Eva cumple 3 y yo brindo

Muchos se ríen de mí cuando cuento la anécdota o me miran con cara de “estás loca”. Tal vez tengan razón. Desde que Evangelina cumplió un mes, canto y prendo una vela todos los 13 a las 0.00 para festejar su crecimiento.

Al principio la apagaba sola a su lado y algunas veces se prendían familiares y amigos con aplausos y soplidos. Cuando cumplió 1 empezó a entender. Aprendió a soplar, a saber que hay una canción del Cumpleaños Feliz y que los homenajeados reciben regalos y no hubo vuelta atrás.

imageNo le importan tanto la canción ni los regalos. Lo que más le gusta es el momento de la vela. Cuando hay luz, quiera estar cerca.

Fuera de casa, se pelea por estar en la primera fila en otros cumpleaños. En casa, me hace gastar media caja de fósforos cada 13 desde las 0.00 hasta que la vela empieza a consumirse. Prendimos muchas velas juntas desde el 13 de marzo de 2013. Las principales están guardadas en el cajón de sus recuerdos.

Cada nuevo año de mi hija es un volver a empezar para mí y, a su vez, una celebración continuada. Eva es una nena única. La hija más increíble que me pudo haber tocado.

Por eso y por muchas cosas más brindo hoy.

* Brindo porque se presenta como “Soy Eva”, “Soy artista” y “Me gusta correr” y lo sostiene a ultranza en el discurso y en la realidad.

* Brindo por lo que ella es más allá de lo que yo le pueda enseñar y transmitir. Por su firmeza frente a lo que le gusta o no le gusta. Por lo que genera en los que la conocen personalmente o la siguen por fotos.

* Brindo porque se adaptó y se sigue adaptando a lo poco y a lo mucho, a guarderías, niñeras, al colegio, al frío y al calor. Porque se mimetiza sin problemas en un colectivo atestado o en un avión de lujo.

* Brindo por su primer año, por su segundo año, por su tercer año. Porque siempre corrió aire fresco a nuestro alrededor. Porque lo suyo es la sonrisa, el movimiento y el histrionismo. Porque llora poco cuando se cae y deja las lágrimas para los caprichos y los berrinches.

Eva cumple 2

* Brindo porque me ayudó a romper muchas de mis viejas y oscuras estructuras. Entre ellas, la de creer que uno puede digitar todo en su vida.

* Brindo porque no le tiene miedo a las tormentas, porque le gusta caminar bajo la lluvia con o sin paraguas.

* Brindo porque ama a los animales. Porque quiere moverse por la vida con la libertad de un pájaro.

* Brindo porque todas las noches busca a la luna en el cielo desde la tierra.

* Brindo porque, aunque ahora me cueste mantenerme en pie, le gusta trasnochar y después dormir profundo como a mí.

* Brindo porque ya tiene sus amigos y porque muchos de ellos son los hijos de los amigos que me acompañaron sin renuncios durante mi embarazo y que ya estaban desde mucho antes.

* Brindo porque pude sin un compañero cerca. Porque en el andar con mi hija me reconocí mucho más fuerte de lo que creía ser y también mucho más vulnerable.

* Brindo por cada “Te amo mucho Mamá” porque ya empezó a entender que el amor es el motor de todo. Porque gracias a ella confirmé que es cierto que hay amores incondicionales y para toda la vida.

* Brindo porque inventa canciones y baila mientras se mira en su sombra, en los vidrios o en los espejos.

* Brindo por sus “Mamá, ¿me hacés caricitas?” y por los “Mejor no, porque mamá se enoja”.

* Brindo por sus “¿Estás bien Mamá?” cuando escucha que se me cayó algún plato en la cocina o estoy con tos.

* Brindo porque ya vimos nuestra primera película juntas tiradas en el suelo y porque eligió “Up”, una mezcla de vuelos, amor, sueños y destino.

* Brindo porque gracias a ella volví a escribir.

* Brindo porque para muchos ya no soy Valeria sino la Mamá de Eva.

* Brindo porque cada 13 vuelvo a ser chiquita un poco.

* Brindo porque, cuando vuelvo al pasado cercano, confirmo que escuché mi deseo a tiempo. Brindo porque se hizo realidad.

* Brindo porque mi hija ya aprendió a brindar y todas las noches pedimos deseos juntas con los ojos cerrados. Los míos siguen siendo todos para ella.

Eva cumple 2!

Situación 3: Eva empezó sala de 3

Viernes pasado, mañana de sol..

– Eva!
– Sí, mamá…
– Te quería contar algo lindo. Mamá se tomó una semana de vacaciones para acompañarte en la vuelta al jardín. ¿Viste que arrancás la sala de 3?!!! ¿Estás contenta?

Esperé una sonrisa. Una palabra. Un gritito de emoción. Algo.

– No, mamá. Va Lili (la mujer que empezó a cuidarla desde el 1 febrero!!!). Vos vas a trabajar.

Fin de la cita. O principio de la catarsis.

El operativo “retorno al colegio” empezó exitoso. Mi hija ya entendió cómo se mueven las piezas en nuestro tablero. Se acostumbró a que la acompañe al jardín la persona que la cuida mientras yo no estoy. Lili sonrió ancha cuando le conté el diálogo con Evangelina.

Cada inicio de ciclo es un volver empezar para ella y también para mí. Ella lo toma con alegría y libertad. A mí se me remueven un montón de cosas aunque también me libera de viejas y nuevas preocupaciones. Pasa desde que nació: Eva da cada paso con felicidad y sin un problema. Es como que entendiera todo.

Ayer fue el gran día. Caminamos hasta el jardín. La zona del Congreso estaba vallada por la apertura de sesiones y no había otra chance que llegar a pié. Con Eva a upa en varios tramos, fui procesando la emoción de los nuevos principios.

A una cuadra de la entrada, la bajé y fuimos coreando “Olé, olé, olé, olé, Eva! Eva! hasta llegar (Sí, se dieron vuelta varios, pero no importa). Subimos varias escaleras hasta llegar a la sala “Canguros”. Ya había varios de sus amigos sentados en las mesitas o a upa de sus papás y mamás, los mismos de las reuniones y de los grupos de chat.

imageElla, como siempre, observó el panorama y después avanzo. La perdí entre juegos y diálogos con sus amigos Clarita y Franco y las seños. Pude verla en su mundo sin ningún peso sobre mi espalda. La vi armar torres altas, intercambiar preguntas y respuestas con Eva (una de las maestras se llama como ella) y calmar a su amiga Clarita cuando lagrimeaba.

Lili se quedó de guardia por las dudas aunque creo que no hacía falta. Me fui a la esquina con otra mamá a tomar un café. Como el año pasado, me preguntó por el papá de Eva. Como un disco repetido, le conté que sigue en Africa, que llama seguido, que nada cambió aunque acá todo esté cambiando todo el tiempo. Hay ausencias que se sienten pero que ya no duelen. Estoy mucho más liviana.

Eva salió radiante y enérgica. Se sacó fotos con sus amigos, conmigo, saludó a todos, volvimos a casa.

Es maravilloso acompañar a tu hijo en sus nuevos principios y ver cómo crece y empieza a caminar solo sin vos como un bastón.

Hoy entró feliz como ayer y me hizo un berrinche a la vuelta así que creo que estoy sobrando. Siguiendo su sútil consejo, la semana que viene vuelvo a trabajar.