Elba, la Mamá chef de Agustina

“Ser madre soltera es un desafío que me costó mucho afrontar”

¿Cómo sos como mamá?
En esta nueva etapa de mi vida, ser mamá me demostró que no existe felicidad tan grande como la que estoy viviendo al lado de Agustina. Si antes estaba muy contenta, no se compara con el momento que vivo hoy. Vivo cada día como si fuera único, tratando de dar lo mejor de mí para mi bebota, mimándola de múltiples maneras pero sobre todo aprendiendo juntas a vivir felices. Siempre me imaginaba que cuando llegara el momento de ser mamá, iba a ser súper protectora y amorosa. Dicho y hecho, fue así: es mi tesorito.

¿Cuál fue el momento más difícil desde que ella nació?
Desde que nació Agustina un momento difícil fue cuando dejé de darle pecho. Era una conexión especial con Agus y por cuestiones de salud tuve que dejar de hacerlo. La separación fue más impactante para mí que para ella. Todavía siento tristeza.

¿Quiénes te ayudan a cuidarla? ¿A quiénes les tenés confianza?
Las únicas personas que la cuidan son mi familia y el padre, que le tengo confianza. Ellos son las personas que darían todo por mi bebota. Hasta el día de hoy demuestran que es así.

¿Te sentiste alguna vez sola durante este tiempo?
Durante todo el proceso de embarazo, nunca me sentí sola. Siempre estuve acompañada por mi familia, amigas y mis seguidores que me daban ese plus de amor.

¿Cuáles son tus miedos y cuáles son tus fortalezas como mamá?
Mis miedos pasan por el hecho de saber que Agus tarde o temprano tendrá que irse de casa a estar con su papá.

¿Cómo te organizás para seguir con tu trabajo como chef?
Pensé que ser madre iba a repercutir sobre mi trabajo de cocinera que demanda mucho tiempo y dedicación. A la semana que llegó mi bebota a mis brazos decidí que juntas a la par podíamos trabajar. Así lo hacemos día a día.

¿Cómo es tu hija? ¿Se parece en algo a vos?
Físicamente se parece a su papá. Y tiene un carácter muy simpático y amoroso como su mamá. Al ser tan glotona a la hora de las comidas su abuelito dice que son los genes de los Rodríguez. Le gusta estar en brazos, caminar con ayuda, jugar muchísimo, es muy activa. Su manera inquieta es lo que más me gusta. Nunca se va a quedar quieta.

¿Qué deseás para ella?
Le deseo que tenga un corazón noble, solidario, luchador y que nunca se olvide que lo más importante en la vida es ser feliz.

¿Qué deseás para vos?
Es raro desearme algo para mí pero sí me gustaría verla crecer lo suficiente, que pueda estar con ella y protegerla. Acompañarla hasta que ella misma pueda enfrentar sola la vida.

¿Qué deseás para las dos?
Todavía no terminamos nuestra casa, es algo que deseamos realizar lo antes posible, que tengamos nuestro propio lugar.

¿Volverías a ser mamá soltera?
Ser madre soltera es un desafío que me costó mucho afrontar, no se lo deseo a nadie. En mi caso, no fue una elección compartida solo me quedó aceptar. Estando embarazada tuve que tomar riendas y seguir junto a mi bella. La cuidé en todo momento para evitar cualquier complicación cuando estaba en la pancita. Ya no era solo lo que sentía sino que tenía otro corazoncito dentro mío. Esa fortaleza fue la que me ayudó muchísimo siempre.

¿Te arrepentís de algo?
Muchas veces me planteé si me arrepiento de algo y la respuesta la encontré en Agus. Todo lo que pasé valió la pena, por que gracias a ello tengo a mi reina en brazos.

Cómo conocí a Elba
Supe de Elba y su historia cuando mi hija era apenas una bebita. Ella se había consagrado en Masterchef, quedó embarazada tiempo después y decidió hacerse cargo de todo sola. Un día de no hace mucho me propuse encontrarla. Descubrí que era de Lomas de Zamora como yo. Que a sus 26 años había podido, que seguía cocinando ahora con una asistente de lujo: su hijita y que era muy feliz. Es cierto que las respuestas a muchas preguntas las encontramos en nuestros hijos. ¡¡¡Gracias Elba!!! ¡Nos encontramos en alguna comilona!

Juana, la Mamá de Toro

“Deseo poder sostener esta familia y agrandarla”

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¿Cómo sos como Mamá?
Como mamá dirá Torito cómo soy… Te puedo decir que intento ser lo mejor para él, darle todo lo que siento que necesita y estar para él, entregada, con mi cuerpo y mi todo.

¿Encontraste una versión tuya diferente a la que eras antes de que naciera Toribio?
¡¡¡SOY OTRAAAA 100%!!! Si bien siempre fui súper maternal y muy mamá de mi hermano, de mis amigos, de todo el mundo y eso, por supuesto, sabía que me saldría aún más con mi propio hijo, cambié mucho. Un poco desde el embarazo, pero aún más con su nacimiento.

¿Cuál fue el momento más difícil desde que él nació?
El momento más difícil creo que fue el primer mes, pero no con mis “deberes” como mamá. Con el gordo me arreglé siempre muy bien, fluímos bárbaro de entrada. Pero la revolución hormonal y emocional es muy fuerte. En mi caso al menos lo fue, me desestabilicé. Pensé que iba a poder con todo y repito que con el gordo pude y puedo todo. Pero necesité que me sostengan a mí.

¿Quiénes te ayudan a cuidarlo? ¿A quiénes les tenés confianza?
Mi mamá y mi hermano me ayudan bastante. Por ahora lo dejo solo dos veces por semana con mamá, una hora y media para ir al gimnasio, porque solo toma teta y es un gordo glotón, toma seguido. Pero estando en la casa de mi vieja lo tienen mucho mi hermano y la novia y mi vieja. Ahí relajo un rato los brazos y puedo hacer alguna cosita para mí como por ejemplo bañarme más tranquila. Cuando voy a visitar a mi viejo me lo saca de las manos y también a él y a Flor se los doy re tranqui.

¿Te sentiste alguna vez sola durante este tiempo?
La verdad que no me sentí sola, no lo pensé … pero te diría que no.

¿Cuáles son tus miedos y cuáles son tus fortalezas como mamá?
Mi miedo más grande es que él no esté bien. Yo doy y daré todo toda la vida para que eso no pase pero nos excede. No sé como podría soportar verlo sufrir. Y un poco de vértigo me da el momento en que se venga la charla de nuestra familia y cómo lo concebí. Pero me asesoraré con psicopedagogos en su debido momento. Mi fortaleza es mi amor y mi entrega absoluta.

¿Qué pensás cuando te levantás a la madrugada a darle la teta?
¡No pienso! ¡Apenas abro un ojo! Pero en general cuando toma teta lo miro y lo miro.. Pienso en lo genio que es, en cuánto lo amo, lo lindo que es… Baba y más baba…

¿Cómo es Toribio? ¿Se parece en algo a vos?
Torito es muchísimo más tranqui de carácter que yo, es buenazo. En eso es más bien parecido a mi hermano Bauti. Quizá el hombre en general es más tranqui, no lo sé. Y físicamente es muy parecido a mí, ¡si!

¿Qué deseás para él?
Para él, deseo felicidad absoluta y perfecta salud. Que esté rodeado de amor toda la vida y que él pueda también dar amor. Que sea feliz como él decida pero siempre feliz!

¿Qué deseás para vos?
Para mí, deseo ser la mamá que siempre soñé y la mamá que Toro necesite. Principalmente poder sostener esta familia y agrandarla para que él siempre esté acompañado!

¿Qué deseás para los dos?
Para los dos, deseo seguir siendo así de compatibles y compañeros para toda la vida.

* Juana eligió la foto para este post

Cómo conocí a Juana
Mi trabajo como productora de televisión hizo que en enero de este año le mandara un chat a Juana Repetto pidiéndole una nota cuando contó que estaba embarazada y que, a los 27 años, iba a ser mamá soltera por elección. Con toda la dulzura del mundo me dijo que ya había dicho todo lo que tenía que decir. Que quizá más adelante… Respetando su decisión me despedí de ella diciéndole que la nena que veía en la foto del whatsapp era mi hija y que yo también era mamá soltera. Quiso saber más. Le conté un poco de mi historia. De Evangelina, de Amadou, de Senegal, de mí. Le conté que era la mujer más feliz del mundo. Desde entonces, quedamos conectadas. En realidad creo que Juana se conectó con Eva y sus rulos y, a través de ella, se conectó conmigo. Siempre hay principios y el principio de todo fue otra vez mi hija y su don para abrir mis puertas. Con “Juana, la Mamá de Toro” arrancan las Charlas de Mamás Solteras. ¡¡¡Gracias Juanita!!!! ¡¡¡Que sigan cumpliéndose todos tus deseos!!!

Una historia especial

Todas tenemos dudas. A veces nos cuesta encontrar la respuesta adecuada para nuestros hijos. Marianela Casanova acaba de publicar “Una historia especial”, un libro pensado justamente para chicos de entre 3 y 5 años que busca ser una herramienta para el momento en el que una mamá soltera por elección le cuenta a su hijo cómo fue concebido. Marianela tiene un hijito de tres años y, además de ponerle el cuerpo a este proyecto, tiene una historia increíble. Con gran generosidad, escribió este primer texto para el blog!

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marianelaMe llamo Marianela, te estoy escribiendo desde la sala de preparto y tengo contracciones. Pero no voy a parir, voy a abortar.

Sucede que es la tercera vez que paso por esta situación. Y como ya soy mamá y tengo un problema genético importante, no estoy tan angustiada como las anteriores veces.

Pero voy a arrancar de nuevo: Soy Mane, tengo (en 2016) 36 años, un hijo y un libro (y estoy buscando más hijos y más libros).

En mi haber, tengo 4 embarazos, 3 (con el de ahora) abortos espontáneos y 1 hijo hermoso de 3 años llamado Luca. En realidad, debería tener unos 8 años. Y no es sangre de mi sangre, no tiene mis genes ni se parece físicamente a mí. Sin embargo, tiene mi mismo factor y tipo de sangre, ahora la ciencia pone en duda si tiene algunos de mis genes o no y se está empezando a parecer, hasta físicamente, a mí. Luca es producto de una ovodonación. Y de mucho amor.

No soy madre soltera, pero siempre tuve esa certeza: iba a ser madre, en pareja o sin pareja. Y mi inclinaba más hacia esa opción: sin pareja. Pero un día crucé el charco hasta Uruguay y la vida me cruzó, justamente, a la persona gracias a la cual sería madre. Y no porque fuera justamente un hombre, sino porque sin esa persona yo no hubiese podido afrontar la lucha contra la infertilidad con una anomalía genética que provoca abortos espontáneos y/o malformaciones muy importantes en los embriones de los embarazos que hubiesen seguido su curso. Y en el combo entra también la famosa trombofilia.

Además de ser infértil soy licenciada en Letras y editora de contenidos. Y luego de cumplir el sueño de ser la mamá de Luca tuve el sueño de tener mi propia editorial. Así nació Cien Lunas, especializada en libros de texto para adultos que buscan tener hijos y en libros ilustrados para niños nacidos por técnicas de reproducción asistida. Como acá en Argentina, y en América Latina, no había ningún libro para hijos de madres solteras por elección, decidí escribir el guión para uno, basada en la historia real de una amiga mía, Sarita.

“Una historia especial” busca ser una herramienta de lectura para la hora en que una madre soltera por elección le cuenta a su hijo cómo fue concebido: la visita al doctor, el donante, el esperma, la inseminación, la FIV o la ICSI, el óvulo propio o donado, todo, muy cuidadosamente, forma parte de la historia.

Cuenta con el aval de la Asociación Latinoamericana de Medicina Reproductiva, de la Sociedad Argentina de Medicina Reproductiva, la Red Latinoamericana de Organizaciones de Personas Infértiles (Trascender) y Concebir Asociación Civil.

Para que se den una idea de qué se trata, les dejo un extracto:

una historia especial

Pueden leer más sobre Mane, su historia y sus libros en:
www.cienlunas.com
www.facebook.com/unahistoriaespecialMSPE
www.facebook.com/cienlunaseditorial
Su twitter es: @mane_casanova y @cienlunas_edit
Las ilustraciones de “Una historia especial” son de Victoria Cuello

Amparo y Romina

Romina pasó los 30. Vive en Santa Fe, es docente y sobre todo, es la mamá de Amparo. La tuvo por inseminación artificial, participa activamente de un grupo para “mamás solteras por elección” y es la mujer más feliz del mundo. Tanto que ya está pensando en un segundo hijo, un hermanito para su hija. Aquí va su historia.

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Soy Romina tengo 33 años. Siempre soñé con ser mamá. Claro que antes lo pensaba dentro del marco de una pareja pero como no llegó el hombre que compartiera mi mismo sueño de formar una familia, empecé a barajar la idea de ser mamá soltera. En realidad me pasó que empecé a entrar, a chusmear cuanto foro de maternidad se me cruzaba por el camino y en uno de tantos, en los que siempre hablaba de mi deseo de ser mamá pero de no encontrar el hombre indicado, en una charla una forista me dijo “¿Y ese es tu “problema”? Mujer… estamos en el siglo XXI, hoy en día con un tratamiento de fertilidad podés ser mamá” y ahí yo caí y me dije y “¿por qué no?”.

Así fue como empecé a meditar el tema. Tenía unos 24/25 años y para entonces iba y venía en relaciones que creo, en el fondo, sabía que no prosperarían. Tuve muchos vaivenes, tanto emocionales, como económicos, como de pérdidas de tiempo amorosas y otras yerbas. Pero a fines del 2011 dije ¡basta!, basta de perder el tiempo. Llevaba años pensando y repensando el tema. Me dije basta de dejar pasar mi sueño. Yo deseaba ser madre, siempre lo supe, deseaba con todo mi corazón dar vida, dar amor. Así que me lancé a este viaje a la maternidad sola porque nadie me apoyó en mi decisión.

Pasé por todos los estudios y controles pertinentes, me topé con más de un profesional en el camino y no tanto, hasta que di con los que creí ideales para mí. Después de muchas idas y venidas llegaron los tratamientos, enfrentar los desconocido, lo nuevo, la ansiedad, los nervios, los miedos… porque el proceso no es fácil: ver morir tus ilusiones con un negativo, esa espera interminable de un ciclo perdido solo porque a mis ovarios se enquistaron. Son muchas emociones, sensaciones difíciles de explicar. Es como dar pasos en la oscuridad, un tsunami de sentimientos. Una pone el cuerpo, el alma a los pinchazos, hormonas, estudios invasivos, un sinfín de emociones, miedos, angustias, ansiedad, muchos estados de ánimo, años rogando a dios…

Pero todo quedó atrás cuando en mi tercer tratamiento, en una mañana muy fría vi medio dormida el signo + en el evatest. Me acuerdo que lo acercaba y lo alejaba, no lo podía creer, y después la confirmación de la beta, ese valor de 1530 impagable y ni decir de la ecografía sumado a todo ver la seña del médico indicando que eran MELLIS, el momento de sentir sus latiditos fusionado a mis lágrimas que brotaban imparables. Ahí me di cuenta que no pude tener mejor elección de vida.

Por razones que nunca podré explicar mucho menos comprender una de mis hijas, Constanza se puso alas en la semana 24 de embarazo. En una ecografía de rutina me tocó escuchar “mamá esta bebé no tiene signos vitales, su corazón se detuvo”. Eso me partió al medio, creo que no hay dolor más grande…no entendía nada, sentía que el alma se me desgarrada de dolor. Luego empezó una pesadilla de varias semanas de reposo (la vida pasaba demasiado lenta y el dolor de saber a una de mis hijas muerta dentro de mí era indescriptible, ni siquiera podía llorar), cuidados especiales, análisis y ecografías semanales y hasta una interconsulta en Buenos Aires con especialistas en medicina fetal, pero nada pudo evitar que en la semana 30 de gestación, el 30/12/2012 se desencadenará el parto y naciera mi hija Amparo.

Tuvieron que hacerme una cesárea de urgencia, y una suerte de legrado. Cuánto miedo, cuántos sentimientos encontrados… Mi médico ni siquiera apareció, sufrí violencia obstétrica durante el embarazo por falta de empatía y el parto por abandono. Estaban sólo los médicos de guardia. Amparo peso 1.460 gramos, ni siquiera pude verla. No habían pasado ni 3 horas de la cesárea cuando me levanté y me llevaron a Neo. Ahí estaba mi pequeña hija que ya había enfrentado su primer paro cardio-respiratorio, sus débiles pulmones necesitaban ayuda, conectada a un respirador y llena de cables, sondas y así la conocí.

A la semana de nacida pesaba 1020 gramos y me dejaron cargarla por primera vez pero la vida nos tenía otra sorpresa desagradable, empezó a perder fuerzas, devolvía la leche, una batería de análisis y estudios determinaron que sus glóbulos blancos iban en aumento, había una infección en los intestinos que pronto llegó a la sangre desencadenando una sepsis generalizada. La punción en la médula no se hizo esperar, el resultado tampoco. “Mamá podés venir a parte?”, me dijo la doctora. Sabía que nada bueno era y lo que no quería escuchar: “Amparo tiene meningitis bacteriana”. ¿Dios qué tan mala fui en la vida para merecer tanto castigo?, pensé. 20 días en coma cada 8 horas le pasaban 3 antibióticos diferentes, sus venitas no resistían tanto, tuvieron que cerrarle el ductus y le pasaban una leche especial por sonda de a 1 ml por vez, nadie me decía nada “hay que esperar” era una frase repetida. Ni siquiera podía tocarla…

Tampoco podía contarle a nadie lo que estaba pasando para no generar pánico y contra todo pronóstico una mañana despertó y me miró como diciendo “acá estoy mamá, me aferré a la vida por vos”. Enseguida la tome en brazos y se prendió al pecho, mis pechos doloridos de tanto sacaleche, la herida de la cesárea abierta de tantas idas y venidas, no sólo me dolía el alma sino también el cuerpo, noches sin dormir, (cada vez que tenía que dejarla se me rompía el corazón) pero ahí estaba mi princesa dándome las mejores lecciones de fortaleza.

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Fueron casi 2 meses en cuidados intensivos neonatales pero el día de irnos a casa llegó. “Mamá te ganaste un alta”, me dijo la doctora. Me costó todas las fuerzas que tenía y no conocía salir adelante porque tener un bebé prematuro no es tarea sencilla… hay infinidad de controles y cuidados. Hoy mi princesa tiene 3 años, es absolutamente sana, nada de secuelas, todos los estudios normales, todas las pruebas de desarrollo normales.

En conclusión, es el mejor regalo que una mujer puede esperar: una nena sana y feliz! Y si hoy me preguntan vale la pena tanto dolor yo respondo orgullosa SI! VALE MIL VECES LA PENA… Soy mamá de un ángel en el cielo y de una princesa en la tierra. Y después de vivir esta historia me hablan de egoísmo cuando todas mis decisiones fueron en base al amor. Estoy orgullosa de la familia que formé, porque di vida, y me hago cargo responsablemente.

No nos falta nada solo nos sobra amor y felicidad. Esta es nuestra historia y siento que es un ejemplo de que aunque las circunstancias parezcan decirnos No, la vida siempre nos puede sorprender por eso no hay que darse por vencidas. La felicidad es tan grande que estoy preparándome para buscar otro bebé. Otra vez estudios, análisis, preparándome para pasar otra vez por tratamientos de fertilidad para darle otro hermanito/a a mi Amparo.

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“Sueño que adopto dos bebés”

Daniela vino a casa una noche fría a contarme su historia. Se había enterado por una amiga que estaba armando un blog para Mamás Solteras y no dudó en abrirse. No nos conocíamos. Se fue y ya no había distancias. Confió. Me contó de su pasado nada sencillo. Y de un sueño que aparece mientras duerme y que es su guía cuando despierta. Aquí va su historia:

El sueño es recurrente. Se ve adoptando dos bebés. Se le ilumina la cara cuando lo cuenta. Y su mirada tan triste y tan dura deja de serlo un poco. Daniela se ve feliz con dos chicos. Se proyecta cuidándolos. Sola o con un hombre. Depende del destino. Llegó a los 44 años rompiéndose la cabeza contra infinitas paredes. Los quiebres y crisis fueron muchos y no le quedó otra que endurecerse para seguir. Y es dura y sensible a la vez. Y pudo.

30AGT1972-Chile-DanielaDe chiquita le contaron que era adoptada, igual que su hermano. Después de muchos intentos y tratamientos frustrados, su mamá adoptiva rondaba los 27 cuando enfrentó a su papá adoptivo y le pidió que hicieran algo para tener un hijo. Que sino la relación se terminaba. Como tenían contactos en la justicia de La Plata, no aparecieron uno, aparecieron dos hijos de meses y de la noche a la mañana armaron una familia.

El principio fue soñado. “Mi infancia no pudo ser más feliz”, recuerda Daniela sus pasos por Santiago de Chile y el D.F. Lo relata con alegría aunque no les fue fácil. Sus papás adoptivos se escaparon de la cordillera con el Golpe de Allende en el ’73 y anclaron en México.

1972-Chile-DanielaySanti2A los 14, Daniela vivía en las nubes de la adolescencia y tenía un sueño diferente al de ahora pero que ya la acercaba a la maternidad. “Soñaba que tenía hijos y se los regalaba a parejas que no podía tenerlos”, cuenta y sonríe. Tal vez como su mamá biológica, la nena de 16 años del Norte del país que la entregó porque no podía cuidarla. Eso es todo lo que Dani sabe de ella y de su pasado. De su papá, nada. Hay un expediente en La Plata que se abrió en su nombre. Ella se llamaba María Alejandra, estuvo primero con otra familia y a los asistentes sociales no les cerró la historia. Entonces llegaron sus papás adoptivos y arrancó otra página. Dani llegó hasta ese expediente pero no avanzó. Tiene miedo de lo que se puede llegar a encontrar. Por ahora.

1977-Mexico-DanielaySantiLo que vino después de los 14 fue largamente horroroso en el tiempo y pensado desde hoy. Son heridas con las que Dani pelea todos los días. A sus 17 años se tuvo que ir de su casa. Empezó a andar su propio camino y empezó a rearmarse. Su mamá terminó dejando a su papá y se conectó con un hombre luminoso que hoy es su amigo. Ella murió después de varios a ACV y de pedirle disculpas por dejarla sola sin esos abrazos que solo dan las mamás.

A los 40 Dani dio el salto, su salto. Se subió a una moto chopera, otro de sus sueños, y empezó a andar. Los nuevos caminos que imagina hoy la llevan a veces al expediente de sus orígenes en La Plata. Está buscando a un abogado para que le averigue qué pasó. También se imagina volviendo al D.F., a recuperar la felicidad de la amistad y de la adolescencia. Quizás también para perdonar a sus papás adoptivos y sanar parte del daño. El último camino va por dentro. Sueña con adoptar dos bebés.

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Camila Victoria y Valeria

Valeria es también Andrea. Quien la conoce la puede llamar como quiera. Son sus nombres y para ella es indistinto. Camila es Camila Victoria, todo junto, como una marca. La pequeña está por cumplir los 5, tiene mucha personalidad, un cuerpo esbelto de bailarina y unos ojos negros que hablan.

vale y camiValeria ama profundamente a Camila Victoria y Camila Victoria ama profundamente a su mamá que es una mezcla equilibrada de dulzura, esfuerzo silencioso y sensatez. Tienen entre sí un amor infinito y desapegado a la vez. Camila Victoria va por su mundo. Valeria la guía con amor pero también ella crece en el suyo. Y así van: una que son una y son dos.

Conocí a Vale antes de ser mamá gracias a una amiga de toda la vida, Luciana. Nos volvimos a encontrar en un cumpleaños con Camila de casi 3 y yo embarazada de Evangelina. Fue una semana antes de parir. Compartimos nuestras historias de padres ausentes y deseos realizados.

Vale también fue mamá de grande. Atravesó distintas relaciones, confió, se enamoró locamente del papá de su “China”. La tuvo a los 39 años.

Conoció a Nicolás buscando su propia identidad. No pensó que en esa búsqueda iba a encontrar al “amor de su vida”, al padre de su Camila, nieto de quien la había vendido de bebé. Ella fue entregada a una familia por una mujer y esa mujer resultó ser la abuela de Nicolás. Al principio creyeron que eran hermanos. Después confirmaron que no y avanzaron. Círculos increíbles que tiene la vida.

camiyvale6Vale eligió ser abogada penalista buscando su propia justicia. Nicolás, decidió manejar micros y viajar por el país. Dos decisiones nada casuales.

La primera cita, recuerda ella, fue en el Abasto. Guarda en el cajón de la historia de Cami una foto perfecta de ese día. Están felices. Ella muestra su mirada tímida de siempre. Los anteojos la preservan quién sabe de qué emoción. El, más desafiante, sonríe.

Esa postal y esa felicidad podrían haber atravesado el tiempo. Pero ese tiempo definió a una Valeria íntegra y a un Nicolás infantil y huidizo que prefirió borrarse a vivir el día a día con Camila Victoria. El estuvo durante el embarazo y los primeros meses de la pequeña de ojos negros. “Pero su amor no creció a la par de la panza”, desliza Vale. Escapó. Está perdido en algún lugar del país, a una hora de avión, y a miles de kilómetros afectivos de la nena y de Vale. Se comunicó un par de veces. Tiene otros hijos. Se terminó esfumando.

camiyvale3Cuenta Vale que la “China” es físicamente muy parecida a Nicolás. “Alocada, alegre, audaz y libre como su papá”. Igual a él, pero sin él. Además, es inteligente y tiene la misma paz que ella con una ternura inmensa por lo sencillo, de entrega por los que la rodean y quieren. Eso sí: Vale habla bajito. Cami se impone.

Lo que está de fondo es la latente preocupación de Vale por explicarle a su hija por qué no está su papá. Ensayó distintos argumentos pero le duele en el alma. Ya atravesó instancias duras: Cami recibió el diploma del jardín y frente a otros nenes con papá y mamá, ellas fueron dos sobre el escenario. “No te puedo explicar lo que sentí… Pero los hijos te dicen de alguna manera que no te preocupes, que está todo bien”, cuenta Vale. Cami la premió ese día. Fue escolta de la bandera y festejó con una sonrisa amplia mientras miraba a su mamá.

Aunque todo marcha, Vale está preocupada por lo que vendrá y por un problemita que tiene Camila Victoria en la sangre. No quiere dejar nada librado al azar. Cami, mientras tanto, tiene reflexiones increíbles de una nena adulta. Tal vez ya empezó a armar y a entender en silencio esa ausencia que tanto le preocupa a su mamá. No hay dudas de que, como su nombre lo define, saldrá victoriosa.

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