¿Y ahora qué hago?

La de arriba soy yo recibiendo un mensaje sobre mi hija en mi trabajo… Uno de mis momentos preferidos del día es cuando vuelvo a casa a la noche. Mientras subo en el ascensor hasta el sexto piso voy escuchando la voz de Eva cada vez más cerca y sonrío. Me pasa seguido: le quiero ganar a la puerta y a veces me atolondro para abrirla y tardo más. Quiero verla lo antes posible. Del otro lado siempre está ella: escondida debajo de una manta, en su casita, jugando con sus masas, haciendo piruetas en el monopatín… Esperándome con su energía habitual.

Anoche se rompió el hechizo. Abrí la puerta como siempre. Holaaaa chicas!!! Silencio total. “Perdón, Vale, no pude mantenerla despierta. Se durmió hace dos minutos. Me decía que estaba cansada y lloraba…”, soltó apesadumbrada, Lili, la mujer que cuida a Eva ya como una abuela… Estaca en el corazón… y preguntas encadenadas para calmar mi tristeza instantánea… ¿A qué hora exacta se durmió, Lili? ¿La bañaste? ¿Comió? ¿Jugó? ¿Se portó bien? ¿Te hizo caso? ¿Estaba contenta? Mi hija había tenido un día perfecto pero yo no llegué a verla despierta.

imageLa casa sin Eva o con Eva dormida no es la casa. La llevé a su cama. Hacía frío afuera pero todo estaba calentito adentro. Abrí su mochila del jardín y el cuaderno de comunicaciones no tenía notas. Preparé su vianda para el día siguiente: las galletitas rellenas la vuelven loca. Organicé su cena bien potente por las dudas. A Eva le gusta comer. Dejé un chocolate en su mesita de Minnie como postre. Ordené su uniforme. Todo quedó en su lugar.

Me ocupé de mí. Mi vianda para el trabajo de mañana, la comida de hoy. Apagué la tele, me serví una copa de buen vino, la casa estaba en absoluto silencio. ¿Intento despertar a Eva? ¿Se despertará de madrugada? ¿Qué debería hacer? ¿Me voy a domir también por las dudas?

Desde hace unos diez días volví a leer todas las noches, uno de mis grandes placeres. Evangelina ya está más grande, tiene sus propios libros y juegos, y podemos estar en el mismo lugar –abrazadas incluso– y haciendo cosas diferentes. Por eso mismo y porque sé que es lo mejor para las dos, disfruto de retomar aquello que dejé por un tiempo para dedicarme a full a ella. Tal vez vuelva los sábados al gimnasio. Una hora no es nada y pasaron cuatro años desde la última vez.

Anoche abrí también ese espacio aunque con esfuerzo. El silencio se completó con música y libros y chats y palabras. Me consolé pensando que mi hija se había despertado temprano, me acordé de la espuma con jabón mientras se lavaba los dientes con un panda con luz y de cuando armamos Minnies y Mickeys con rocklets. También, que jugamos con un globo violeta del último cumpleaños del jardín y que a la tarde me habló divertida cinco minutos sin parar por teléfono.

Escribir sobre Eva fue como despertarla un poco.

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La resistencia de las mamás solteras

Todavía no nos ven. Caminamos con la frente alta pero preferimos mimetizarnos con otras y otros y ahí vamos. A veces tenemos la mirada un poco cansada pero no se preocupen, no es nada grave. Seguramente nuestros hijos se acostaron tarde o se levantaron temprano o tal vez tuvieron fiebre y no pudimos dormir bien.

Quizá no nos vean pero aquí estamos. Somos fuertes. Nos doblegan pocas cosas. Una, diría: que a nuestros hijos les pase algo. Sentir que no estamos haciendo todo lo que podemos para que ellos sean felices. Percibir que les duele la ausencia de papá. Su felicidad es lo único que nos importa, se los aseguro.

Somos miles en todo el mundo. De 20, de 30, de 40… Si nos juntáramos podríamos crear un país. Tenemos historias, idiomas y vidas diferentes pero compartimos el instinto animal de la leona, el de todas mamás que aman. Ni se te ocurra molestar a nuestros cachorros.

Somos las mujeres de la sonrisa de la plenitud incorporada (¿la podés ver?). Nuestro deseo se hizo realidad. Nos emocionamos todo el tiempo con cada paso de nuestros pequeños. Nos explota el corazón. No nos quejamos. No nos van a ver llorar porque las lágrimas quedaron en el pasado o lo hacemos de noche cuando nadie nos ve.

Hemos sobrevivido a varias batallas. Somos guerreras y sabemos pedir ayuda. No nos tengan piedad, ni miedo ni envidia. Es un consejo. No nos afecta.

Maduramos con nuestros hijos mientras ellos crecían en la panza. Y después y ahora seguimos creciendo a la par. El tiempo pasa y, sin embargo, ellos nos hacen sentir más jóvenes y enérgicas que antes. Capaz se nos note… Nos conectan con una niña parecida y diferente a la que fuimos. Tenemos la alegría a flor de piel.

Quizá no nos vean y no hace falta. Nos guían los ojos de nuestros hijos como estrellas. Y para ellos tenemos guardado el sol.

“Sueño que adopto dos bebés”

Daniela vino a casa una noche fría a contarme su historia. Se había enterado por una amiga que estaba armando un blog para Mamás Solteras y no dudó en abrirse. No nos conocíamos. Se fue y ya no había distancias. Confió. Me contó de su pasado nada sencillo. Y de un sueño que aparece mientras duerme y que es su guía cuando despierta. Aquí va su historia:

El sueño es recurrente. Se ve adoptando dos bebés. Se le ilumina la cara cuando lo cuenta. Y su mirada tan triste y tan dura deja de serlo un poco. Daniela se ve feliz con dos chicos. Se proyecta cuidándolos. Sola o con un hombre. Depende del destino. Llegó a los 44 años rompiéndose la cabeza contra infinitas paredes. Los quiebres y crisis fueron muchos y no le quedó otra que endurecerse para seguir. Y es dura y sensible a la vez. Y pudo.

30AGT1972-Chile-DanielaDe chiquita le contaron que era adoptada, igual que su hermano. Después de muchos intentos y tratamientos frustrados, su mamá adoptiva rondaba los 27 cuando enfrentó a su papá adoptivo y le pidió que hicieran algo para tener un hijo. Que sino la relación se terminaba. Como tenían contactos en la justicia de La Plata, no aparecieron uno, aparecieron dos hijos de meses y de la noche a la mañana armaron una familia.

El principio fue soñado. “Mi infancia no pudo ser más feliz”, recuerda Daniela sus pasos por Santiago de Chile y el D.F. Lo relata con alegría aunque no les fue fácil. Sus papás adoptivos se escaparon de la cordillera con el Golpe de Allende en el ’73 y anclaron en México.

1972-Chile-DanielaySanti2A los 14, Daniela vivía en las nubes de la adolescencia y tenía un sueño diferente al de ahora pero que ya la acercaba a la maternidad. “Soñaba que tenía hijos y se los regalaba a parejas que no podía tenerlos”, cuenta y sonríe. Tal vez como su mamá biológica, la nena de 16 años del Norte del país que la entregó porque no podía cuidarla. Eso es todo lo que Dani sabe de ella y de su pasado. De su papá, nada. Hay un expediente en La Plata que se abrió en su nombre. Ella se llamaba María Alejandra, estuvo primero con otra familia y a los asistentes sociales no les cerró la historia. Entonces llegaron sus papás adoptivos y arrancó otra página. Dani llegó hasta ese expediente pero no avanzó. Tiene miedo de lo que se puede llegar a encontrar. Por ahora.

1977-Mexico-DanielaySantiLo que vino después de los 14 fue largamente horroroso en el tiempo y pensado desde hoy. Son heridas con las que Dani pelea todos los días. A sus 17 años se tuvo que ir de su casa. Empezó a andar su propio camino y empezó a rearmarse. Su mamá terminó dejando a su papá y se conectó con un hombre luminoso que hoy es su amigo. Ella murió después de varios a ACV y de pedirle disculpas por dejarla sola sin esos abrazos que solo dan las mamás.

A los 40 Dani dio el salto, su salto. Se subió a una moto chopera, otro de sus sueños, y empezó a andar. Los nuevos caminos que imagina hoy la llevan a veces al expediente de sus orígenes en La Plata. Está buscando a un abogado para que le averigue qué pasó. También se imagina volviendo al D.F., a recuperar la felicidad de la amistad y de la adolescencia. Quizás también para perdonar a sus papás adoptivos y sanar parte del daño. El último camino va por dentro. Sueña con adoptar dos bebés.

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Como tocada por una varita mágica

Corría el séptimo mes de embarazo. Yo tenía una panza enorme y mucha angustia. Que el papá de Evangelina no llegaba y estaba claro que no iba a llegar, que todo había sido una ilusión, que Eva sí estaba llegando y la plata no alcanzaba para el parto, que me sentía sola con muchas cosas… que…

2013-02-03 18.54.44 (1)Las palabras justas llegaron en el momento justo. Fue durante una sesión de reiki. “Vos quedate tranquila. Tratá de resolver tus dolores que Eva está bien. La veo feliz en la panza, viene rodeada de duendes y de hadas”, me dijeron. Lo sentí tan verdadero como las ecografías que aseguraban que mi hija venía a este mundo con la fuerza de una tromba, con una enorme vitalidad.

Desde el principio fue así. Todo lo que es y la rodea tiene como un halo especial que no puedo explicar. Quizás haya alguna razón en su origen, en el lugar de su origen, en el deseo que me llevó a buscar a su papá y a buscarla… no sé.

Cuando vuelvo a los ocho meses y medio que Eva estuvo en mi panza e incluso al tiempo anterior, recuerdo momentos que siento mágicos.

El origen

100_9081Con Amadou –el papá de Eva– nos reencontramos por tercera vez después de casi un año a fines de junio de 2012. Nos despedimos el 10 de julio entre lágrimas, besos y proyectos.

Fueron 11 días en las nubes. A mitad de la estadía, me sentía distinta. Presentía que estaba embarazada. Habíamos hablado del tema ni bien llegué a Atenas. “Quiero tener un hijo con vos”, me dijo él en inglés, el idioma con el que nos comunicamos. “Yo también”, le respondí absolutamente convencida. Minutos antes habíamos intercambiado alianzas con nuestros nombres. Fue como un casamiento simbólico. Nunca había pensado en casarme.

Quizás fue la noche del reencuentro, la del 30 de junio, la de los anillos y el deseo compartido de un hijo, que el corazón de Eva empezó a latir. En un mundo sin tiempo en medio de la convulsionada Atenas.

Las primeras señales

Amadou es musulmán y días después de mi llegada se enteró que estaba en la ciudad un especie de pastor de su religión. La ceremonia era en un hotel y, curiosa como siempre, no me la quise perder. Eramos dos mujeres blancas (una griega y yo) entre miles de negras y negros.

100_1859Con la cabeza semi tapada y un vestido largo, me dejaron entrar sin problemas. El pastor o “marable”, como le dicen ellos, estaba en el centro. Las mujeres fuimos las primeras en acercarnos a él. Me habían dicho que estaba prohibido tocarlo. Que era una deidad. Pero que le pidiera lo que deseaba porque se cumplía.

Durante la ceremonia había llorado mucho viendo a los bebés en brazos de sus mamás. Tenía claro que yo quería uno así. Me acerqué al “marable” y con las manos hacia arriba, como me habían enseñado, le dije que quería tener un hijo con Amadou. El estaba en primera fila, viendo todo, con los demás hombres.

Imprevistamente el hombre de la túnica me tocó los dedos. Como una bendición. No tomé consciencia de lo importante que era ese contacto hasta que me fui a mi lugar y los amigos de Amadou me dijeron que eso no pasaba nunca, que era “una elegida”.

100_7285El segundo momento increíble fue también en Atenas unos días después: una prima de Amadou me lo anticipó. “Estás embarazada”, aseguró un mediodía que nos quedamos solas en la cocina (la foto es de ese momento). No había podido terminar un pescado exquisito que nos había preparado. Cuando le conté, él sonrió y bromeó: ¿Tan rápido?. Los dos nos reímos.

imageEn esos días y sin haberme hecho el test, empecé a hablarle a mi hija. Sí!! , en femenino. Fuimos al Partenón un día de mucho calor y hablé con ella. Al Egeo y hablé con ella. Ya en el avión de vuelta empecé a escribir nombres posibles y apareció Evangelina, un nombre que nunca había pensado para un hijo. Las opciones eran: estoy embarazada o llego a Buenos Aires y cambio urgente de psicóloga.

El embarazo

Volví a Buenos Aires y no estaba loca. Fueron seis test de embarazo. No podía creer las dos rayitas.

El primero en enterarse fue lógicamente Amadou que no entendía bien de lo que le estaba hablando. En su cultura prefieren esperar a que todo avance. Recién hicieron una fiesta cuando Eva nació.

La segunda en saberlo fue mi abuela Carmen. Cuando cumplí 40, ella se me había acercado con sus 90 a cuestas y me había dicho: “Valita, le pedí a Dios que me deje vivir un poco más hasta saber que un hijo tuyo viene en camino”. En ese momento pensé que iba a defraudarla. Pero cuando el 18 de agosto de 2012 fui al geriátrico donde estaba internada y le di la noticia, todo tomó sentido. Se le iluminaron los ojos. Unos ojos grises y profundos. ¿Por qué no lo querés contar?, me susurró. Porque todavía no llegué a los tres meses, Abu, le respondí. Sonrió y nos abrazamos. Sentí que se estaba yendo. La foto es también de ese momento. Al otro día cayó en coma y nunca más volvió a despertar. Me esperanzo con pensar en que esperó a que Dios cumpliera su deseo y soltó esta vida.

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La tercera en enterarse fue mi hermana Soledad. Tengo por ella un amor y una confianza infinitos. Salvo mi mamá que ya lo intuía, el resto de la familia se enteró después cuando les conté lo de mi abuela.

Eva nació el 13 de marzo de 2013 horas antes de que el mundo supiera que Francisco era el nuevo Papa. Desde entonces y desde antes, todo lo que rodea a mi hija tiene algo especial. Capaz nos pasa a todas las mamás que vemos luminosos a nuestros hijos. Puede ser.

En mi caso, Eva parece entender todo desde el principio. Todo fluye, incluso desde lo material (soy su principal sostén). Es el día de hoy que si le falta algo aparece alguien con eso que le falta. Guardo como un trofeo un enterito violeta que conserva su primer olor que me regaló un compañero de trabajo que nos ayudó y ayuda con la generosidad de un amigo con lo que fue de sus hijas. También están, como siempre, amigas entrañables que también armaron bolsos enormes con ropa, libros y juguetes. Tenemos reservas hasta los 6 años. No exagero.

Por eso, cuando asoman los huecos, vuelven las palabras que me dijeron alguna vez. “Vos resolvé tus dolores que ella está bien…” Es verdad. Gracias Andrea estés donde estés. Cada vez que me detengo a mirarla descubro que Eva sigue rodeada de duendes y de hadas.

Eva acróbata

La primera charla

Lunes a la noche. Llegué tarde a casa del trabajo. Pasan muchas cosas todo el tiempo en este país… Con Eva improvisamos una cena rápida. Siempre quiere ayudarme en lo que esté haciendo. Recién empezábamos a comer cuando me propuso uno de sus juegos favoritos de los últimos tiempos: ser mi mamá y yo, su hijita.

Sentadas a la mesa volví a agradecer a todos los dioses que Eva imagine situaciones y que además me permita escuchar parte de lo que ve y siente que soy haciendo de mí.

Eva CocineraMi mamá-hijita me sirvió agua y me dijo que no agarrara el cuchillo porque era peligroso. Me alentó a que comiera toda la milanesa que cortó a los tirones y compartió conmigo su huevito de chocolate como postre. Después, fue por la espuma y los platos, intentó preparar la mochila del jardín y también terminar de lavar su ropa de Otoño-Invierno.

Ahí hubo un alto en el juego de roles.”No, Eva, si querés ayudame a cargar el lavarropas pero lo enciendo yo”. Aceptó sin retrucar. Suele desafiarme cuando algo no es lo que espera pero esta vez no.

– “Charlemos mamá”…
– (¿¿¿Escuché bien???)
– “Sentate vos ahí (banqueta alta tipo bar) y yo acá (lavarropas)”
– “Si, decime mi amor, ¿qué me querés contar?” (con naturalidad -me dije- vos podés, no lagrimees otra vez)

Vengo lagrimeando con todas las primeras veces. Desde que abrió los ojos el día de su nacimiento escuchando mi “Bienvenida Hijita”, pasando por la primera carcajada, la primera comida, la primera vez que me dijo mamá, que me dio un beso con ruido, que se subió a una calesita, que cortó las encías, roló, caminó, corrió, dejó los pañales… Tantos días… tengo una colección de lágrimas guardadas y un registro de cada uno de sus primeros pasos escritos en un libro rosa con la cara de El Principito que me regaló mi amiga Vanina apenas nació.

imageNo lo pude evitar tampoco esta vez con nuestra primera charla formal. Creo que ella ya se acostumbró a que tiene una mamá llorona.

Desenvuelta sobre el lavarropas, mi hija me contó que se había portado “bastante bien” en el jardín, que Ian le había pegado a Franco, que en una ronda de música se había tropezado bailando sola y que Lili, la mujer que la cuida, la había dejado saltar los canteros por la calle porque le había hecho caso. Yo le conté que había trabajado mucho, que estaba un poco cansada y que era muy feliz con ella.

Creo que la aburrí con mi respuesta. Voy a tener que repensar cómo entusiasmarla… Cambió de tema. Se paró sobre el lavarropas e improvisó algunos monólogos. Le siguió un salto con mi ayuda hacia la banqueta.

– “Mamá… ¿ese es el baño?”.. En el lavadero hay una ventana que conecta con el baño y enseguida hizo el link. “¿Te acordás cuando me encerré y te tiraste por la ventana? No me voy a encerrar más”.

Después, agarró un jabón blanco y me hizo olerlo. El jabón se transformó en guitarra y en bebé y volvió a ser jabón. Con la charla terminada, volvimos a sus rituales nocturnos: gimnasia sobre el piso de madera, saltos y piruetas para el infarto, vuelo de pantuflas y globos…

Antes de dormir, cuando yo volvía una y otra vez hacia nuestra primera charla, imaginando que algún día me va a preguntar por su papá, me trajo al presente con un remate directo al corazón: “Estoy muy contenta con vos”. Abrazo fuerte, muchos besos y a descansar.

Camila Victoria y Valeria

Valeria es también Andrea. Quien la conoce la puede llamar como quiera. Son sus nombres y para ella es indistinto. Camila es Camila Victoria, todo junto, como una marca. La pequeña está por cumplir los 5, tiene mucha personalidad, un cuerpo esbelto de bailarina y unos ojos negros que hablan.

vale y camiValeria ama profundamente a Camila Victoria y Camila Victoria ama profundamente a su mamá que es una mezcla equilibrada de dulzura, esfuerzo silencioso y sensatez. Tienen entre sí un amor infinito y desapegado a la vez. Camila Victoria va por su mundo. Valeria la guía con amor pero también ella crece en el suyo. Y así van: una que son una y son dos.

Conocí a Vale antes de ser mamá gracias a una amiga de toda la vida, Luciana. Nos volvimos a encontrar en un cumpleaños con Camila de casi 3 y yo embarazada de Evangelina. Fue una semana antes de parir. Compartimos nuestras historias de padres ausentes y deseos realizados.

Vale también fue mamá de grande. Atravesó distintas relaciones, confió, se enamoró locamente del papá de su “China”. La tuvo a los 39 años.

Conoció a Nicolás buscando su propia identidad. No pensó que en esa búsqueda iba a encontrar al “amor de su vida”, al padre de su Camila, nieto de quien la había vendido de bebé. Ella fue entregada a una familia por una mujer y esa mujer resultó ser la abuela de Nicolás. Al principio creyeron que eran hermanos. Después confirmaron que no y avanzaron. Círculos increíbles que tiene la vida.

camiyvale6Vale eligió ser abogada penalista buscando su propia justicia. Nicolás, decidió manejar micros y viajar por el país. Dos decisiones nada casuales.

La primera cita, recuerda ella, fue en el Abasto. Guarda en el cajón de la historia de Cami una foto perfecta de ese día. Están felices. Ella muestra su mirada tímida de siempre. Los anteojos la preservan quién sabe de qué emoción. El, más desafiante, sonríe.

Esa postal y esa felicidad podrían haber atravesado el tiempo. Pero ese tiempo definió a una Valeria íntegra y a un Nicolás infantil y huidizo que prefirió borrarse a vivir el día a día con Camila Victoria. El estuvo durante el embarazo y los primeros meses de la pequeña de ojos negros. “Pero su amor no creció a la par de la panza”, desliza Vale. Escapó. Está perdido en algún lugar del país, a una hora de avión, y a miles de kilómetros afectivos de la nena y de Vale. Se comunicó un par de veces. Tiene otros hijos. Se terminó esfumando.

camiyvale3Cuenta Vale que la “China” es físicamente muy parecida a Nicolás. “Alocada, alegre, audaz y libre como su papá”. Igual a él, pero sin él. Además, es inteligente y tiene la misma paz que ella con una ternura inmensa por lo sencillo, de entrega por los que la rodean y quieren. Eso sí: Vale habla bajito. Cami se impone.

Lo que está de fondo es la latente preocupación de Vale por explicarle a su hija por qué no está su papá. Ensayó distintos argumentos pero le duele en el alma. Ya atravesó instancias duras: Cami recibió el diploma del jardín y frente a otros nenes con papá y mamá, ellas fueron dos sobre el escenario. “No te puedo explicar lo que sentí… Pero los hijos te dicen de alguna manera que no te preocupes, que está todo bien”, cuenta Vale. Cami la premió ese día. Fue escolta de la bandera y festejó con una sonrisa amplia mientras miraba a su mamá.

Aunque todo marcha, Vale está preocupada por lo que vendrá y por un problemita que tiene Camila Victoria en la sangre. No quiere dejar nada librado al azar. Cami, mientras tanto, tiene reflexiones increíbles de una nena adulta. Tal vez ya empezó a armar y a entender en silencio esa ausencia que tanto le preocupa a su mamá. No hay dudas de que, como su nombre lo define, saldrá victoriosa.

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Monólogos de Papá

Estamos las mamás que cuidamos solas a nuestros hijos pero también hay papás en la misma situación. Ezequiel Tozzi cuenta su experiencia con humor en su blog Monólogos de Papá. En esta publicación relata el origen de su historia.

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Monólogos de Papá

Mamá soltera por elección

Llegué a Eva María Bernal buscando conocer otras historias de mamás solteras. Eva vive en Madrid, tiene tres hijos -todos nacidos por reproducción asistida-, y una larga experiencia escribiendo y asesorando a otras mujeres sobre la Maternidad sin una pareja. Acaba de publicar el libro “Madres solas por elección” y escribió este texto para el blog.

Un Gracias enorme Eva! Tu mensaje está llegando a personas que seguramente lo necesitan.

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Eva María Bernal

Mi nombre es Eva María Bernal y hace 13 años decidí formar una familia aún no teniendo pareja. Nunca en mi vida me había planteado la posibilidad de que ocurriera algo así. Decidí ser lo que se suele llamar madre soltera por elección.
Tenía casi 37 años y varias relaciones fallidas más o menos largas y sentía que ya no tenía tiempo para seguir esperando a ver si aparecía ese hombre fantástico con el que formar la familia para la que me sentía preparada desde que cumplí 25 años.
Se lo comuniqué a mi familia, me di un tiempo para asentar la decisión e inicié el proceso de tener un hijo por inseminación con donante.
Tras realizarme cinco y solo lograr un embarazo que acabo en aborto, pasé a Fecundación in vitro con la que por fin logré llevar un embarazo a término y que naciera Rodrigo, mi hijo mayor.
Estando todavía en el hospital empecé a pensar que mi familia tenía que crecer, así es que unos meses después me puse en contacto con la clínica para reservar muestras del donante. Lamentablemente solo quedaba una y estaba reservada, por lo que contactaron con él para pedirle que volviera a donar, a lo que felizmente accedió.
Los dos primeros años de Rodrigo los pasé muy, muy feliz. Era un sueño hecho realidad y sobre todo a veces me preguntaba cómo había tenido el valor para llevarlo a cabo porque según pasan los años lo que tengo cada vez más claro es que aunque a tener hijos nos da un empuje extraordinario, hace falta valentía para enfrentarse a todos los retos que supone la crianza de un hijo en solitario.
Empecé la búsqueda de mi segundo hijo, que me llevo tres años en los que tuve que pasar a donación de óvulos tras realizar 4 fecundaciones in vitro que fueron bastante mal. Dado que había sido un proceso progresivo no me costó mucho renunciar a mis genes, pero de los 3 tratamientos de donación de óvulos, solo acabé consiguiendo tres nuevos embarazos que acabaron en abortos de diversos tipos.
Por fin, cuando Rodrigo acababa de cumplir cinco años y yo estaba prácticamente arruinada, decidí dar un último salto y pasar a un tratamiento no muy extendido pero del que yo ya había conocido niños nacidos de compañeras mías en la Asociación madres solteras por elección: la adopción de embriones o más correctamente la donación de embriones.
Y así tras tres años, 18 intentos entre tratamientos y transferencias, tres abortos y mucho dinero gastado, llegó el embarazo definitivo que trajo a mis gemelos Aitana y Martín.
Habían sido unos años tan duros en cuanto a la reproducción asistida, pero tan plenos junto a Rodrigo que a partir de su nacimiento ya solo quedaba VIVIR, sentía que empezaba el resto de nuestra vida.
Ahora siento que mi familia está formada y si con el tiempo se nos une una pareja, bienvenida sea, pero ellos y yo somos una maravillosa realidad por nosotros mismos.

Desde hace más de tres años me dedico a asesorar a personas que están en reproducción asistida de cualquier modelo familiar. Parte de los servicios que ofrezco son mis libros, el último de ellos es Madres solas por elección, desde la toma de decisión hasta los primeros años del niño.
13 años dan para adquirir mucha experiencia y además, dado que muchas de las mujeres que me rodean han formado sus familias como yo, sus vivencias y testimonios son también parte fundamental del libro.
El libro es un gran manual para aquellas mujeres que están por empezar, que se encuentran en algún momento del proceso o que ya tienen a su hijo. Todas encontrarán capítulos que pueden ayudarlas.

Eva María

Pueden leer más sobre Eva, su historia y sus libros en:
www.evamariabernal.com
www.creandounafamilia.net
http://mujersoltera.creandounafamilia.net/p/el-libro.html?m=1

Su twitter es: @evambernal