«Tu papá es un fantasma: no existe»

«Mirá Valeria. Llegó la hora de empezar a decirle, de a poco y cuando pregunte, la verdad»

Eva jugaba feliz entre pasamanos con distintas formas. Subía y bajaba mezclada entre otros niños. Sentí un frío por dentro. Contuve las lágrimas. No quería llorar aunque hace rato que volví a hacerlo a escondidas. Seguí escuchando como en una nebulosa a Estela, mi amiga, abuela por elección de mi hija y psicóloga de niños.

«Disculpá si soy muy directa. Ya pasó la etapa del relato amoroso del encuentro con el papá de Eva. El no está. Un papá es otra cosa. Es la persona que decide estar todos los días, que pone el cuerpo. Tu hija empieza mañana primer grado y él no está para acompañarte como no estuvo nunca. Es un fantasma».

Las palabras justas en el momento justo. Así escuché a Estela. Venía de días de ansiedad y angustia incomprensible. No tenía una explicación concreta. Todos los años, Marzo es un mes especial: entre el inicio de clases y el cumpleaños de Eva todo se mueve. A veces, en medio del agotamiento crónico, confundís sentimientos y pensamientos. Pero un día empieza a esfumarse la niebla espesa.

Fantasma.

La versión del Papá Fantasma no es nueva para mí. Sé que Amadou es un fantasma hace rato. Sé también que ocupó esa categoría durante años con mínimos toques de realidad. Pensé que podía convivir con su fantasma pero no. Los fantasmas ocupan espacio. Si los liberás, ese espacio se abre para que entren nuevas vivencias.

Hasta ahora no supe bien cómo hablar con Eva de la ausencia prolongada de su papá. Lo único que me salió durante años fue contarle nuestra historia, decirle que no puede venir y que, si no esto no ocurre, iremos nosotras a Africa. Ahora se abre otra etapa más realista. «Decile que no sabés por qué no viene, que le pregunte a él. No es que no viene porque no puede, sino porque no quiere», siguió Estela.

«¿Y el tema de viajar a Senegal? Hace rato que le vengo diciendo que si no viene, vamos a ir nosotras», le pregunté. «Decile que más adelante, cuando sea grande, va a ir. Eso le va a quitar ansiedad. Bajalo a la tierra. Les va a hacer bien a las dos», agregó.

Todo cierto. A veces las soluciones son tan sencillas que asombran.

Me fui de la plaza con la certeza de la revelación y una alegría enorme que continuó durante el primer día de primer grado de mi hija y sigue hasta ahora. El fantasma no se fue aún pero ya sé cómo empezar a abrirle la puerta para que se vaya de una vez por todas.

No creo en las casualidades. Sé que la vida te pone a veces en el camino personas que te abren los ojos. No es la primera nebulosa en mi historia. Tuve varias, muchas muy profundas. Pero un día, como magia, sentís que algo ya nunca va a ser lo mismo. Y vuelve otra vez a aclarar.