Un domingo a solas

Vamos y venimos. Eva heredó de mí el gen del movimiento y la sociabilidad. Para ser honesta puede ser que también tenga algo del papá. Entre los recuerdos lindos que tengo de él, lo recuerdo caminando por Atenas. Quizás por su parecido con Bob Marley, lo invitaban a comer, a fiestas, a compartir momentos. Yo iba en silencio a su lado o atrás… Me encantaba mirar todo desde un segundo plano.

Con Eva armamos y planeamos. Vienen a casa o vamos. La invitan, nos invitan. Nos movemos y volvemos. El último domingo cancelé planes y encuentros y movidas y nos quedamos solas. Antes la soledad era el abismo. Ahora no hay abismo ni soledad. Aunque a veces termine agotada, es maravilloso tener todo el tiempo del mundo para estar con ella.

– ¿A dónde vamos hoy mamá?
– Se me ocurrió que podemos ir a ver una obra de teatro acá cerca.
– ¿De qué es la obra?
– De un profesor loco que le enseña música a una nena.
– ¡¡¡¡¡Biennn!!!!!
– Vamos en el carro, ¿te parece? Por si te cansás de caminar… (Ya no la puedo llevar a upa muchas cuadras)
– ¿Y el carro vuela?
– No… pero va rápido…

Nos fuimos desafiando al viento y al frío. Y llegamos. El lugar me trajo recuerdos lejanos. Techos altos, pisos de madera, buena acústica, muñecas antiguas y porcelanas en miniatura. ¿Había estado antes ahí o lo soñé? Tal vez haya lugares a los que uno, por alguna razón, tenga que ir.

Este lugar estaba lleno de niños, de padres y de música. Para mi sorpresa, también de caras conocidas. Nos sentamos y en frente nuestro se ubicó el nene de la hamaca y la plaza que tanto nos gusta a las dos. Al lado, la mamá (la que le hablaba como a un bebé a pesar de tener la edad de mi hija) desconsolada por no poder frenarlo. Lo mismo el papá… El nene masticaba un chupete azul y daba vueltas sin parar. Le agradecí internamente a Eva por su paz.

El nene terminó calmándose con una de las magdalenas (madalenas?) que Eva le dio. A veces es sencillo. No voy a olvidar las caras de agradecimiento de los tres. En especial la del papá, que resultó ser el director de la obra.

Conozco a mi hija y sé que necesita complementar la paz con un poco de rock and roll (como yo). Así que nos movimos a un café con juegos y ahí nos quedamos. Eva mezcló metegol y tiros al aro con globos y bailes. Desde lejos, mientras tomaba un café, me tiraba besos y en un momento me gritó que me amaba mucho. Nos fuimos con cuatro globos, uno de ellos con forma de espada cargados en el carro alado. Me ayudó después a comprar y a hacer la cena.

A veces siento que ella quiere compartir su tiempo libre conmigo, a solas. Se tranquiliza. Mientras escribo me doy cuenta del valor del tiempo libre y de lo que ahora significa para mí. Dejé de ahogarme con el tiempo. Hoy disfruto de ver a mi hija en acción desde mi segundo plano.

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“Tengo 3 años y aprendí”

Así de claro. La de arriba es una de tus últimas frases de cabecera cuando te salen bien las cosas. Anteayer fue bajar en forma de puente de mi cama. También empezaste con los por qué. Anoche me llevó un tiempo explicarte que el frasco pintado con comics era un lapicero que me habían regalado.

Todo sigue pasando rapidísimo, hija. Ayer eras un bebé y hoy apenas me alcanzan los brazos para agarrarte.

Estás creciendo y creciendo. Quizá por eso me hayan venido a la cabeza estos días dos frases de amigos. “Capta su esencia en estos primeros años. Por dónde va en estado puro. Esa siempre va a ser ella aunque cambie con el tiempo”… “Lo que le estás escribiendo ahora, lo va a leer en el futuro y le va a ayudar a entender su historia”…

Fueron y son sabios consejos. Así que te voy a contar algunas de tus andanzas y gustos de tus 3 años ya camino a los 4 por si me olvido algún día.

* Te levantás muchas mañanas cantando. Te escucho desde el living, sonrío pero me quedo quieta. No voy al dormitorio. No quiero romper tu hechizo. No sé que canción cantás pero cantás. De noche y después de cenar, hacés gimnasia y bailás. Bailás sobre la mesita de Minnie o sobre un colchón que traés de la habitación. Suenan tus canciones en la casa y traspasan las paredes. Creo que los vecinos te escuchan pero te quieren tanto que no dicen nada.

image* En los últimos tiempos me sumaste a tu show… Ahora sos vos la que dice: “Señoras y señores, con ustedes la estrella del momento… Mamá López!!!!!!!!” Y ahí aparezco yo con todos los pelos revueltos y tu micrófono. Cuanto más desopilante estoy, más te hago reir. Así que me esmero cada día para escuchar tu carcajada aunque, te confieso, ser desopilante me sale fácil.

* Decís muy seguido “¡Tengo una buena idea!” y ahí hay que agarrarse. Porque puede ser desde algo simple como hacer una torta o ir a comprar globos a la esquina hasta treparte como el hombre araña a tu casita o ver una película comiendo papas fritas un día de semana a las 2 de la mañana. El ritual incluye estar tiradas en el piso tapadas con mantas que llamás “capas”.

* En estos días de vacaciones de Invierno querés venir a mi trabajo a “hablar” con mis compañeros. De hecho ya conversaste con varios de ellos por teléfono. No sé si es que me extrañás o estás aburrida pero querés acompañarme. Aunque estuviste pocas veces, el canal parece ser un espacio que conocés. ¿Serán las corridas que compartiste conmigo desde la panza?

* Te gusta hacerme un lugar al lado tuyo para ver la tele, la compu, leer. “Vení mamá! Te hice un lugar!” “Vení mamá! Cerrá los ojos!” Porque además me armás todo el tiempo “sorpresas”. A veces son tus mismos juguetes envueltos en servilletas. Hace unos días trajiste una etiqueta suelta, me dijiste que era un regalo y que tenía escrito “Valeria López y Evangelina López, siempre juntas”. Imaginarás lo que siguió. Sí, lloré.

* Extrañamente no hacés tanto foco en los negros que pasan a nuestro lado como antes. Tampoco hablás ni preguntás por tu papá. Aunque hago el esfuerzo para que no se note, tal vez te estoy transmitiendo mi desilusión y rechazo por él y me siento culpable. Después pienso que es imposible tapar las sombras… Tal vez vos también te sientas desilusionada y no sepas todavía cómo ponerlo en palabras.

* Me pedís seguido que te hable en inglés.Y te hablo en inglés. Es cuando agradezco a tus abuelos por haber hecho el esfuerzo en su momento de darnos todo lo que podían, entre otras cosas una buena educación.

* Seguís amando los festejos. Inventás cumpleaños. Ponés servilletas, vasos y bolsitas con caramelos. Ya me anticipaste que querés que tu fiesta de los 4 (faltan 8 meses) sea de la Doctora Juguete o ¿¿¡¡Spiderman??!! También, en los cumples de verdad te mimetizás con los otros. En el último hiciste trencitos y rondas con los grandes. Fue alucinante verte entrar y salir del balcón como un vagón humano más. “Esta nena sí que disfruta la vida”, me dijo uno de los invitados…

Hace frío, hija. Llegué a casa y estabas dormida. Me dijo Lili que tosiste un poco durante el día pero que jugaste más, así que no hay mucho de qué preocuparse. Por las dudas, te hice un vapor mientras soñabas. Y salí entre las nubes que se formaron en el baño mientras te tapaba con tu “manta-capa” de los sapos.

Es cierto que un día vas a leer y a entender. Cuando ese día llegue sabrás más de vos, de mí, de nosotras.

Y si ese día llegó, leé lo que sigue con intensidad: ¡Seguí amando la vida, sol de mi vida! Que ese sea siempre tu victorioso norte.

Va de vuelta, aunque sea cargosa…

Te amo hasta el infinito

Mamá

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De principios y finales

El tiempo define.

10 de julio de 2012, Atenas.

– “Voy a llorar todo lo que tenga que llorar. El último viaje me contuve y me agarró pánico en el avión…”

– “No llores. Yo también estoy mal y vamos a terminar llorando los dos. Prometémelo y te lo prometo. Nos vamos a volver a ver”

Por supuesto se lo prometí y lloré. Lloré mucho. Estábamos sentados en un moderno asiento en la puerta del aeropuerto Elefthérios Venizélos. Era Verano en Atenas. Y ahí estábamos los dos, mirándonos con profunda tristeza.

Antes de subir al avión, le prometí también a Atenas que un día iba a volver. Ya sentada, empecé a escribir nombres de futuros hijos en un libro y la angustia paró. No hubo pánico. No sabía que estaba embarazada. Tal vez ya desde algún lugar, Evangelina detenía el dolor y me llenaba de alegría. Como ahora.

10 de julio de 2016, Buenos Aires.

Es un domingo invernal y Eva duerme. Tengo el recuerdo de ayer. Mi hija “debutando” con un karaoke a capella en el cumple de la tía Vani con uno de sus temas de cabecera: Libre Soy… Cerquita, el tío Rodo y su amigo Lucca. Fue un gesto de justicia de parte de Eva –pienso– compartir con ellos ese momento. Entre otras vivencias, Lucca le dio el primer beso y Rodo la cuida y quiere como si fuese un tío de sangre.

Eva se despierta y la casa brilla. Se prepara para ir a lo de uno de sus amigos. Quiere llevar el monopatín. Veo llamadas perdidas de su papá.

Desde el Día del Padre y, aunque estoy segura de que nunca leyó la carta que le escribí, Amadou llama día por medio y varias veces. Probablemente tenga celular nuevo. Usa más el whatsapp y puso una foto de las dos en su perfil. No es la primera vez que siento que quiere recuperar el tiempo perdido. Pero pasaron cuatro años y una eternidad desde el día del aeropuerto y ya es tarde. Eva escucha o le cuento de los llamados y le cuesta atenderlo y yo ya no necesito hablar más con él.

En estos días mi hija siguió aprendiendo que en la vida se gana y se pierde. Perdió en un juego en el que siempre gana. También lloró pero dos segundos después volvió a sonreir.

Creo que también ya sabe agradecer y contener al otro sin estruendos. Cuando hace unos días le contaba bajito a otra amiga que se habían terminado las palabras con Amadou, que el final había llegado, ella dejó por un minuto sus masas y sin mediar palabras, me abrazó.

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