De sombras y de luces

No me gusta dar consejos. Aunque con puntos en común, cada historia es distinta a la otra como también sus protagonistas. Así y sin embargo, voy a contar qué fue lo que me hizo bien para enfrentar las sombras enormes que tuve durante los primeros meses de la vida de mi hija. Evangelina ya tiene cuatro años y el recuerdo empieza a ser historia. Pero el principio marcó el después. Me fortalecí. Hoy sé que en algún momento sale el sol. Va este texto de corazón y en respuesta a tu mensaje, Romi. Ojalá te ayude a salir de tu propia tempestad.

El principio fue duro. Durísimo. Salí con panza de mi departamento una madrugada y volví una semana después con Evangelina en mis brazos cubierta de mantas, con un gorrito de lana y un conjunto rojo que guardo como recuerdo y que conserva su primer olor. Había mucho sol. El sol siempre fue un buen aliado contra mis vacíos. Cuando llegamos a casa y cruzamos la puerta fue como abrir una nueva etapa. Sentí una ráfaga infinita de tristeza e incertidumbre. Tuve ganas de llorar. No había un compañero cerca como había soñado pero estaba mi mamá. Por suerte estaba mi mamá. Sin ella, nada hubiese sido lo mismo. Me ayudó a calentar mi corazón con amor, mate y ricas comidas. Creo profundamente que cuando sos mamá tenés que reconciliarte, abrazar y valorar a tu propia mamá. Hoy mi mamá es un pilar también para mi hija.

Además de reconciliarme con mis papás, me dejé ayudar. En mi estilo independiente, había dejado la casa de mis viejos a los 20 y pico, renegando de sus voces y de sus consejos. Era libre. Hice mi vida sin ataduras. Viajé por el mundo, disfruté de todo y cumplí mi sueño de quedar embarazada. Pero nada fue lo que imaginé. Por mi condición de mamá soltera no me quedó otra que volver al origen por un tiempo. Fue tremendo aceptarlo, terrible viajar de Capital a Lomas de Zamora otra vez cuando hacía décadas había decidido hacer el camino inverso. Recuerdo que un día, armando el bolso para ir a Lomas me puse a llorar. Le dije a mi mamá que para mí era muy terrible “depender”. Ella me dijo sin muchas vueltas: ´Vale, hacé lo que quieras. Yo me voy y vos necesitás ayuda’. Yo bajé la cabeza, agarré a la nena y fui. Me dejé caer en la red de los que me quisieron ayudar. A veces caer no es caer. Tu familia, tus amigos… vos sabés quiénes te ponen de verdad el hombro y te hacen bien. Hoy vamos domingo por medio a la casa de “los abuelitos”. Eva tiene ahí su segunda casa.

La música también me ayudó a encontrarme en las tinieblas. Y ahí también volví a mi niñez. Encontré un viejo cd de Víctor Heredia de mi papá que me hizo cantar varias veces mientras mi hija dormía o tomaba la teta. El disco se llama “Puertas abiertas”. Entre todos sus temas, elegí como himno “Quiero estar aquí”. Cantaba y me sentía mejor. En un recital de Víctor, al que fui con mi hija, le agradecí por su canción. Se sonrió sorprendido. Creo que no terminó de entender lo importante que fue para mí. A veces hoy le canto su canción a mi hija y suele dormirse como un angelito. Otras, me dice que soy desafinada y nos reímos las dos.

También empecé a meditar y a escribir este blog. Meditar me dio y me sigue dando paz. Lo hago todas las mañanas antes de que mi hija despierte. Escribir me reconectó con la vida.

Cada una tiene sus propias salidas para levantarse. Ahí están aunque a veces cueste encontrarlas. Hoy, cuatro años después, por momentos sigue siendo difícil pero no hay abismo así que no temo. Voy resolviendo el día a día con la certeza de que estoy en donde quiero estar, con una maternidad que me hace muy feliz aunque sea sin un papá.

Quiero estar aquí porque pasó la tempestad, porque llevé y llevo a mi hija sin que me pese, porque las dos hemos cruzado infinitas veces el mar sin ahogarnos. Porque aclaró y vemos muy seguido salir el sol. Porque dejé de llorar. Ahora camino.

* La foto que encabeza el post la sacó mi hija, Evangelina López

Mamás malabaristas

“Si te acordás, mandame alguna foto así me alegrás el día…”

Les tocó a varias mamás del jardín recibir mi mensaje estas dos semanas de cambios permanentes en nuestra rutina. Lili, la señora que cuida amorosamente a mi hija mientras yo trabajo, siguió enferma y otra vez tuve que pedir ayuda!

No es fácil hacer que todo marche sobre rieles cuando estás sola. En realidad, por lo que vengo hablando con otras mamás, no es fácil nunca.

En nuestro caso, cuando Evangelina era bebé, ´los hombros´ venían de mi familia, de mis amigos de siempre y hasta de mis vecinos. Increíblemente ahora que Eva está más grande y tiene su propia red de amigos aparecieron nuevas manos y voces solidarias. “¡Eh, Vale! Me enteré que no vino Lili… ¡No te preocupes! Contá conmigo si necesitás que me lleve a la nena del jardín”, me escribieron con distintas palabras muchas mamás en estos días.

El último lunes Eva se fue del colegio a la casa de Franquito y su mamá, Eugenia. Se disfrazó de superheroína al cansancio, cenó con ellos milanesas gigantes y jugó con la abuela de Franco cuando él se durmió. “Mi mamá la disfrutó más que el otro día -ya me habían salvado la semana pasada-. Le hizo peinados para que le entraran los disfraces”, me contó Euge con alegría.

El martes Eva se quedó en casa con algo de tos. Mari, la hija de Lili y nuestra salvadora en estos días hasta la mediatarde, no tuvo colegio y la pudo cuidar todo el día.

El miércoles Eva terminó jugando con su amiga Sofi y su perro Toby que ya la conoce. Las cuidó Iara, otra mamá de fierro y polenta silenciosa que también viene ayudándome. A la salida del jardín estuve otra vez yo. Salió feliz al verme y volvió a hacer piruetas en su clase natación pero lloró desconsolada cuando me fui. Después, se calmó “sambando” entre disfraces y música. Iara es brasileña. Festejo que la mamá de una de las mejores amigas de mi hija sea afrodescendiente.

El jueves Eva salió bajo la lluvia con Clarita, otra de sus grandes amigas y su mamá Ximena. Al rato, estaban tomando la merienda y al rato jugando. “Todo ok por acá. No hay problema con el horario. Pasala a buscar cuando puedas”, me escribió Xime cuando le recordé que salía tarde de trabajar.

Hoy, viernes, termina una (otra) semana agotadora. Me quedé pensando en la fuerza arrasadora de las mujeres para contener y abrazar cuando nos necesitan. ¡Gracias Iara, Xime y Euge! También sentí con orgullo que resultó divertido sumar por unas horas a mi hija a otros planes familiares, que no fue una carga. Y eso es mérito de ella y de los espacios que viene abriendo por sí misma.

Acabo de pasarla a buscar otra vez por lo de Iara y Sofi. Eva está cansada y con algunas líneas de fiebre. Se fue a dormir con una sonrisa cuando le dije que mañana es sábado y que tenemos todo el fin de semana por delante. Yo suspendí o dejé en incógnita todas las actividades que tenía/teníamos. No hay nada más importante que estar con ella.

Ajedrez maternal

A Lili (la señora que cuida a Evangelina como si fuese su abuela) le duele mucho la panza y no viene hoy. Viene su hija, Mari que también la quiere mucho y que la va a llevar al jardín al mediodía. Pero Mari no puede ir a la salida. Entonces le mando un S.O.S. a Iara, la mamá de Sofi, una de las mejores amigas de Eva y Iara me cuenta que la nena está con fiebre. Que no va al jardín ni a natación pero que ella igual puede ir a buscar a mi hija a las 18.30 a la pileta. Que la suya puede quedarse con su papá y que lo que tiene no es contagioso. Mi hija se quedará con ellos hasta la noche cuando la pase a buscar al salir del trabajo. En mi trabajo me dan el ok para ausentarme un par de horas. Así que hoy voy a buscar a Eva y el resto, ya está organizado.

No es la primera vez que en un segundo y sin anestesia se mueven las piezas del tablero de nuestra rutina y hay que recalcular. Le contaba a una amiga que aunque siempre descoloca, ya me tomo los movimientos bruscos con más tranquilidad. Eva está más grande. Entiende los cambios. A veces llora porque no estoy y me pide que esté en los momentos que no suelo estar. Y hoy voy a estar.

Estoy cuando sale del jardín y no lo puede creer. Estoy para explicarle que solo me quedo un rato y que después se va a la casa de su amiga Sofi. Estoy para ponerle la malla floreada y la gorra de tela (las de látex son crueles con los rulos). Estoy para verla entrar al agua como si viviera en ella (¿guardará bellos recuerdos en mi panza?Ojalá). Estoy para charlar con las mamás que cuentan, como todas, sus películas familiares con papás normales, ausentes o estresados. Estoy para sacarle mil fotos aunque no se pueda.

Ella hace las piruetas de siempre y más. “Es que hoy estás vos”, me dicen las mamás. La profe le presta su gorra plateada que increíblemente le entra! y me gesticula a través del vidrio que la compró en Brasil. “Tendremos que viajar a comprar una”, le respondo también con señas.

Es hora de irme. Llega Iara y hacemos la posta a las seis y media clavadas. Saludo a Eva y ella me hace un gesto de “después me venís a buscar?”. Levanto el pulgar. Asiente y vuelve a zambulirse en su mar.

Seguramente llegaré molida esta noche. Escribo en el que taxi que me lleva al canal otra vez. La calle es una multitud que marcha hacia Plaza de Mayo a decirle NO al 2 x 1. Me llevo una nueva imagen de mi hija. Mi Reina se mueve libre en nuestro tablero y eso siempre es una tranquilidad y una bendición. Por hoy, Jaque Mate.