Contrafuerzas

Es un domingo lluvioso. Con Evangelina volvimos de un cumpleaños y de gastar algunas fichas en máquinas que te dan caramelos y calabazas que comen pelotas y te premian con tickets.

Eva durmió la siesta y yo la seguí. Una hora después se despertó llorando y llamándome. Si alguna vez sufrí por amor nada es comparable con el dolor que te provocan las lágrimas -aunque sean efímeras- de un hijo.

– «Me duele la panza, mamá.»
– «Tranquila, hija. Ya va a pasar.»
– «Pero me duele.»
– «No te preocupes. Vamos al doctor.»

Armé el bolso con su muda y la cargué en una queja en el primer taxi que apareció bajo la lluvia rumbo a la guardia más cercana.

«Su hija está bien, señora. Capaz esté incubando algo. Que haga dieta», diagnosticó como un loro (amargo) la pediatra de turno. Volvimos cantando y al rato Eva estaba un poco mejor.

Un hijo descubre descarnadamente lo que llevás adentro. Lo bueno y lo malo.

El domingo tuve miedo. Lo conozco bien pero con Eva fue cambiando de cara. Aparece de repente como un vendaval, creo que me va a paralizar pero no, de algún lado (¿la cabeza?) sigue saliendo una contrafuerza que lo vence.

Antes el vendaval era más fuerte y la contrafuerza más débil. Me recuerdo una madrugada helada cuando Evangelina tenía apenas cuatro meses. Acariciándola le descubrí una bolita en la nuca. El miedo se transformó en terror, la arropé para ir al polo y me subí a otro taxi. Eran más de las 3.

La bolita resultó ser una glándula típica de los cueros cabelludos grasos. Nunca me voy a olvidar la cara entre compasiva e incrédula del médico. Fue mi episodio más extremo.

Ver a Eva desganada siempre me preocupa. Nos pasa a todas las mamás, ¿no? Quizá sea un exceso de preocupación. Debo aceptar que también en situaciones habituales me autocontrolo para dejarla andar y no transmitirle mis limitaciones. Lo viví hace poco cuando se tiraba bomba en las piletas colombianas. Por dentro lo sufrí, por fuera la aplaudí. Nunca me tiré bomba en mi vida.

Es miércoles y siguen las pruebas de resistencia. Acabamos de volver de Lomas de la casa de mis papás. Anoche se incendió el segundo piso de mi edificio y mi departamento se llenó de humo.

Eva salió entre las nubes por las escaleras. Lili, la señora que la cuida, me contó que llorisqueó un poco pero que ayudó más. Que bajó sola cuatro pisos de su mano en la oscuridad hasta que en el segundo la agarró a upa un policía. ¡Bienvenida tu contrafuerza, hijita!

image

¡Despegamos, Eva!

Nos subimos al avión rumbo a Cartagena. Eva se movió sin parar como siempre en plena madrugada. En un momento se sentó y se abrochó el cinturón.

– «Yo solita, mamá. Cierro la ventana porque la noche me da un poco de miedo».
– «No tengas miedo, hija. Vamos que despegamos.»

«¡¡¡Trepa, trepa, trepa!!! ¡¡¡Trepoooooó!!!» es mi frase de cabecera desde el primer avión que despegamos juntas cuando Eva tenía apenas ocho meses. Ahora es ella la que grita conmigo, me agarra fuerte la mano y la alza hasta que el vuelo toma altura.

IMG_3328

– «Abrí la ventana, hija. ¡Vas a ver qué lindo es el cielo!»
– (Se animó) «Guauuu… ¡Mamá! ¡Mirá las luces!! ¿Son velas?»
– «No mi amor. Son casas iluminadas.»
– «¡¡Mirá el ala!! El avión parece un pájaro…»

Hubo otros aviones y otras vacaciones pero estas fueron diferentes.

Eva ya entiende todo. Observa, procesa, habla y calla. Pide. Acciona. Sabe perfectamente lo que le gusta. A mí me tocó entender otra vez que la realidad puede derribar maravillosamente cualquier pensamiento o plan previo.

image

Creí que mi hija iba a pasar desapercibida en el mundo afrodescendiente. Me equivoqué. Desde la primera escala en Panamá hasta las calles y las playas de Colombia se daban vuelta para mirarla. Y claro, a los elogios interminables se pegaban las consideraciones de siempre con mis respuestas de siempre.

– «Señorita, ¡qué bonita es la niña! ¡¡Esas pestañas!!! ¿Le puedo sacar una foto? ¿Por qué tiene el pelo crespo? ¿Es suya?»

Sonó mucho en estas vacaciones el hit «El padre es africano» y también mi clásico «La tuve en mi panza» a lo que seguían los siguientes adjuntos e interpretaciones:

– «¡Señorita! La niña es una combinación perfecta.»
– «Ah… por eso es tan enérgica… mire como salta y nada. Lo lleva en la sangre»
– «El padre ganó en el pelo pero usted ganó en la piel. Tiene genes fuertes…»
– «La niña tiene su cara…»
– «Mi mamá es blanca de ojos azules y a ella también le preguntaban si era su hija…»

En definitiva, es probable que la mirada de los negros sea bastante parecida a la de los blancos.

image

Mi mirada estuvo y está siempre puesta en ella y en sus reacciones. Le siguieron resbalando los elogios. Sí me dijo que una señora que me preguntó si era brasileña tenía el pelo africano como ella. Avanza mi misión de conectarla con su otro 50 por ciento ausente.

Creí que el modo vacaciones 100 por 100 con mi hija iba a demandarme energía total. Me equivoqué. Gracias a mis papás que se suman como adolescentes a la aventura de viajar con nosotras, a las piletas y a los mares en los que anduvimos, Eva estuvo contenida, relajada o cansada y dormí (dormimos) la siesta casi todos los días.

También volví a tomarme más de un trago como en mis antiguos viajes. Y algo todavía más importante: volví a bailar. Por alguna razón había perdido las ganas. Algo pasó y de repente las recuperé. ¿Habrá sido Colombia o solo yo?

Creí que Eva no iba a extrañar. Me equivoqué. Con cada cambio de ciudad me repetía que quería volver a su casa de la calle Moreno. Que le gustaban las casas de la playa pero que prefería el departamento de Congreso. Es cierto que acá -donde escribo ahora- no hay mar ni tantas comodidades pero estamos nosotras. Construimos nuestro hogar.

El 8 de agosto arrancó ese momento mágico del año en el que se detiene el mundo y que puedo disfrutarla sin límites y hace unas horas se fue. Pero no del todo. Gracias hija por ayudarme a seguir despegando. ¿Bailamos?

Pase de factura 2

Eva durmió todo lo que tenía que dormir después de un domingo de fiesta previo a volver a clases. Ya despierta, empezó con el ritual de los lunes pero con algunos nuevos aditivos:

– ¿Mamá?
– Sí, Eva.
– ¿Viene Lili?
– Sí, hija. Es lunes, mamá tiene que ir a trabajar y vos volvés al jardínnnnn!!!!!!!!!!! Vas a ver a todos tus compañeros!!!!!! (con entusiasmo)
– … (leve sonrisa) ahhh… tengo una buena idea…
– Sí, decime…
– Vos vas a trabajar, yo al jardín y cuando salgo del jardín me venís a buscar!!! (también con entusiasmo)

Cómo hacés para decirle que no a un hijo, que no podés, en situaciones que vos mismo te planteás que estaría bueno poder hacerlo. Entonces me vinieron a la cabeza las palabras de mi psicóloga… «Dejá de lado la ilusión… son pocas las mamás que pueden ir a buscar a sus hijos al colegio…»

En una milésima de segundo, lo pensé y resolví. Vamos con la verdad. Siempre es lo mejor.

– No puedo, hija. No puedo salir antes del trabajo. Si algún día de la semana puedo te aviso. ¿Dale? ¡Vos disfrutá! (siempre le recalco que disfrute. Es uno de los tantos mensajes que quiero darle)
– ¿Pero por qué no podés?
– Porque trabajo y si yo no trabajo, cómo hacemos para darnos gustos como ir al cine, comprar huevitos de chocolate, irnos de paseo… En unos días nos vamos de vacaciones y vamos a estar todo el tiempo juntas!!!! ¿No es buenísimooo?

– …
– (¿Entendió?)
– Bueno… entonces te voy a buscar a tu trabajo yo.

image

Un domingo a solas

Vamos y venimos. Eva heredó de mí el gen del movimiento y la sociabilidad. Para ser honesta puede ser que también tenga algo del papá. Entre los recuerdos lindos que tengo de él, lo recuerdo caminando por Atenas. Quizás por su parecido con Bob Marley, lo invitaban a comer, a fiestas, a compartir momentos. Yo iba en silencio a su lado o atrás… Me encantaba mirar todo desde un segundo plano.

Con Eva armamos y planeamos. Vienen a casa o vamos. La invitan, nos invitan. Nos movemos y volvemos. El último domingo cancelé planes y encuentros y movidas y nos quedamos solas. Antes la soledad era el abismo. Ahora no hay abismo ni soledad. Aunque a veces termine agotada, es maravilloso tener todo el tiempo del mundo para estar con ella.

– ¿A dónde vamos hoy mamá?
– Se me ocurrió que podemos ir a ver una obra de teatro acá cerca.
– ¿De qué es la obra?
– De un profesor loco que le enseña música a una nena.
– ¡¡¡¡¡Biennn!!!!!
– Vamos en el carro, ¿te parece? Por si te cansás de caminar… (Ya no la puedo llevar a upa muchas cuadras)
– ¿Y el carro vuela?
– No… pero va rápido…

Nos fuimos desafiando al viento y al frío. Y llegamos. El lugar me trajo recuerdos lejanos. Techos altos, pisos de madera, buena acústica, muñecas antiguas y porcelanas en miniatura. ¿Había estado antes ahí o lo soñé? Tal vez haya lugares a los que uno, por alguna razón, tenga que ir.

Este lugar estaba lleno de niños, de padres y de música. Para mi sorpresa, también de caras conocidas. Nos sentamos y en frente nuestro se ubicó el nene de la hamaca y la plaza que tanto nos gusta a las dos. Al lado, la mamá (la que le hablaba como a un bebé a pesar de tener la edad de mi hija) desconsolada por no poder frenarlo. Lo mismo el papá… El nene masticaba un chupete azul y daba vueltas sin parar. Le agradecí internamente a Eva por su paz.

El nene terminó calmándose con una de las magdalenas (madalenas?) que Eva le dio. A veces es sencillo. No voy a olvidar las caras de agradecimiento de los tres. En especial la del papá, que resultó ser el director de la obra.

Conozco a mi hija y sé que necesita complementar la paz con un poco de rock and roll (como yo). Así que nos movimos a un café con juegos y ahí nos quedamos. Eva mezcló metegol y tiros al aro con globos y bailes. Desde lejos, mientras tomaba un café, me tiraba besos y en un momento me gritó que me amaba mucho. Nos fuimos con cuatro globos, uno de ellos con forma de espada cargados en el carro alado. Me ayudó después a comprar y a hacer la cena.

A veces siento que ella quiere compartir su tiempo libre conmigo, a solas. Se tranquiliza. Mientras escribo me doy cuenta del valor del tiempo libre y de lo que ahora significa para mí. Dejé de ahogarme con el tiempo. Hoy disfruto de ver a mi hija en acción desde mi segundo plano.

image

«Tengo 3 años y aprendí»

Así de claro. La de arriba es una de tus últimas frases de cabecera cuando te salen bien las cosas. Anteayer fue bajar en forma de puente de mi cama. También empezaste con los por qué. Anoche me llevó un tiempo explicarte que el frasco pintado con comics era un lapicero que me habían regalado.

Todo sigue pasando rapidísimo, hija. Ayer eras un bebé y hoy apenas me alcanzan los brazos para agarrarte.

Estás creciendo y creciendo. Quizá por eso me hayan venido a la cabeza estos días dos frases de amigos. «Capta su esencia en estos primeros años. Por dónde va en estado puro. Esa siempre va a ser ella aunque cambie con el tiempo»… «Lo que le estás escribiendo ahora, lo va a leer en el futuro y le va a ayudar a entender su historia»…

Fueron y son sabios consejos. Así que te voy a contar algunas de tus andanzas y gustos de tus 3 años ya camino a los 4 por si me olvido algún día.

* Te levantás muchas mañanas cantando. Te escucho desde el living, sonrío pero me quedo quieta. No voy al dormitorio. No quiero romper tu hechizo. No sé que canción cantás pero cantás. De noche y después de cenar, hacés gimnasia y bailás. Bailás sobre la mesita de Minnie o sobre un colchón que traés de la habitación. Suenan tus canciones en la casa y traspasan las paredes. Creo que los vecinos te escuchan pero te quieren tanto que no dicen nada.

image* En los últimos tiempos me sumaste a tu show… Ahora sos vos la que dice: «Señoras y señores, con ustedes la estrella del momento… Mamá López!!!!!!!!» Y ahí aparezco yo con todos los pelos revueltos y tu micrófono. Cuanto más desopilante estoy, más te hago reir. Así que me esmero cada día para escuchar tu carcajada aunque, te confieso, ser desopilante me sale fácil.

* Decís muy seguido «¡Tengo una buena idea!» y ahí hay que agarrarse. Porque puede ser desde algo simple como hacer una torta o ir a comprar globos a la esquina hasta treparte como el hombre araña a tu casita o ver una película comiendo papas fritas un día de semana a las 2 de la mañana. El ritual incluye estar tiradas en el piso tapadas con mantas que llamás «capas».

* En estos días de vacaciones de Invierno querés venir a mi trabajo a «hablar» con mis compañeros. De hecho ya conversaste con varios de ellos por teléfono. No sé si es que me extrañás o estás aburrida pero querés acompañarme. Aunque estuviste pocas veces, el canal parece ser un espacio que conocés. ¿Serán las corridas que compartiste conmigo desde la panza?

* Te gusta hacerme un lugar al lado tuyo para ver la tele, la compu, leer. «Vení mamá! Te hice un lugar!» «Vení mamá! Cerrá los ojos!» Porque además me armás todo el tiempo «sorpresas». A veces son tus mismos juguetes envueltos en servilletas. Hace unos días trajiste una etiqueta suelta, me dijiste que era un regalo y que tenía escrito «Valeria López y Evangelina López, siempre juntas». Imaginarás lo que siguió. Sí, lloré.

* Extrañamente no hacés tanto foco en los negros que pasan a nuestro lado como antes. Tampoco hablás ni preguntás por tu papá. Aunque hago el esfuerzo para que no se note, tal vez te estoy transmitiendo mi desilusión y rechazo por él y me siento culpable. Después pienso que es imposible tapar las sombras… Tal vez vos también te sientas desilusionada y no sepas todavía cómo ponerlo en palabras.

* Me pedís seguido que te hable en inglés.Y te hablo en inglés. Es cuando agradezco a tus abuelos por haber hecho el esfuerzo en su momento de darnos todo lo que podían, entre otras cosas una buena educación.

* Seguís amando los festejos. Inventás cumpleaños. Ponés servilletas, vasos y bolsitas con caramelos. Ya me anticipaste que querés que tu fiesta de los 4 (faltan 8 meses) sea de la Doctora Juguete o ¿¿¡¡Spiderman??!! También, en los cumples de verdad te mimetizás con los otros. En el último hiciste trencitos y rondas con los grandes. Fue alucinante verte entrar y salir del balcón como un vagón humano más. «Esta nena sí que disfruta la vida», me dijo uno de los invitados…

Hace frío, hija. Llegué a casa y estabas dormida. Me dijo Lili que tosiste un poco durante el día pero que jugaste más, así que no hay mucho de qué preocuparse. Por las dudas, te hice un vapor mientras soñabas. Y salí entre las nubes que se formaron en el baño mientras te tapaba con tu «manta-capa» de los sapos.

Es cierto que un día vas a leer y a entender. Cuando ese día llegue sabrás más de vos, de mí, de nosotras.

Y si ese día llegó, leé lo que sigue con intensidad: ¡Seguí amando la vida, sol de mi vida! Que ese sea siempre tu victorioso norte.

Va de vuelta, aunque sea cargosa…

Te amo hasta el infinito

Mamá

image

De principios y finales

El tiempo define.

10 de julio de 2012, Atenas.

– «Voy a llorar todo lo que tenga que llorar. El último viaje me contuve y me agarró pánico en el avión…»

– «No llores. Yo también estoy mal y vamos a terminar llorando los dos. Prometémelo y te lo prometo. Nos vamos a volver a ver»

Por supuesto se lo prometí y lloré. Lloré mucho. Estábamos sentados en un moderno asiento en la puerta del aeropuerto Elefthérios Venizélos. Era Verano en Atenas. Y ahí estábamos los dos, mirándonos con profunda tristeza.

Antes de subir al avión, le prometí también a Atenas que un día iba a volver. Ya sentada, empecé a escribir nombres de futuros hijos en un libro y la angustia paró. No hubo pánico. No sabía que estaba embarazada. Tal vez ya desde algún lugar, Evangelina detenía el dolor y me llenaba de alegría. Como ahora.

10 de julio de 2016, Buenos Aires.

Es un domingo invernal y Eva duerme. Tengo el recuerdo de ayer. Mi hija «debutando» con un karaoke a capella en el cumple de la tía Vani con uno de sus temas de cabecera: Libre Soy… Cerquita, el tío Rodo y su amigo Lucca. Fue un gesto de justicia de parte de Eva –pienso– compartir con ellos ese momento. Entre otras vivencias, Lucca le dio el primer beso y Rodo la cuida y quiere como si fuese un tío de sangre.

Eva se despierta y la casa brilla. Se prepara para ir a lo de uno de sus amigos. Quiere llevar el monopatín. Veo llamadas perdidas de su papá.

Desde el Día del Padre y, aunque estoy segura de que nunca leyó la carta que le escribí, Amadou llama día por medio y varias veces. Probablemente tenga celular nuevo. Usa más el whatsapp y puso una foto de las dos en su perfil. No es la primera vez que siento que quiere recuperar el tiempo perdido. Pero pasaron cuatro años y una eternidad desde el día del aeropuerto y ya es tarde. Eva escucha o le cuento de los llamados y le cuesta atenderlo y yo ya no necesito hablar más con él.

En estos días mi hija siguió aprendiendo que en la vida se gana y se pierde. Perdió en un juego en el que siempre gana. También lloró pero dos segundos después volvió a sonreir.

Creo que también ya sabe agradecer y contener al otro sin estruendos. Cuando hace unos días le contaba bajito a otra amiga que se habían terminado las palabras con Amadou, que el final había llegado, ella dejó por un minuto sus masas y sin mediar palabras, me abrazó.

image

La felicidad en un instante

Son más de las cuatro y media y salgo como una tromba del trabajo para buscar a Eva. Ella sale puntualmente a las cinco y diez del jardín y Constitución no está tan cerca de Once cuando tenés poco tiempo.

Hace calor. El poncho invernal sobra. Trepo al subte corriendo. Y corro por los pasillos hasta hacer la combinación. No me sobra el aire pero tampoco me falta. Respiro hondo y sigo. Son excepcionales las veces que puedo ver a mi hija salir de la escuela. Tengo que llegar.

5.02 p.m. Estación Congreso. Veo a un señor con turbante y a una nena de la edad de Evangelina haciéndole morisquetas a otro señor de barba. Eva también lo hace. A veces le saca la lengua a los desconocidos que insisten con caerle en gracia y terminan molestándola.

5.05 p.m. Estación Alberti. Estoy cerca. Subo las escaleras. Cruzo Rivadavia y registro el caos de tránsito y los puestos de juguetes, ropa, electrónica… y personas y personas caminando apuradas para llegar rápido a algún lugar. Como yo.

5.09 p.m. Esquina del colegio. Veo a algunos chicos caminando con uniforme. Ya salió la sala de 2. Desde lejos diviso a las mamás de los amigos de mi hija charlando. No salieron todavía. Se sorprenden cuando me ven. Las saludo, quieren hablarme, les pido disculpas y las atravieso como un rayo. «¡Perdón! No vengo seguido y quiero verla salir». Me entienden. Respiro un poco. Estoy transpirando. En la puerta está Lili, la señora que cuida a Eva, ya una especie de abuela postiza. «Pensé que no llegabas»… «Yo también…».

5.10 p.m. Justo a tiempo. A través de la puerta transparente veo los rulos de mi hija bajando la escalera y ya no veo a nadie más. Me pasó pocas veces: el amor hace que vea solo a quien amo y desaparezca el resto. Eva está en su mundo como siempre. Observa. Sube y baja los escalones. No se cansa nunca, pienso. Juega con sus compañeros. Me ve.

Dicen que la felicidad es un instante. Mi instante de ayer fue ese instante. Mi hija empezó a saltar haciéndole honor a la sala Canguros y a señalarme. Después, fue haciéndose espacio hasta llegar a la puerta transparente y nada la detuvo: ¡¡¡¡Mamaaaaaaaaaaaaaaaaaá!!!!!

Recuerdo su cara al alzarla con una expresión que no puedo definir con palabras. Después, en mi nebulosa de amor, saludé a un hombre que se me acercó y me dijo que era el papá de Sofía, una de las mejores amigas de Eva. También a la mamá de Dante que, como ya sabe que a mi hija le gusta cocinar, la invitó a hacer spaguettis pronto. Nos fuimos entre voces pequeñas gritándole desde algún lado «Chau Eva». Ella me pidió caballito y nos fuimos cantando.

Durante un largo rato sonrió. Sonreímos. Como en otros momentos únicos, quizá ella también haya tenido un instante de felicidad.

image

Carta al papá ausente de mi hija

Hola Amadou! ¿Cómo va todo? Cuando llamaste hoy a la una de la madrugada se cortó la comunicación. ¿Seguís en el campo por el supuesto gualicho o ya volviste a Dakar?

Apenas escuché que eras vos así que te cuento algo por acá. Pasan muchas cosas de este lado del mundo y es imposible resumírtelo por teléfono o skype. También con palabras. Pero bueno, lo voy a intentar. Arranco por lo de siempre: estamos muy bien. Te lo dije mil veces e insisto: nuestra hija es increíble. Avanza todos los días. Tendrías que verla…

Ahora voy por lo que no sabés. Eva ya llega a la bacha para lavarse las manos y los dientes (¡está altísima!) y no tiene que subirse a ningún banquito. Además, cocina seguido y en distintos horarios (¿te acordás cuando cocinabas en Atenas? Bueno, algo parecido). También ya aprendió a cambiarse y elige cómo vestirse. Quiere hacer todo sola y de a poco lo va logrando.

Hace meses que va a circo y le está yendo de maravillas. La casa es un show permanente de música y acrobacia. Se levanta y acuesta haciendo piruetas (te adjunto una foto para que veas de lo que te hablo).

Ah! Te cuento algo importante también para su vida: se está llenando de amigos. El jueves fue al cine con Sofía y Clarita y el viernes la invitó Dante a jugar al parque de su casa. Es gracioso pero siendo tan chiquita le llueven invitaciones. Es bastante parecida a vos en ese sentido: atrae con su carisma. Los hace reir.

Mientras tanto, sigue forjando una personalidad fuerte. Así como no quiere atenderte por teléfono, hace poco me dijo que no le diera tantossss besos. Que con uno estaba bien. ¿Podés creerlo?

No sé cómo será en Senegal pero no llegué a decirte que acá hoy es el Día del Padre. Las calles están llenas de ofertas de regalos y los diarios de fotos y de historias de papás que abrazan a sus hijos y dan todo por ellos.

Te confieso que cada vez que se acerca la fecha me agarra algo en el corazón pensando en cómo le afecta a ella que no estés. Ya pasaron cuatro días del padre desde que nació… Hasta ahora no manifestó nada y lo que menos veo en ella es tristeza pero sigue siendo mi estilo hacerme preguntas.

A veces se acuerda de vos, recuerda que estás en Africa y ahí queda la cosa. Fluye su crecimiento y no hay sombras en la relación con otros chicos con papá. Es íntegra y en eso sí agradezco tus genes y esa fortaleza que tienen los negros frente a la adversidad. Yo soy bastante fuerte, pero ella es distinta… Seguramente entenderás.

Festejo lo bueno que nos dejaste para siempre y tengo que decirte otra verdad que quizás pueda dolerte: otros están ocupando tu lugar. Eva está rodeada de hombres que no son vos pero que cuando están con ella la hacen sentir queridísima y protegida. Unica. Como un papá con su hija.

Hace poco le dijo a mi hermano Gastón que lo amaba mucho más que mucho y entendí que ella ya sabe reconocer a aquellos que la aman y la cuidan. Gastón es un padrazo, tiene cuatro hijos pero siempre tiene amor para dar. No sé cómo hace, es admirable. Fue él quien hace tiempo me dijo que, en tu lugar, hubiera cruzado el océano a nado para conocer a su hija.

Pasa algo parecido con los padrinos de Evangelina. Cada vez que veo a Ezequiel y a Salvador con ella me aplaudo por haberlos elegido. Y ni hablar del abuelo. Se detiene el mundo cuando ella llega a su casa. Mi amiga Andrea dice que Eva tiene suerte de estar rodeada por «muchas figuras masculinas» y es cierto.

Que ellos sean así con ella era y es previsible. En mi familia siempre circuló el amor. Pero no son los únicos. Hay un amigo que la duerme cuando la acaricia, otro que eligió la foto que se sacó con ella entre sus preferidas para presentarse en las redes, otro que le toca toda clase de instrumentos para alimentar su fascinación por la música… También otro que no ve la hora de que crezca para ser su custodio… Y uno que la tiene enamorada!!! Cambia de actitud cuando viene a casa. ¡¡No sabés cómo lo mira!!!

Por si fuera poco, están los que me escriben preguntándome por ella o le mandan saludos sin acordarse de mí. Algunos incluso no la conocen personalmente. Te juro que a veces siento que varios de ellos querrían, si pudieran, adoptarla como hija.

Hace rato que no escribía una carta. Creo que las últimas quedaron en mi adolescencia. Esta vez te tocó a vos en un día que no es cualquier día.

Me voy despidiendo. Espero que estés bien siempre. No hay rencor en mí. Aunque seas desde hace años una voz en el teléfono, creamos juntos una hija maravillosa que en este momento está preparando todo para salir. Nos esperan todos sus muchachos para almorzar en Lomas. No les llevamos muchos regalos porque no lo necesitan. El regalo es ella.

Valeria

IMG_0259

Mamá multiprofesión

image

Como en un espejo, veo que mi hija sigue modelando con su crecimiento mi nuevo yo multiprofesión. No puedo hacer la triple mortal o una vertical perfecta como a ella le gustaría pero sí tengo otras habilidades que sé que la hacen feliz.

Puedo ser actriz. Ponerme sus disfraces en la cabeza simulando ser princesa o agarrar el escobillón del lavadero y ser caballero. Ella me sigue con su caballo de juguete o una viga larga que era de una cortina. Relinchan los caballos. Galopamos nosotras. Tiemblan los cuadros y platos colgantes.

Puedo ser pintora. Lo descubrí hace poco cuando recibimos la casita de Barbie que nos regalaron las increíbles Adriana y Paloma. De repente me encontré hablando de acrílicos para pintarla. Inmediatamente recordé las 12 veces que rehice un trabajo en primaria porque la naturaleza muerta en témperas no me salía como quería. La vida siempre te da una segunda oportunidad.

Puedo ser doctora. O paciente. Eva me revisa los oídos y los ojos como si supiera. Me pregunta si me duele la panza hasta que invertimos roles. Hace que me llama por teléfono y, como en una urgencia, estoy al segundo.

Puedo ser goleadora o arquera. Jugar a la pelota en la cancha improvisada que arma en el living. Tenemos pelotas de distintos tamaños y sillas fuertes que se vuelven arcos. Media hora después de los goles, puedo ayudarla a vestir a sus muñecas. En los últimos días de frío pensé en volver a tejer para que «las chicas» tengan ropa nueva para el invierno. Tal vez me anime a tejerle algo a mi hija.

Puedo ser atleta. Y saltar en la cama como si tuviera 3 años o 7 o 10. Como cuando saltábamos con mis hermanos en un globo gigante que llamábamos «caminata lunar» en la plaza Colón de Mar del Plata. Era tan fascinante y liberador como ahora.

Puedo ser arquitecta. Y armarle una carpa con frazadas para leerle un cuento a las 3 de la madrugada si se desvela y otro cuando sale el sol si algo la despierta. También me defiendo con las casas y los teatros de sábanas.

Puedo ser transportista. Llevarla a upa dormida y además cargar un bolso, mover su triciclo y abrir la puerta de casa sin que se caiga nada. O llevarla a caballito (me gusta más que el moderno cococho o cocochito) durante por lo menos cinco cuadras. Vengo ganándole a mis temores de caídas y contracturas.

Hasta que Eva nació creí que era solo periodista. Mi hija abrió en mí miles de versiones desconocidas. Por alguna razón siento que hay mucho más todavía. Estaba dormida y ella vino a despertarme.

¿Querés hablar con tu papá?… No

Habíamos acordado que el contacto por skype iba a ser todos los sábados al mediodía. Pero hace tres semanas Amadou me contó que viajaba a las afueras de Dakar a probar nuevas pócimas contra su supuesto gualicho y chau skype con su hija. Parece que, como acá, si te alejás de la ciudad las conexiones son malas o no existen.

Recuerdo a mis hermanos (todos somos muy irónicos) oscilando entre putearlo por «abandonarnos» y reirse con su puesta en escena cada vez que nos llamaba en los primeros tiempos. Eva tenía apenas meses y Amadou se comunicaba a veces desde el campo (otro campo) al que también decía que había ido a curarse. En esa etapa se escuchaba una especie de berreo y mis hermanos decían que él ponía un CD de ovejas para hablar conmigo.

En el mundo gualicho todo es probable. En el mundo real no hubo skype estas semanas pero sí llamadas por celular. En cualquier horario… Eva en el jardín y yo trabajando. Eva durmiendo y yo amaneciendo… Y así. Amadou nos encontró juntas y despiertas el sábado pasado. No se escuchaban berreos esta vez. «Ya te paso con Eva…»… «Antes decime ¿cómo está todo…?» «Todo bien»… Con sorpresa, cuando lo atendí, no le reconocí la voz. Un tema para otro análisis. Entonces, al grano…

– «Eva, es tu papá. ¿Querés hablar con él?
– «No»
– «Te llama desde lejos, hija»
– «No»
– «Aunque sea mandale un beso…»
– «No»

Se cortó la comunicación. Hubo un nuevo intento de parte de él con el mismo resultado. Evangelina no quiso hablar. Prefirió seguir en su mundo de dibujitos y casitas y juguetes. Después, mientras nos preparábamos para ir al zoológico, sí quiso mandarle un mensaje a su amigo Lucca y preguntarle si llevábamos rocklets para los animales. También quiso bromear con su prima «Matulina» con chistes cruzados e invitaciones a jugar.

Le cansa hablar por teléfono como a mí pero dice sí a muchos diálogos. En el último skype con su papá, le había asegurado que ella tenía la llave y que le abría. Que él tenía que atravesar «la ventanita» del skype y entrar.

Es cierto que el amor se construye y los chicos no andan con vueltas. Lo que a mí me costó varios años, a Eva no le está costando tanto. Su papá no entra por la ventanita y ella le dijo por primera vez que No.

image