí y guardé en el “cajón de la historia que no va recordar” y lo reconoce entre varios. Está él y dos amigos sentados en una vereda de Senegal. Son todos negros, se visten parecido, todos sonríen y hacen algo con sus manos (una especie de ok nuestro, con el pulgar para arriba, pero diferente) y te dice: “Es él”. A veces te cuenta también que está en Africa.

imageEn el mundo foto/skype parece todo claro, pero en el real pasan otras cosas. Se repitió durante casi todo el año pasado y a veces hoy aunque sus palabras fueron cambiando. A sus 2 años, si Eva veía por la calle a un hombre negro, alto, flaco y con el pelo ensortijado decía que era su papá. Ahora, rozando los 3, cambió el discurso y te dice con gracia: “Mirá mamá, se parece a papá” o “Mirá mamá, es un amigo de papá”.

Al principio era como una daga para mí explicarle que no, que sí, que Africa, que… Con el tiempo, empecé a tomarlo más livianamente y a anticiparme. Si a la distancia veo venir a un negro, me preparo y se repite la historia. Los receptores del “se parece a papá” o “amigo de papá” se sorprenden cuando la escuchan y después sonríen cuando les cuento que Eva es hija de un senegalés y de ahí la confusión. Lo toman casi como un elogio. Si algo tienen los negros –en especial los africanos– es que están como hermanados estén donde estén: son como uno y muchos a la vez, no lo puedo explicar.

100_7124Ya lo sentía en Atenas. Con Amadou compartíamos noches enteras con sus amigos (algunos están en la foto). Teníamos largas charlas en inglés, me contaban de sus vidas, de sus sueños, de lo que pensaban. Hablábamos de su cultura y sus costumbres, de las mías, de política, de religión y de fútbol!?, de Senegal y de Argentina, tan cerca en el mapa (están casi a la misma altura océano mediante). Si le pasaba algo a uno le pasaba a todos y lo hablaban durante horas, le buscaban la vuelta, le encontraban la solución y se asistían entre ellos con fortaleza. También festejaban en masa momentos felices. Compartían todo. Eva es fuerte como ellos. Ya incorporó el verbo compartir.

Amadou y yo en MikonosTambién recuerdo el día en el que, mientras los escuchaba hablar y reir, se esfumó el color y descubrí sus rasgos. Los vi de verdad. No eran todos iguales.

Buenos Aires está llena de “se parece a papá” o “amigos de papá” que no son papá. Cuando Amadou llama desde su limbo y le cuento sobre sus amigos locales que no conoce, se alegra de que haya tantos negros haciéndole sombra a los blancos.

En el último mes, si Eva ve por la calle, en la tele, la compu o el celular a una morena dice que es “como Eva” o “Eva grande”. Es increíble que, de alguna manera, ya pueda verse también a sí misma. A mí me costó décadas reconocerme en el espejo.

Decálogo de una mamá soltera con una hija de casi 3

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De lunes a viernes me despido de Evangelina entre las 12 y las 12.15 para ir a trabajar. Me gusta dejarla sonriendo. Me alivia. Y mientras camino sola por la calle recordando su “Mamá, ¿me traés cinco huevitos de chocolate?” aparecen pensamientos que los llamo “de revisión”.

Pasó el tiempo, Eva está por cumplir los 3 y poco cambió: mi cabeza todavía no se dividió en dos. Si pienso en cosas mías enseguida se asoma ella, como un todo con dos partes que son una. Es una de mis certezas como también lo es mi decálogo de pequeñas y grandes cosas que dejé de hacer, volví a hacer o empecé a hacer por mi hija. Lo fui armando en mis “caminatas de revisión”. Es infinito pero aquí van algunas de sus “reglas”.

* Nunca más volví a cruzar la calle corriendo si el semáforo está en verde. Sola frente al aparato de colores, la decisión dura un instante. Ya no lo desafío. Espero a que llegue el rojo y los autos paren. No podría enseñarle a mi hija a respetar las señales de tránsito y a cruzar de mi mano si, cuando no estoy con ella, le quiero ganar tres minutos al tiempo.

* No digo malas palabras delante de ella. Eva ya sabe lo que es una mala palabra y si se te escapa un bolu… un mierd.. o un carajo te lo marca. A mí, a conocidos y desconocidos. A todos. “No se dicen malas palabras”, te increpa y te deja reflexionando. En su universo, sí se aceptan los caramba, tonto, malo… Sobrevive por una cuestión afectiva el “Vamos Banfield Carajo” todo junto, un guiño a su abuelo, mi papá.

* No volví a tomar más de dos copas de alcohol en cualquiera de sus formas. Desde que nació mi hija, nunca más volví a dormirme mareada ni a levantarme a las 2 de la tarde aunque nos acostemos a las 5 de la madrugada. Quiero ser siempre un resorte si me llama. Somos ella y yo y ella me necesita lúcida no rota.

* Volví a cocinar o a intentarlo. Lo mío sola eran verduras hervidas y algún enlatado. Durante el embarazo, me alimenté mejor. Ahora cocino bastante y estoy en proceso de elaboración de nuevos platos. A Eva le encanta mi comida “no chef”. Está sana así que pésima no soy. Gracias a ella yo, dietética desde hace rato, redescubrí el sabor del conogol, los postres con dibujitos y el chocolate. Me imagino preparándole tortas (es mi fuerte!) para sus tardes con amigos. No falta mucho. Ya recibe invitaciones y el otro día cayó uno del jardín. A falta de tortas, buenas fueron las galletitas rellenas y “madalenas”.

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* Me volví una adicta a las fotos y a las filmaciones. Todo pasa tan rápido que trato de inmortalizar los momentos que comparto y disfruto con ella. Tengo millones de imágenes desde que estaba en mi panza, guardadas en prolijas carpetas de la compu. “Eva mi vida” (embarazo), “Eva mi vida 1” (primer año) y así…. Cuando vuelvo hacia atrás, no puedo creer todo lo que vivimos juntas. También le escribo desde que era un corazón en la ecografía. Si algún día quiere leerlo, sabrá que siempre fue lo más importante para mí.

* No escucho más a Arjona. Sus discos pasaron al ostracismo. Eva fue cambiando de gustos y en los últimos tiempos descubrió el reggaeton y el rap. Le gusta cantar en inglés y también el rock nacional. Ricardo quedó relegado a los recitales que da cada dos o tres años en Buenos Aires y a los que voy con mis amigas. Prefiero preservar a Eva de mi perfil grasa.

* Salgo sola con culpa. Si me voy, disfruto y me relajo pero pienso en ella. Cuando vuelvo confirmo una y otra vez que había sido un error creer que Eva iba a sentirse mal en mi ausencia. O duerme plácida o me recibe contenta pero ya lo estaba antes jugando sin mí. “Es un problema tuyo, no de ella”, insiste la psicóloga.

* Soy una calculadora humana. Nunca me importó la plata y siempre odié los cálculos permanentes entre el debe y el haber de lo material en la vida. Prefería un estilo más derrochón que austero. Ahora funciono como una calculadora con lo que tengo o no tengo en el bolsillo para que a Eva no le falte nada. Y nunca le faltó nada esencial. Si algo falta, siempre aparece una mano salvadora (son miles). Si alcanza, me relajo y si sobra, guardo un poquito por las dudas y derrochamos juntas el resto.

* No volví a llorar más con angustia. Hace unos dos años que no me acuerdo lo que es llorar desconsoladamente. Al principio lloraba por el padre perdido. Después, por el enorme cansancio frente a un mundo nuevo en el que me las tenía que arreglar casi sola. Pero un día dejé de llorar. Ahora me emociono por cada cosa que mi hija hace. Un logro suyo, un “mamá te amo mucho” en un mensaje de voz, verla tan bella y tan resuelta me hace derramar lágrimas muy seguido. Tengo una emoción permanente adentro. No sé cómo explicarlo.

* Soy una experta en vueltas carneros. También en tirarme de toboganes y treparme a peloteros cuando Eva desafía a la gravedad. Me había olvidado lo que era pintar, leer un cuento, armar castillos de arena o de legos y sacar la sortija en la calesita. Hago de Anna y Eva de Elsa cuando jugamos a Frozen y –aunque sé que no está bien– varias noches saltamos de la mano en mi cama queriendo llegar al cielo.

En definitiva, todo se hace posible por un hijo. Amo ver la cara de mi hija cuando me disfrazo de princesa.

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Mi Mamá

A mis 40 años todos los que me quieren habían perdido las esperanzas de verme mamá. Aunque no me lo decían, lo sentía: pensaban que, con mi última historia larga, se había esfumado “la” oportunidad de sumar un nuevo integrante al Clan López. Los sorprendí a todos. Menos a mí.

Mi mamá siempre me imaginó mamá y, claro, soñó con que me casara de blanco como ella. Me llevó muchas veces de adolescente a bodas en su parroquia para ver si me conmovía y se activaba el chip. Y la verdad que sí, me conmovía, pero no me veía en ese lugar. “Si me llego a casar algún día, te echan Má”, le decía yo. “Ya sé, olvidate -se terminó resignando- pero no te pierdas un hijo”. “Eso sí quiero. Ya llegará”, le fui diciendo convencida en distintas edades.

mamaprimerosmesesLa recuerdo de a flashes durante el proceso que terminó en mi maternidad. También en los primeros momentos de la vida de mi hija, su sexta nieta y ahora, con Evangelina creciendo.

Estuvo el 19 de diciembre de 2011 cuando congelé óvulos. La dejé rezando en una habitación chiquita de una clínica de Fertilidad de Palermo. Me vio llorar de emoción y abrazar a mi ginecólogo de toda la vida cuando me confirmó que había salido todo bien, que me habían extraído nueve óvulos!!, nueve posibilidades de un hijo a futuro.

Cuando, un año después, supo que había quedado embarazada naturalmente de Amadou en Atenas, me bancó, festejó y no dejó un día de mandarme mensajes de texto desde Lomas de Zamora hacia Capital. “¿Cómo están lindas?” “¿Cómo amanecieron hoy?” “¿Cómo estuvo la ecografía?” y así (llamados incluidos) durante 38 semanas y media.

Mamá en casaLimpió mi casa mil veces mientras crecía mi panza y me ayudó a adaptar los espacios para recibir a mi pequeña. Trajo la primera y útil ropa tejida a mano, compró su primer cambiador y mandó a hacer el perchero que lleva su nombre y que está al pie de su cama.

No quiso perderse la (innecesaria!) ecografía 4D y celebró con mi hermana, mi ahijada y una amiga entrañable los movimientos de Eva en la pantalla. Obviamente se llevó orgullosa un llavero con la cara “deformada” de su nieta para que la conociera el mundo.

Estuvo el día en que le confesé a mi ginecólogo (el mismo de los óvulos, cultor de todo lo humanizado) que no estaba preparada emocionalmente para el parto natural sin un compañero cerca (siempre pensé que Amadou iba a llegar). Me escuchó decirle que esperaría a que Eva quisiera nacer para ver qué hacía pero que lo veía poco probable.

Mi mamá se subió a un remis la madrugada de las contracciones y llegó sin dormir a Montserrat a la velocidad de un rayo. El dolor te hace perder la razón: quise echar a la partera y me la agarré con mi amiga Ileana que me acompañaba esa noche (se turnaron todas mis amigas las últimas semanas). Solo quería que llegara mi mamá.

100_8626Se vistió de astronauta para estar en la cesárea y mantuvo la entereza de una leona cuando no hacía efecto la anestesia. Fue la que recibió a Eva en sus brazos y la que me la acercó para que le diera el primer beso. También la que acompañó al médico a otra habitación para que le hicieran los controles de rigor. Dice que nunca va a olvidar ese momento. Que se quedaron solas y que no puede explicar lo que sintió. Que con cuatro hijos pensó que había vivido todo pero que se equivocó.

También estuvo el día en que nos fuimos con Eva de la clínica para volver a casa y empezar una nueva vida de a dos.

Mi mamá dejó por un tiempo a mi papá (son inseparables) y a su trabajo para estar conmigo. Se levantaba en distintos horarios cuando escuchaba mi “Má”! como un berreo, pidiéndole agua o mate cocido o para que anotara el horario en que Eva había tomado la teta o dormía. Fue la que le hacía el “provechito” para evitar sus posibles ahogos (nunca lo logré) y la que me bancó siestas largas para recuperar energía.

Fue la que, con mi papá, adaptó el departamento de mi abuela Ofelia (uno de mis ángeles) por si me quería mudar.”¿Te vas a quedar sola en la Capital? ¿No querés estar cerca nuestro y de tus hermanos?”, sugería con amor. No me pudo convencer. Sí estuve en la casa de mi infancia los primeros meses de Eva y fue liberador. Dormimos en la pieza que había dejado a los veintipico pero ya nada era lo mismo. Pude cerrar heridas. Siempre se escuchó música, sonrisas y palabras de aliento a nuestro alrededor.

IMG03119-20130520-1600Me acompañó a la guardería cuando empecé a trabajar y calmó mis lágrimas cuando dejaba a mi hija entre decenas de bebés desconocidos. También fue la que me esperaba a la vuelta con la comida más rica del mundo.

Es el día de hoy que, si le digo “Má, te necesito”, deja todo lo que está haciendo y aparece.

Podría escribir una colección interminable sobre su presencia en “mi momento cumbre”. Me ayudó a caminar de grande pero no ya como hija sino como mamá de Eva. Siempre me pensé muy distinta a ella aunque ahora que soy mamá y pude verla con nuevos ojos, tal vez me le parezca bastante.

SAM_6128Muchas amigas que tuvieron hijos “con papá cerca” me confesaron que les hubiera gustado, sobre todo en los primeros meses del bebé cuando estás mareada con todo, tener al lado a una mamá como la mía.

No tengo dudas de que la mamá que tuviste o tenés define en gran parte la mamá que sos o que querés ser.

La mía se llama Cristina pero le dicen “Titi”. Vive con mi papá (“Pichi”, otro héroe silencioso) en el sur del conurbano. Es una militante del amor por la familia. Es el ser más tierno y generoso del planeta pero no le toques a sus hijos o a sus nietos porque es capaz de matar.

Si la ves por la calle, no te la quieras llevar a tu casa porque es Mi Mamá.

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Situación 1: Eva se levantó a las 5

¿Qué harías vos si tu hija o tu hijo te dice a las 5 de la mañana que quiere levantarse para ver cómo sale el sol? ¿Qué hacés si insiste, da vueltas en su cama, se quiere pasar a la tuya y no podés recurrir a un ´andá con papá o preguntale a papá´ para que la cosa sea compartida y tal vez puedas seguir durmiendo unas horitas más?

imageLa madrugada del video volví a rezar (si mi Dios hablara diría que está estresadísimo). Lo hago desde que Eva tenía solo meses con cada “insomnio infantil” (no son muchos, no me puedo quejar) y en momentos de incertidumbre y debilidad. También para agradecer. Desde que quedé embarazada volví a creer. “Padre nuestro que estás en los cielos…” y después un pensamiento más terrenal: “esto no me puede estar pasando… que siga durmiendo por favorrrr”.

La noche te baja la guardia, te vuelve vulnerable. Esa madrugada no tuve las fuerzas ni la autoridad para retarla ni para retenerla en ninguna cama. Los rezos y los pensamientos positivos no alcanzaron. Respiré y me levanté. Me reí de la situación. Muchos cuestionan mi optimismo con todo. El optimismo me salvó de muchos pozos. Esta vez ayudó también sumado a la magia del Verano que lo colorea todo.

Nos fuimos al living frente al ventanal. Aclaraba. Vimos juntas la salida del sol. Ella fue con su almohada fetiche, viejita y con funda azul. Yo mantuve los ojos entreabiertos con la esperanza de que se produjera el milagro y se volviera a dormir. Me fui a las 9 y bailaba. Se durmió a las 10 en su cama. Es regla a toda hora. En eso no cedo.

imageCuesta ser la buena y la mala de la película en la misma casa. Cada decisión mínima o máxima te ubica frente a espejos culturales y familiares y frente a tu propio espejo. Te pueden dar muchos consejos –¿quién no consultó alguna vez las páginas que te dicen qué hacer frente a un berrinche?– pero la que está frente a una u otra situación sos vos.

“No podés dejarla que se levante a las 5. Si la dejás ahora después se te va a complicar”, me pusieron contra las cuerdas hace poco cuando conté el episodio. Es cierto lo de los límites. Es cierto también que, seas mamá soltera o no, a las mujeres nos sale en general más el beso, la contención y el Sí que el gesto duro, la mirada drástica y el No. Muchas veces no tenés claros tus propios sí y no.

Este fin de semana se repitió la escena y me agarró con más energía. Siempre hay una nueva oportunidad:

-“Mamá, viste que es de noche” (ella con voz tierna)
-“Sí mi amor, hay que seguir durmiendo” (yo)
-“Vamos para allá (living) hasta que salga el sol?” (ella con la misma voz tierna)
-“No hija, hay que seguir durmiendo” (yo)
-“Dale mamá!” (ella, no tan tierna, llanto incluído)
– No (me hice la dormida, ella lloró un poco más)

Siempre duelen las lágrimas de un hijo. Finalmente Eva se resignó, se durmió, nos dormimos.

Hay blancos, grises y negros en las decisiones cotidianas. Sigo con dudas pero tengo certezas: si pudiera contar los besos que le di a mi hija desde que nació me quedaría sin días. Le puede faltar un papá cerca, tengo que pulir mi autoridad! pero no le falta mi amor. Compartí y comparto con ella más besos que palabras. Además, claro, como ¿estúpida? optimista creo que siempre vuelve a salir el sol.

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Llamadas desde el más allá

Suena el tedioso teléfono del whatsapp. Cuando las señales se cruzan (a veces no es tan fácil desde Africa), escucho la voz de Amadou que llega desgastada desde Senegal. No pasan quince días y aparece queriendo hablar con su hija en inglés o en un primitivo español.

Pregunta cómo estamos. De este lado, generalmente estoy a mil armando nuestra rutina, jugando o siguiendo a Evangelina por toda la casa. Sigue trepándose e investigando todo lo que encuentra en su camino. Estamos siempre en movimiento. Ella y yo.

Cuando ellos entran en contacto, ella lo saluda, se rie y le lanza un “Hola Papá” o un “Hello”. A veces está en su mundo y no quiere hablar. El lo único que le dice en ambos idiomas es que la ama, que la extraña, que es su amor. Es imposible para mí procesar y unir la distancia, la ausencia y el amor todo junto a la vez.

Si el sonido es el del skype –avisa una hora antes para que me conecte–, ya sé que voy a quedar agotada. Me genera un gasto de energía sobrehumana verlo y sostener tiempos y diálogos como mediadora entre los dos.

imageDesde el principio me pregunté y pregunto qué debería hacer. Si le hace bien a Eva este contacto. Si sería preferible no atenderlo más, borrarlo de nuestro mapa. Siempre llego a la misma conclusión: la verdad es el mejor camino en todos los casos. No podría contarle a mi hija una historia que no sea la verdadera. “Si lo que le transmite es amor, no se lo impidas”, me aconseja la psicóloga.

Conozco historias de padres que se borraron sin culpa, que borraron a sus hijos de sus mapas. De otros que están separados y que le hacen la vida imposible a sus ex parejas. De otros que son figuritas decorativas y que entorpecen todo. De otros que cubren a las madres porque ellas se borraron real o simbólicamente. Conozco historias de hombres que se transforman en papás del corazón por amor a una mujer y de otros que sueñan con serlo y por distintas razones no pudieron. También de papás que disfrutan de cada minuto de sus hijos, que están a la par. El amor o el desamor siempre dejan huella.

Amadou es un personaje sin categoría para mí (los que nos rodean en general lo detestan). Por ahora no puedo bloquear sus “te amo” hacia Eva. El habla poco y sonríe con una mezcla de orgullo, asombro y tristeza por lo que escucha y ve. Se pone serio cuando le digo que tenemos que seguir con nuestras cosas: cenar, descansar, vivir nuestra vida. Siempre llama de noche. El tiene todo el tiempo del mundo. Yo no.

SAM_4212Ahora se le sumaron el abuelo Mamadou desde Austria y el tío Metzo desde Italia (una especie de Balotelli afro). Hace unos días recibí una llamada de Mamadou y pensé que le había pasado algo al papá de Evangelina. Siempre pienso que le puede pasar algo. Pero no, era el abuelo africano queriendo confirmar si seguía con el mismo teléfono y preguntándome por su nieta. Le llegaron fotos y asegura que es una mini Amadou en potencia. Cuenta que él, de chico, no paraba de moverse, que lo amaban en el barrio, que se quedaba a dormir todos los días en una casa distinta.

Metzo, el tío arquero en Roma, se conmueve porque asegura que ve reflejada en ella a su mamá, Sokhna, la abuela africana que conoció a Eva también por fotos antes de morir.

El abuelo Mamadou me contó que está viajando a Francia y que posiblemente venga este año a la Argentina. Metzo ruega que le avise si volvemos a Europa porque no quiere perdérsela. Y Amadou alimenta este extraño e insuficiente amor a distancia.

Aunque a veces duela y empaste nuestro andar, las tomo como voces que llegan desde el más allá para reconstruir parte del 50 por ciento de lo que es Eva. También siento que ayudan a armar su propia historia. Estoy en paz. Tengo respuestas a todas sus posibles preguntas.

La Liga de “Las Niñeras”

“Señora Valeria, le quería comentar algo importante”, me susurró por octubre del año pasado Rocío, la chica de Perú que encabeza esta entrada. Venía cuidando a Evangelina desde septiembre de 2014. Con una anticipación que le agradecí, me dijo que estaba decidida a viajar a Lima este enero, que iba a traer a la Argentina a su hija de 10 años que había dejado de chiquita con un tío para venir a Buenos Aires a hacer algo de plata. Que la nena la extrañaba y quería estar con ella ahora.

La entendí y le pedí (¡¡¿le rogué?!!) que buscara a alguien de su entorno para ocupar su lugar. Que necesitaba una persona de confianza. Ya la habían reemplazado su hermana Sharon y su mamá Gladys cuando ella faltó en contadísimas ocasiones: fiebre de su hijita argentina, casa del conurbano inundada, visitas a médicos y trámites importantes. Entre unas y otras se cubrieron y tuvieron una asistencia casi perfecta. Algo fundamental para que todo fluya adentro y afuera de mi casa.

GladysCuando llegó Rocío se fue Inés que, a su vez, llegó cuando se fue Gladys (otra Gladys), la primera mujer que cuidó a Eva cuando tenía apenas ocho meses. Es la señora que sonríe en la foto. Corría noviembre de 2013 cuando desembarcó en casa. Fue una gran consejera. Yo había empezado a trabajar a tiempo completo y la guardería se había vuelto una complicación por los horarios. Las guarderías están abiertas sí y solo sí hasta las 19, un grave error en estos tiempos.

evaymaraEn esa época y hasta que un problema en la columna complicó a Gladys I (digámosle así para identificarla) era Mara –hija de una amiga, la chica de la derecha– la que pasaba a buscar a Eva a las siete en punto por la guardería hasta que caía yo. Se hicieron íntimas. Nos hicimos íntimas. Me vio llorar, reir y armarme. Le dio a Eva su primera gelatina, la nebulizó frente a sus primeros resfríos y le cambió los pañales y bañó mil veces, todo con una pericia como si lo hubiera hecho toda su vida.

evayaixaTambién y muchas!!! veces me salvaron mis amigas Anahí y Paola, Mailén (la hermana de Mara) y mis vecinas Claudia, Patricia y Aixa (a la izquierda!). Responden ante una emergencia. Levanto el teléfono y se activa “La Liga”. No fallan. Algunos fines de semana pasaron por casa Olga y Noemí. La red se fue haciendo infinita a medida que Eva fue creciendo. Todas, en mayor o menor medida, crearon con ella un vínculo para siempre. Ah!!! Y también hay un niñero (sí!!!) todoterreno: el tío Petete. Como dice mi amiga Vani, sin él muchas salidas habrían sido imposibles!!!!

Volviendo al presente, Rocío se fue a fines de diciembre pero dejó lo suyo. Acompañó a Evangelina en su primer año de jardín, la metió en el mundo de los videos de acrobacias rusas y realities de canto para chicos y aprendió con ella las primeras palabras en inglés. Creo que Eva va a decir por un largo tiempo “zancudo” en vez de mosquito. Rocío conoció sus ritmos y sus humores. La vio crecer y la quiere como si fuera de ella. Ya me manda fotos de zapatos limeños como potenciales regalos para su “niña”.

En su lugar quedó ahora su hermana Sharon. Va a cuidar a Eva hasta fines de enero. A Sharon (abajo a la izquierda!) le gusta bailar y maquillarse y Eva la acompaña feliz. Le hace los mejores peinados del mundo en modo mota y la lookea como a una estrella.

evaysharonMe sorprenden todos los días. Descubrí hace poco que fue ella la que le enseñó La Bamba. En febrero Sharon tiene que empezar a estudiar así que vendrá Liliana (una conocida de una amiga de mi hermana) con su estilo. Y en marzo, cuando Eva arranque la sala de 3, estará (esperooooo!!!!) Gladys II, la mamá de Sharon y Rocío que viajó de acompañante a Perú.

Supongo que a todas las mamás que trabajamos nos pasa lo mismo y a las que arrancamos solas quizás más. Es díficil dejar a tu hijo con otra persona que no seas vos (o tu mamá o tu hermana, en mi caso). Nada alcanza. Siempre hay dudas de lo que puede pasar o no, hasta que en un momento confiás.

Gladys I, Inés, Anahí, Paola, Mara, Mailén, Rocío, Sharon, Gladys II, Liliana, Olga, Noemí, Claudia, Patricia y Aixa. Llegan a 15. Con Petete como DT, podrían formar “la Liga de Las Niñeras”, aunque niñera me parece un término odioso que tiene poco que ver con lo que pasa en la realidad. Ellas ayudaron a que la rueda se mueva liviana y fueron y son como mis brazos cuando no estoy. Lo hicieron muchas veces mejor que yo.

evaacción